Querida Teresita

El cuento de esta semana es una carta que pensé que para nada funcionaría y resultaría cursi, pero la amaron 🙊 ¡No se olviden de comentar! 😌⭐️✨


Querida Teresita

Por Linette Cozaya Otto

¡Hola abuelita! He perdido la cuenta de las cartas que te he escrito. No es queja, sabes que lo hago con todo gusto y todo el amor del mundo. Estoy por terminar el tercer semestre de la maestría. Estoy encantada y súper cansada. Muero porque termine y a la vez, sé que cuando lo haga, la extrañaré muchísimo. Es tarde ahora, escribía un ensayo sobre existencialismo que no creo que esté nada bien hecho, lo quemaré cuando lo califiquen y me aseguraré que nadie en la vida lo lea. No te creas. Puedes leerlo si quieres, o te lo leo yo, pero toma en cuenta que lo hice a las súper prisas y que tanta reunión familiar nomás no ayuda a ser productivo en fin de semana. Hay mucho que contar, tanto que no sé por dónde empezar. Intentaré hacerte un update por tema para que no se me vaya nada, ¿vale?

Empezaré con el pibe: ¡ya tiene un diente flojo! ¿Lo puedes creer? Está padrísimo ya la vez no tanto, porque el dude sabe que me dan ñáñaras y se la pasa mostrándome cómo se mueve. Lo único bonito de eso es que se muere de risa, y es de las cosas que más me gusta escuchar en la vida, como a ti silbando cuando coses adornos navideños con lentejuela y chaquira… ¿o es shakira? No, ¿verdad? Aquella es la cantante cuyas caderas no mienten (hahaha). Ya, perdón. Bueno, ahora no nada más lo llevo a clases de Tae Kwon Do, oh no, ahora llenamos la semana y no tengo ni un respiro: salgo corriendo de la escuela o el trabajo para comer, ir con Poo por Santi, hacer tarea y lanzarnos a la actividad del día. Lunes y miércoles toca fútbol, martes y jueves Tae, viernes descansamos poramordedios y sábados lo llevo al ballet. Sí, ballet. El muy desatinado dijo el otro día que también quería ballet y como teníamos clases de Tae que reponer, nos dijo la chica de la escuela que podíamos reponerlas con ballet, y henos ahí.

Está feliz, siempre sonriente y siempre lindísimo. Es súper tolerante con las mil cosas que tengo que hacer yo, así que disfruta que lo acompañe a ver una película mientras trabajo, por lo menos. Los viernes son favoritos porque son los días que sí me pongo a jugar con él, cocinamos juntos, vamos al parque, bajamos a nadar o nomás nos acostamos en mi cama a mimar a Pookie. Creo que es un niño feliz. Espero que lo sea. Seguro vas a querer saber qué tal come, así que aquí va: horrible. ¡Come muchísimo, me va a dejar en la ruina! Y además, hace combinaciones rarísimas: pollo desmenuzado con leche de chocolate, Marías, y Coca-Cola rebajada con agua. Blegh. Pero come, que es lo importante. Cuando está de humor, prueba cosas, cuando no, no hay fuerza en el mundo que lo haga comer algo nuevo. Ahora es fan del Peperami y de revolver cereales, que es algo que aparentemente heredó de mí y yo cero me acordaba. Papá y mamá me han contado que también ellos lo hacían, así que es una tradición milenaria, por lo que escuché. ¿También lo hacías tú? Me encantaría saber qué combinaciones raras hacías si no era con el cereal.

Sigamos con Sisi, anda de lo más tranquila. Bueno, de pronto sabes que se vuelve medio loca y nos odia a todos, pero es nomás a ratos y creo que de hecho, pasa con menos frecuencia. Es la única que ha estado ejercitando como se debe, ya ves que adora ir a box, y pues está muy ruda la niña, han incrementado sus reflejos y la tonificación de sus músculos. Me los presume a cada rato. Además me da mil risa que usa vendas diferentes, es decir, no tiene el par, literal perdió el par como si fueran calcetines. En fin, todo bien en su trabajo, ya ves que es súper ñoña y se pone la camiseta del sitio donde labore. Entonces lo termina amando y sabiendo todo del lugar, que obvio no es perfecto y a veces vuelve muy tarde y cansada a casa, pero sí se nota que predomina su amor por lo que hace por las cosas negativas, o no tan padres. Ahora le ha dado por mirar documentales y leer artículos sobre calentamiento global, y aun así no ha visto Earthlings, que sé que la hará llorar. La verdad no sé qué espera de tener toda esa información y de las mil imágenes feas que luego utilizan esos medios. Es decir, ¿para qué torturarse viendo que la causa principal del calentamiento global es el consumo de carne y segmentos de cómo maltratan a los pobrecillos como si estuvieran a nuestra disposición si de todos modos ella ya es vegana y no es como que va a cambiar la opinión o postura de nadie? Cuando habla del tema, que obvio ella nunca saca pero siempre tiene que salir, termina apasionándose, tirando datos, hechos, que de todos modos el que la está provocando no escucha. ¡Es frustrante! Si no quieren escuchar cómo están jodiendo el mundo, no pregunten y ya. Ignorance is bliss. ¿Qué no? Perdón, sabes que también yo me apasiono, pero procuro no discutir, porque al final, sé que estoy haciendo todo lo posible por hacer el menor daño y, aunque eso no sea suficiente, lo estoy intentando.

Pasemos a mamá, mejor. Está re linda con el corte nuevo que se ha hecho, además que se puso unos mechones más claros que le dan una luz padrísima en el rostro. Termina viéndose mucho menos pálida de lo normal. El corte le acomoda un montón también para la no cepillada y la no peinada, no sé por qué le da tanta pereza eso, pero creo que así tiene una relación más sana con su cabellera. Sisi y yo estamos felices y orgullosas de ella porque ya dejó el pollo y la carne, ¡es una linda! Además, trata de arreglarse más día con día. Sisi y yo también, entonces vamos juntas a que nos depilen las cejas y el bigote, y a ella le ponen Gelish en las uñas, que es un barniz súper hardcore que dura como tres semanas o más. Está cañón. Me parece que es feliz, a pesar de lo cansado de su trabajo y de las ocasionales peleas con Sisi o conmigo, o con Santi… Lo adora con todo su ser y se la pasa consintiéndolo. No sé si estarías peor tú que ella en ese tema. Es la más orgullosa, como seguro estás tú también, de que lea en español, inglés y francés, de que canta, baila y juega, y de que es lo más gritón en este mundo. Ahora anda muy emocionada porque será la cena navideña de la oficina y compró muchos regalos súper padres para todos. Otra ñoña. Ha adoptado a tu hija menor, Teremoon, que siempre siempre está en la luna. Aunque creo que mamá la ha hecho aterrizar un poquito. La ayuda muchísimo. Está por hacer su examen de la preparatoria, luego irá a estudiar una licenciatura. Parece niña chiquita.

Ya para terminar, te cuento que llegué a los 27, que celebré como loquita, que me la vivo exhausta y presionada con mis mil cosas que hacer, pero estoy contenta. Amo lo que hago, amo lo que estudio, amo mi familia, no me falta nada. Por cierto, Pookie es un perfecto gordo: le compré una pechera tamaño grande y ¡no le quedó! Estábamos muertos de risa por ello, pero sacando las croquetas de dieta también. Y bueno, ya, hasta aquí te dejo, Abue, que me marcho a dormir. Espero todo esté fantástico contigo y que no nos extrañes demasiado, nosotros a ti sí. Te amamos mucho, mucho, mucho. Te mandamos besos todos, hasta Pookie. Besos, Linette.

xx linette

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Sobre privilegio, belleza y odio mal enfocado…

Un ensayo que escribí para mi amada clase de Figura Femenina en el siglo XX. No se olviden de comentar 🙈💙✨


Sobre privilegio, belleza y odio mal enfocado…

Por Linette Cozaya Otto
Abril 09, 2018.

Dimos lectura a dos obras literarias contextualizadas en lo que podría ser una de las posiciones menos privilegiadas antes y, tristemente, también actualmente: ser una mujer con piel de color oscuro. Qué Blanca Más Bonita Soy es literatura infantil, escrita por el holandés Dolf Verroen; Ojos Azules es una novela, de la ganadora del Premio Nobel: Toni Morrison. Aunque ambas obras tratan sobre personajes negros y cómo viven, lo hacen desde diferentes puntos de vista, mientras Verroen escoge ser la voz de la pequeña y blanca Maria, una niña privilegiada que recibe un esclavo negro para su doceavo cumpleaños, Morrison trata el tema visto desde los ojos no azules de Pecola, aunque cambie de personaje, es siempre desde la perspectiva de personajes afroamericanos.

En clase ahondamos en el tema del privilegio, concluyendo que privilegio es todo aquello que te coloca en una situación de poder sin que tú hayas hecho algo al respecto. Qué Blanca Más Bonita Soy demuestra la ceguera que tenemos, que vivimos, cuando estamos en posiciones privilegiadas: Maria no puede ver más allá del problema, no lo mide porque ni siquiera representa un problema para ella, es su realidad, su día a día, así tratan sus tías y su madre a los negros, es lo común en la sociedad en la que vive: ver y tratar a la gente de color como “el otro”, haciéndolos menos, humillándolos, normalizando el maltrato que sufrían día con día. Maria acepta fácilmente la posición de privilegio en la que ha nacido, sin detenerse a pensar si su forma de vida es correcta o no, respetuosa o justa, es más fácil seguir la corriente que ponerse a cuestionarla.

No podemos medir jamás lo que otros viven, por más empáticos que seamos o pretendamos ser, las situaciones jamás van a ser iguales, menos si queremos entender a alguien que no ha nacido con los privilegios que nosotros, podemos imaginarlo, pero hasta ahí, el sesgo que traemos no nos dejará jamás sentir la desesperanza, la soledad, la tristeza, el sentimiento de inferioridad… Lo más triste es que todo esto lo vivieron, fue real, y que sigue pasando en muchos sitios, que se trata con inferioridad al que no es igual, y no debería ser. “Todas las personas en esta historia han sido inventadas y, sin embargo, todo sucedió verdaderamente”, escribió el autor en el epílogo del libro, concluyendo que podrían cambiar los nombres de los personajes, y aun así, el cuento sigue retratando una realidad que vivieron muchísimos.

Morrison también trata el tema del privilegio, nos habla sobre los problemas que enfrentan los personajes, en una sociedad donde predominan los blancos, con sus reglas, que entonces los dejan relegados, los dejan marginados, en segundo plano. Todo el tiempo habla sobre el odio que se tienen ellos a ellos mismos, antes de darse cuenta que a quienes odian en realidad, es a los blancos, por estar en posiciones privilegiadas y hacer caso omiso de las vidas que llevan los que están debajo de ellos. Claudia y Frieda odian a sus compañeras blancas, a los personajes blancos famosos, los envidian, los admiran, pero quien más odio tenía, a mi parecer, era Cholly. Cholly con la experiencia que tuvo cuando murió su tía, y en el momento pensó sólo en el odio que tenía hacia la pobre niña con la que vivió esto, hasta que se dio cuenta que no había sido culpa de ella, ni de él, que la humillación que había sufrido, había sido de parte de los dos hombres blancos con lámparas.

En el cuento de Verroen también habla sobre interseccionalidad, que es cuando se unen varias características que te hacen no estar privilegiado, en este caso, las mujeres del cuento: Ula y La Cicatriz son perfecto ejemplo de este término, siendo de piel oscura y además, mujeres, viven sufriendo el abuso no nada más físico y psicológico de sus “dueños”, oh no, además sufren abuso sexual del que no pueden quejarse, y los niños que lleguen a parir, tendrán el mismo horrible destino, si es que los dejan vivir, porque, faltaba más, es decisión del patrón eso, no de la mujer que lo ha tenido.

Ambas obras literarias tratan, además, el tema de la belleza, en Qué Blanca Más Bonita Soy, Maria está obsesionada con lo blanca y bonita que es y con el tamaño de sus pechos: quiere senos prominentes como los de su madre. No puedo creer este tipo de pensamiento en una niña de doce años, es decir, lo puedo creer, pero me parece terrible, que una nena de esa edad esté preocupada por esas banalidades. Además, habla sobre lo “guapa” que está la amante negra del papá, a quien luego la madre deja una cicatriz en la cara, para luego burlarse de que no es guapa ya, muy probablemente arruinándole la mejor situación de esclavitud que había vivido, haciendo que luego fuera vendida de nuevo en el mercado.

Pero, ¿qué es belleza? ¿Quién decide si una es bella o no? Pecola definitivamente no se sentía bella, al contrario, se sentía y se juraba fea. Claudia y Frieda no se quedaban atrás, como mencioné anteriormente, envidiando a las niñas rubias del colegio al que asistían, preguntándose qué es lo que les hacía falta para ser tan lindas como ellas. Dijo Morrison en la voz de Claudia: “Si ella era bonita, y por encima de toda sospecha lo era, entonces nosotras no lo éramos. ¿Y qué significaba eso? Que nosotras éramos inferiores. Más simpáticas, más listas, pero a pesar de todo inferiores. Podíamos destruir las muñecas, pero no podíamos destruir las voces melosas de padres, madres, tíos y tías, la sumisión perceptible en los ojos de nuestros semejantes, el fulgor marrullero en los ojos de nuestros profesores cuando encontraban a las Maureen Peal del mundo. ¿Cuál era el secreto? ¿Qué nos faltaba? ¿Por qué era importante? ¿Y qué?” Lo que la sociedad cree que es bello está en constante cambio y aun así hay niñas y niños que no se sienten bonitos jamás en la vida, ¿cómo revertir eso? ¿El daño colectivo que hemos causado inconscientemente en tantos pequeños? ¿Cómo hacerles ver que la belleza no es algo que se pueda medir o calificar? Lo más triste, en el caso de Pecola, es que todo el mundo la consideraba fea en serio, y jamás entendí cómo podía ser así, ya que, en mi cabeza, todos tenemos gustos y opiniones distintas, entonces, ¿por qué no había ningún personaje que la considerara bonita? ¿O normal, por lo menos?

Me encantó leer el prefacio de Ojos Azules porque la autora habla sobre una amiga de la infancia que se odiaba a sí misma, no se aceptaba cómo era y envidiaba a las chicas blancas y rubias, así como los personajes en la novela, la chica ésta quería tener ojos azules, la autora se preguntaba por qué querría algo así, tan fuera de lugar, tan “rompedor”, si así como estaba, era perfecta. Fue así como llegó a Pecola, esa pequeña que soñaba con tener los ojos más azules, y rezaba por ellos, rezaba por escapar de su realidad, una realidad de la que desaparecía, según ella, en la que su padre alcohólico golpeaba a su madre mayormente ausente, donde su hermano Sammy prefería huir, y donde ella perdió toda inocencia a manos de su padre.

A Pecola le toca vivir cosas feas, desde el episodio con el gatito del niño nefasto que la invita a su casa, hasta el asesinato del perrito viejo cuya existencia molestaba a Soaphead, o sea, la niña no tenía descanso en la vida, si no era acosada en la escuela, o violada en casa, le pasaban este tipo de cosas. No me gustó su historia, me dieron ganas de abrazarla y decirle que estaría todo bien, así que no entiendo por qué nadie lo hizo en toda la novela. Me enterneció que por lo menos Soaphead se esmerara en hacerla feliz, llevándome a las lágrimas con el siguiente párrafo: “Soaphead frunció los labios y se tocó con la lengua un diente de oro. Pensó que estaba ante la petición más fantástica y al propio tiempo más lógica que jamás había recibido. Allí tenía a una niña fea pidiendo belleza. Una oleada de amor y comprensión amenazó con arrebatarle, pero fue rápidamente reemplazada por la ira. Ira por ser impotente para ayudarla. De todos los deseos que la gente le había transmitido —dinero, amor, venganza—, aquél le parecía el más conmovedor y el que más merecía ser satisfecho. Una niña que quería salir del pozo de su negrura y ver el mundo con ojos azules.” Y lo logró, logró que Pecola se viera con ojos azules, por lo menos su realidad no era tan triste ahora.

Otra de las escenas que me impactó en Ojos Azules, fue la de la madre de Pecola corriendo a las niñas de la cocina en la casa que trabajaba, porque el amor que tenía la mujer por esa casa, por esa familia, es algo que aparentemente jamás dio por la suya, y que lo dejara tan claro, tan descaradamente claro frente a Pecola y sus amigas, me rompió el corazón. Pecola ni siquiera la llamaba mamá, no, era Mrs. Breedlove, y en esta casa hasta apodo tenía, cuidando y amando a una niña blanca que no era suya, tratándola como jamás trató a Pecola o Sammy. Otro ejemplo de violencia psicológica, de parte de la madre a Pecola, y de odio de parte de la madre hacia su raza, hacia lo que era ella, lo que era su familia, ¿cómo se llega a guardar tanto odio? Me pareció muy triste, la inexistente relación madre-hija, el desinterés de la primera por la segunda, que le metiera una paliza al enterarse de lo que Cholly había hecho, la falta de amor entre todos ellos. Era de esperarse que Pecola terminara como lo hizo.

No entiendo muchas cosas en el mundo, las que más me molestan, son las que nos afectan a todos, como los temas aquí tratados. No entiendo por qué hubo segregación, por qué el color de piel te hace mejor o peor, por qué tienes más o menos voz dependiendo de tu género, y sobre todo, por qué todos estos problemas siguen vigentes. Tan fácil que sería respetarnos a todos, no tenemos que amarnos, pero nada nos cuesta ejercer nuestra libertad hasta donde empieza la del otro, y me cuesta trabajo, pero tengo la esperanza de que algún día así sea.

Bibliografía:

  • The Bluest Eye. Toni Morrison. 1970. United States of America. Vintage International.
  • Qué Blanca Más Bonita Soy. Dolf Verroen. 2007. España. Lóguez Ediciones.

xx linette

La Bestia

Cuento con muchos fragmentos de mi niñez 😌🍃 No se olviden de comentar 💙✨


La Bestia

Por Linette Cozaya Otto

Jugaba con mi hermana todo el tiempo. Éramos las mejores amigas. Tenía dos años menos que yo. Era bonita, de largo cabello lacio y negro, llena de lunares por aquí y por allá. De brazos frágiles, pero piernas fuertes. Era una niña feliz. Corría a lo largo de la cancha, el sitio donde solíamos jugar cuando nuestra abuelita nos cuidaba por las tardes, y por los pasillos enmarcados de árboles, que hacían del sitio un húmedo, frío y misterioso bosque. Nos trepábamos en las paredes inclinadas de piedra que separaban cada bloque de edificios y ella lloraba cuando le daba miedo bajar. A veces la molestaba, pero siempre la cuidaba.

Muchas batallas se libraron en esos sitios. Muchas aventuras, que luchamos también dentro del apartamento de abuelita. Mis primos también venían a jugar entre semana: otro par de hermanos, otros dos años de diferencia entre uno y otro. Carla y Bruno, ella, la mayor. Podría decirse que estábamos siempre juntos. Comíamos, hacíamos la tarea y jugábamos horas y horas. A veces dentro de casa, a veces fuera. Luego veíamos caricaturas mientras esperábamos que nuestros padres nos recogieran para ir a casa. Comprábamos a la señora que gritaba “¡el paaaaaaan duuuuuuuuuul-ceeeeeeee a peso!” y cenábamos con chocolate del que compraba abuelita y no era Chocomilk.

A veces nos dejaban solos, era divertido y terrorífico a la vez. Abuelita no podría llevarnos a todos a la tienda, era un desorden, así que nos encerraba y confiaba en que no destruiríamos la casa. Era cuando comenzaban los gritos: sin falta, en cuanto abuelita cerraba la puerta, se escuchaba a una persona gritar nuestros nombres. Tenía la voz de mi tía, la mamá de Carla y Bruno, y gritaba como si estuviera enfadada, primero uno, luego otro, y así hasta gritar los cuatro y volver a empezar. Nos daba tanto miedo que nos encerrábamos en la habitación de abuelita y nos subíamos a la cama. Si a alguno le daban ganas de hacer pipí, íbamos todos al baño, nos metíamos en la regadera los tres que no usaríamos la taza y así podía proceder el del problema.

Los gritos no eran lo único que nos espantaba. Del piso de arriba escuchábamos canicas caer, pasos de niños corriendo, que no sabíamos si eran niños, pero eso nos imaginábamos. Todo el día, todos los días. El departamento de donde provenían los sonidos, estaba deshabitado, así que un día decidimos visitarlo. Carla y yo éramos las más grandes, y, por lo tanto, las más valientes, así que entramos primero. Era un sitio húmedo y frío, descuidado, se notaba en las paredes la marca de muebles que habían permanecido por mucho tiempo en su lugar. Dibujaban una mesa, un sillón, un librero. Se escuchaba agua corriendo y música de esas de cajita musical, que puede servir para arrullarte o asustarte. Avanzamos hacia las habitaciones, en la primera encontramos una bolsa cerrada de canicas. En la segunda una caja musical abierta con una bailarina rota que ya no bailaba. El baño tenía la llave del lavabo abierta, así que la cerramos. Todo estaba sucio, desolado, triste. Cerramos el grifo, la cajita de música y pusimos las canicas de la primera habitación en una esquina.

Carla y yo salimos a avisar que no había nada, que podían entrar y ver por ellos mismos. Anna y Bruno no quisieron entrar solos, así que los acompañamos. Escalofríos me recorrieron al entrar, se escuchaba la cajita musical y el agua corriendo. Miré a Carla, estaba blanca y rígida, no dijo nada, pero entendí que estábamos pensando y sintiendo lo mismo. Avanzamos con nuestros hermanos, descubrimos en la primera habitación que las canicas se encontraban justo en medio de la pieza. En la segunda, la caja de música. En el baño el grifo abierto. Carla y yo gritamos y salimos corriendo, nuestros hermanos nos siguieron sin entender, pero probablemente más espantados que nosotras. Cuando recuperamos el aliento, explicamos lo sucedido y decidimos no volver ahí jamás.

Los fines de semana eran feos cuando no veíamos a nuestros primos, así que a veces los invitábamos a dormir. Jugábamos todo el día en la habitación que compartía con Anna y aun así no se acababa nuestra batería. Mamá se enfadaba y se paraba en el marco de la puerta con los brazos cruzados y nos vigilaba hasta que nos quedábamos dormidos aguantando la risa. Cuando nuestros primos no venían a pasar la noche, a Anna y a mí nos costaba trabajo conciliar el sueño. Teníamos un vecino que, estábamos seguras, no era humano, sino, una bestia come niños. Por las noches podíamos escuchar sus aullidos y rugidos, nos escondíamos bajo las cobijas y deseábamos que no nos llevara.

En el invierno las noches se hacían más largas, eternas. La bestia no paraba de aullar y moríamos de miedo al escuchar cómo rasgaba las paredes del edificio intentando subir a nuestra ventana. Anna se acurrucaba en mi cama y pedía que le contara historias para poder dormir. Una mañana, Anna no despertaba, por más que le insistía yo que jugaríamos a lo que ella quisiera, no importaba que fueran las Barbies yendo de día de campo otra vez. Papá entró a la habitación y pidió que llamara a mamá. Un rato después, papá se la llevó, dijo que irían al hospital. Mamá lloraba en el sillón, la tomé de la mano y lloré con ella. Había sido la bestia, estaba segura. Le expliqué a mamá mi teoría y me abrazó.

Mi mejor amiga no volvió y yo jamás perdoné a la bestia. Nada fue igual después. Ningún juego con Carla y Bruno era divertido ya. La cancha era muy corta, los pasillos con árboles muy normales. Ningún grito de tía enojada me asustaba, ni las canicas del piso de arriba. Me sentaba a la mesa a ver cómo cosía abuelita, o cómo hacía sus cuadros de repujado.

Me prometí buscarla y traerla de vuelta, pero no he sabido por dónde empezar. Busqué en pasillos oscuros y en los baños de la escuela, porque todos decían que ahí habitaba una niña fantasma, quizá ella sabía algo de la bestia. Algunas veces intenté volver al apartamento embrujado, pero siempre estaba cerrado. ¿Dónde más podía buscar? Mamá decía que la podíamos visitar en la iglesia, pero no creí que estuviera ahí, no la sentía y a ella tampoco le gustaba ese lugar.

Abuelita me llevaba a pasear cuando no venían Carla y Bruno. Caminábamos entre pasto recién cortado y árboles que hacen mucha sombra. Es el tipo de lugar que le gustaba a Anna. Le cantaba, esperando me escuchara, para que volviera, y abuelita silbaba para acompañarme. En la escuela no vi a la niña del baño, pero siempre preguntaba en voz alta si había visto a Anna, por si me estaba escuchando. Pasaron los días y me aplastaba el peso de su ausencia. ¿Por qué no quiso llevarme a mí la bestia? Mis muñecas estaban tristes, nadie las había cepillado, el juego de té y la comida, se empezaban a llenar de polvo. Me dolía el pecho y no tenía ganas de comer, no tenía ganas de jugar, de correr.

Una noche escuché de nuevo el rugido de la bestia: había despertado. Mi corazón latió más fuerte que nunca, guardé silencio, cerré los ojos y esperé. Cuando los abrí de nuevo, Anna estaba ahí, sonriéndome, me había estado esperando. Nos abrazamos y corrimos en el gran sitio en el que nos encontrábamos, era justo como a Anna le gustaba: verde, con muchos árboles, el cielo claro y las nubes gordas. Le conté todo lo que había pasado en su ausencia, le dije lo mucho que la había extrañado. Papá y mamá no estaban ahí, pero sí nuestros juguetes, nuestra habitación y la cocina, repleta de comida. Peluches y muñecas perfectamente peinados nos saludaron con sus sonrisas permanentes y los sentamos a todos a beber el té que Anna ya había preparado. No volví a llorar jamás.

xx linette

Perdida.

Un cuento más. No lo odien, sí comenten. Gracias por leer 💙


Perdida

Por Linette Cozaya Otto

No sé cómo empezar esto. Pensé que los muertos no hablaban. Yo sí hablo. Y bueno, ¡quién iba a pensar en un muerto escribiendo! Pero heme aquí, lista para contar lo que pasó, aunque nadie en el mundo lo lea. Tengo, bueno, tenía doce años cuando empezó todo. Era una niña feliz: tenía muchas amigas en el cole, con las que salía al cine, a la plaza y a pijamadas. Era parte del equipo de volibol y del grupo de coro. Me gustaba la escuela: tenía mucho sol y plantas, risas y juegos. El uniforme era lindo: una falda verde que repetíamos tres veces a la semana, con medias azules, zapatos negros, una playera blanca súper casual y suéter azul oscuro. Los dos días restantes usábamos pants azul marino con la misma playera.

Solía ser bonita, o así me consideraba yo. Tenía pálida piel con lunares, facciones finas, cabello oscuro y abundante, ojos grandes, dientes también, que a veces amaba y a veces odiaba: podía ser una conejita bonita e interesante o una ñoña y fea. Me gustaba peinarme de mil formas distintas, a veces me hacía coletas, luego lo llevaba suelto; el peinado preferido era trenzado. Sí, solía ser bonita. Ahora soy una piltrafa. Mi piel se cae a pedazos, mi cabello está seco. Me desmorono y lo odio. Estoy sola en un sitio tan frío como me figuro que es la Antártida. Escucho y siento roedores y gusanos y no puedo hacer nada para sacármelos. Seguro se preguntan cómo he llegado aquí. Se lo preguntarán aun cuando termine de contar la historia.

Todo comenzó con mi tío. Sí, leyeron bien. Mi tío. Era un hombre alto, guapo, gracioso y divertido. No había persona que no lo adorara. Cuando llegaba a visitarnos, me lanzaba a sus brazos para que me diera vueltas hasta casi vomitar. Vivía fuera de la ciudad, sus visitas eran de varios días, en los que nos desvelábamos todos jugando dominó y póker. Lo consideraba mi mejor amigo, le contaba mis sueños y pesadillas, mis juegos favoritos y lo que quería ser de grande. Él era lindo conmigo, me escuchaba con atención. Siempre fue tan cariñoso que no supe en qué momento dejó de ser el cariño de un tío. ¿Y cuál es el cariño de un tío? No lo sé, no sé ni entiendo nada ya.

Lo corrieron de su trabajo, cuando yo tenía, como les platicaba, doce. Vino a la ciudad y mamá le dijo que se hospedara en casa el tiempo que necesitara. Estábamos todos muy felices, imagínense, tener a un mejor amigo como roomie, nada más mágico que eso. ¿Verdad? Pues no. La primera vez que sentí que algo no andaba bien fue extraña y fugaz. Me alistaba para ir al colegio, era día de falda. Cogí una rebanada de pan y me paré al lado de mi tío, que estaba sentado a la mesa bebiendo café y mirando cosas en el móvil. O eso pensé yo. Me miraba a mí. E hizo más que mirar: puso la mano en mi pierna y la subió hasta rozar mi ropa interior. No dejó de sonreír mientras me deseaba un buen día en la escuela. Estaba congelada, confundida. ¿Por qué sonreía de esa forma si sabía que eso no estaba bien? ¿Papá no veía lo que estaba pasando? Y si lo veía, ¿no me iría peor a mí? Mamá gritó desde la puerta que era hora de irnos y salí volando como corredor que escucha el disparo. No miré atrás e intenté no pensar más en lo que había sucedido. Ese día no comí. No estaba segura de lo que había pasado, si había sido bueno o malo. Si yo había sido buena o mala. No llegué a ninguna conclusión.

Llegar a casa iba a ser difícil: quería que mamá o papá estuvieran presentes. Sabía que las probabilidades de que eso pasara eran pocas. Me quedé charlando un rato más con mis amigas después del entrenamiento, quizá si tardaba, llegarían antes que yo a casa. Y no. Sonó mi teléfono. Que si ya había salido de clase, mi tío podía darme un aventón. Había ido a una entrevista cerca del cole y el acomodo de tiempos no podía haber sido más perfecto. Según él. Descubrí que estaba nerviosa, así que intenté calmarme pensando que había sido un malentendido. Él estaba como si nada, y así nos fuimos todo el rato: como antes, como si lo de en la mañana jamás hubiese pasado. En casa también estuvo normal, pasado un rato, me tranquilicé y fue como cualquier otro día: vimos pelis, comimos galletas y luego me fui a dormir.

Todo anduvo normal después de ese día. Me convencí de que había sido un error y que no volvería a pasar. No lo hablé con nadie, ni siquiera con él. Lo “normal” se fue al caño una semana después, cuando tocó mi espalda mientras leía en la sala. Se erizó mi piel y levanté la mirada bruscamente, para encontrarme con que se había puesto en cuclillas frente a mí, de manera que sus ojos quedaban al nivel de los míos. Preguntó si había besado a algún chico ya, me sonrojé y negué. ¿Cómo se atrevía a preguntarme esas cosas? Dijo que ya era edad para que habláramos de chicos y de las cosas que hacen. Quería levantarme y esconderme en mi habitación. Se rio echando la cabeza hacia atrás, se levantó y me dejó ahí. Como siempre, sin entender nada.

Pregunté a mis amigas, al otro día, si habían besado chicos ya. Algunas sí, otras no. Dijeron que no era la gran cosa y dejamos el tema de chicos a un lado. Esa tarde estuve muy distraída. Ahora que puedo analizarlo, me doy cuenta que fallé en notar cómo me miraba mi tío, cómo me seguía por la casa. Entró a mi habitación y se acostó a mi lado. No pude concentrarme más en el libro que tenía que terminar para el siguiente día. Tocó mi pierna, y como aquella mañana, intentó subir la mano. Lo detuve y pedí que se marchara. Sonrió y dijo que era sólo un juego, que me enseñaría cómo besar chicos para que no hiciera el ridículo. No quería y aun así me besó. Me tocó e hizo que lo tocara. Se fue después de un rato, recordándome que si decía una sola palabra, me iría terrible: papá sentiría asco de mí, mamá estaría tan decepcionada. No abrí la boca. Lloré en silencio hasta que me quedé dormida.

La siguiente tarde pasó por mí. Otra entrevista cerca. Ya no le creía. Me hizo cosas horribles. Estaba adolorida y triste. Me daba asco mi propia piel, y por más que apretara mis uñas contra ella, no podía arrancármela. Jamás había tardado tanto en un baño, no quería cerrar el grifo, no dejaba de estar sucia. Y era todo mi culpa, por ponerme falda para el cole, dijo mi tío. Yo lo había provocado con todas las sonrisas, por treparme en él y pedir que me cargara. El tiempo ya no pasaba. Dejé de entrenar. La comida ya no me importaba. Mi tío pasaba por mí justo después de clases y me hacía lo que quería. ¿Qué pensaría papá de todo esto? Seguro me desheredaba. Mi tío decía que me amaba, que era lo más importante en su vida y que entonces no podía dejarlo nunca. ¿Y qué pasaba si lo dejaba? Tenía miedo. Mamá y papá me odiarían por hacer tan infeliz al tío, y no quería que me odiaran.

Un día en clase decidí que ya no aceptaría más. Llevaba noches pensando que no quería seguir con esto. Pensé en lo mucho que me odiarían papá y mamá, pero no podía con el asco de mirarme al espejo antes de ir a dormir. Temblaban mis manos cuando mi tío pasó por mí. Le pedí en el carro que no me tocara más. Una bofetada fue la respuesta. ¿Cómo se me ocurría semejante tontería? ¿No sabía cómo me iría si mis padres se enteraban? La amenaza era clara: les diría en el segundo que yo no quisiera más estar con él. El camino a casa era sinuoso: justo después del último semáforo, pasábamos al lado de barrancas con frondosos árboles. Llegamos al último cruce, estaba en rojo. Bajé del auto y corrí.

Corrí como jamás lo había hecho. Me dolían las piernas y pensé que me explotarían del esfuerzo. No veía bien, las lágrimas nublaban el camino. Tropecé y caí. Sentí que fueron horas. Golpeándome aquí y allá, la rodilla, el antebrazo. Luego, el golpe mortal en la cabeza. Seguí rodando abajo, ya sin aire en los pulmones, sin pulso en la muñeca, ni señales en el cerebro. Y quedé escondida entre la naturaleza, disfrazada por el lodo y la sangre, la tierra y las lágrimas. No sé si mamá y papá me buscaron. No sé si alguna vez se enteraron. Los extraño y quiero volver a casa. Llegamos al principio: yo escribiendo esta historia para ustedes. ¿Aprendieron algo? Y si yo lo hice, ¿me sirve de algo? No hay nada ya que pueda hacer. Gracias por leerme. No sé tampoco cómo terminar.

xx linette

Lo. Lee. Ta.

Un ensayo que escribí para mi clase de American Writes, perdonen mi inglés 🙈💙


By Linette Cozaya Otto

American Writers’ Partial Exam

Dr. Vivian Antaki

Lolita, a love story according to many, a disturbing novel, concurring with my friends in class. It is more like an obsession tale: a forty-year-old man fixated on his twelve-year-old daughter. It is Vladimir Nabokov’s most famous work, considered the greatest novel of the 20thcentury by many authors. Published in 1955 in France, arrived to America in 1958 and quickly became a cultural icon, attaining a classic status. The novel was adapted into a film twice: first, in 1962 by Stanley Kubrick; then, in 1997 by Adrian Lyne.

Let us talk about the story: Humbert Humbert is our protagonist, the man tormented by loving the ones he cannot have: nymphets. “Between the age limits of nine and fourteen there occur maidens who, to certain bewitched travellers, twice or many times older than they, reveal their true nature which is not human, but nymphic (that is, demonic); and these chosen creatures I propose to designate as ‘nymphets’.” (Lolita, Nabokov). Dolores Haze, Lolita, is the nymphet he has wanted the most, being the daughter of his landlady, he would do anything to see her, to stay close. Including marrying this woman, who, of course he does not even care about, he actually kind of loathes her. H. H. is constantly criticizing everything the Haze woman does, to the point that one, as a reader, dislikes her too.

To Humbert’s (good) fortune, Charlotte Haze finds his diary, reads it and faces death while trying to send some letters. Just like that, he can have Lo for himself, so he takes her on a yearlong road trip, visiting motel after motel; they take the road and leave everything behind. Humbert rapes her regularly, Dolly cries for her dead mother, and herself, I guess. What is it about Lolita that feels so attractive to readers all over the world? “It is the horrific rather than the comic aspect of the novel that has captured critical attention.” (Lo, the Poor Nymphet, Donald Malcom), the human necessity to learn about morbid affairs, the astonishment of learning someone else’s thoughts, not regular or acceptable ones.

In 1962 Nabokov wrote a screenplay for Kubrick’s film, which was not used because it was way too long, so Kubrick and Harris rewrote it, omitting parts of the book, such as the sexually implicit innuendos, or the sexual relationship between Lolita and Humbert, which is implied but never depicted on screen, because of the strict censorship in the 1960s. Starring fourteen-year-old Suellyn Lyon, James Mason as Humbert Humbert and Peter Sellers (of course) as Quilty, Lolita polarized the critics: many of them seemed uninterested while others gave it glowing reviews.

It is a great film, it has great music, composed by Nelson Riddle, although the main theme was by Bob Harris. Frames are of course perfect, the Kubrick way. The movie is so good it was nominated for a number of awards: An Academy Award for Best Adapted Screenplay, an Outstanding Directional Achievement in Motion Pictures, the Venice Film Festival for Best Director; the actors were nominated too for the Golden Globe Award for Best Motion Picture Actress (Shelley Winters) and Actor (James Mason), and won a Golden Globe for Most Promising Newcomer which went to Sue Lyon.

In 1997 Adriane Lyne directed the second screen adaptation of Lolita. Written by Stephen Schiff, it stars Dominique Swain as Dolores Haze, Jeremy Irons as Humbert Humbert and Frank Langella as Clare Quity. This version is more faithful to the text of the novel than Kubrick’s one: “Right from the beginning, it was clear to all of us that this movie was not a “remake” of Kubrick’s film. Rather, we were out to make a new adaptation of a very great novel. Some of the filmmakers involved actually looked upon the Kubrick version as a kind of “what not to do.” I had somewhat fonder memories of it than that, but I had not seen it for maybe fifteen years, and I didn’t allow myself to go back to it again.” (An Interview with Stephen Schiff, Schiff).

Lyne’s Lolita had trouble finding an American distributor, hence its premiere in Europe before being released in America. The film was The New York Times “Critics Pick” on July 31, 1998, with its critic Caryn James saying, “Rich beyond what anyone could have expected, the film repays repeated viewings… it turns Humbert’s madness into art.” (Television Review: Revisiting a Dangerous Obsession, Caryn James).

I also found a comment by Charles Taylor comparing the film and the novel: “[f]or all of their vaunted (and, it turns out, false) fidelity to Nabokov, Lyne and Schiff have made a pretty, gauzy Lolita that replaces the book’s cruelty and comedy with manufactured lyricism and mopey romanticism”. (“Recent Movies: Home Movies: Nymphet Mania”, Charles Taylor). Extending Taylor’s observation, Keith Phipps concludes: “Lyne doesn’t seem to get the novel, failing to incorporate any of Nabokov’s black comedy—which is to say, Lolita’s heart and soul.” (“Lolita”, Keith Phipps). I have to differ with both of them, I do feel the film represents the novel, even better than Kubrick’s version, because we are indeed seeing what Humbert wants us to see. Lolita is pictured like that, with super tight and short clothes because H. H. sees her like that. Just like in the novel, we only learn about hisfeelings, hispoint of view and hisperception about everything.

The novel is using a technique that we have to talk about (and applaud): mise en abyme, literally meaning “placed into abyss”, is the presentation of a representation in a mirror, the copy of an image within itself, the story inside a story. It is used to make the spectator think about the way something has been made. In Lolita, we have a frame that leads us to meet the protagonist through his lawyers eyes first. This we don’t have in any of the films, it jumps right to Part One of the book, and I think it was important to know that Nabokov is mocking all of us, that he is writing a satire where Humbert Humbert is just an invention and J. R. Jr., the one who “writes” the foreword is also a joke. He is not trying to teach us anything, or give a significance to the story: “Lolita has no moral in tow. For me a work of fiction exists only insofar as it affords me what I shall bluntly call aesthetic bliss, that is a sense of being somehow, somewhere, connected with other states of being where art (curiosity, tenderness, kindness, ecstasy is the norm.” (pp. 315, Lolita, Nabokov).

Lolita is also a road novel, and both of the films are consequently, road movies: film genre in which the main characters leave home on a road trip, typically altering the perspective from their everyday lives. In both the films and the novel, the characters start at one point, with a point of view, with some specific dreams, and end up somewhere else, somewhere unexpected and different: Lolita lives with her mother, a really difficult relationship, yet a good life for both, she does not know what to expect from life apart from happiness and fulfilled whims; in the end she is nowhere near that Lolita we knew when it all started. Humbert is a man with really creepy desires (needs?), thinking he will not be able to satisfy them; he ends up having Lo for himself for more than two years.

Nabokov describes the road, the places Lo and H. H. visit with such grace and musicality, that one forgets he is reading a story of abuse. There is so much of the writer in his novel: the tennis, chess games, the background of Humbert is similar to his, a nomad, relearning all about this new place: “I was faced by the task of inventing America.” (pp. 312, Lolita, Nabokov), and he did. Pages and pages of America through his eyes were printed: “I have never seen such smooth amiable roads as those that now radiated before us, across the crazy quilt of forty-eight states. (…) There might be a line of spaced trees silhouetted against the horizon, and hot still noons above a wilderness of clover, and Claude Lorrain clouds inscribed remotely into misty azure with only their cumulus part conspicuous against the neutral swoon of the background.” (pp. 152, Lolita, Nabokov). He paints motels and their runaway journey so beautifully that one may think he was born and raised there, however, he was just trying to be an American writer.

Lolita is more like a tragedy, where the artist, the poet, is also the criminal, thus, he ends up being limitless, free to do and think whatever he wants, unafraid of being judge, he does not even care about being judge. He can see through all of this, outside of human condition. “His tone, however, is not the characteristic whine of the penitent but an artful modulation of lyricism and jocularity that quickly seduces the reader into something very like willing complicity.” (Lo, the Poor Nymphet, Donald Malcom). But we must not let the novel seduce us, we must not abandon reason, better said in Nabokov’s words:“That my novel does contain various allusions to the physiological urges of a pervert is quite true. But after all we are not children, not illiterate juvenile delinquents, not English public school boys who after a night of homosexual romps have to endure the paradox of reading the Ancients in expurgated versions.” (pp. 316, Lolita, Nabokov). We can read and be participants on Humbert’s actions, and that does not mean we are agreeing nor applying it to our lives too.

“Literature is a wonderful toy” said Nabokov, and it is. It led a marvellous novel to deliver two great films too. Even though they are both so different from each other, the heart-breaking story lingers: a girl abused over and over, psychologically, sentimentally and physically by this man, the manipulation is almost palpable, for example: “I am not a criminal sexual psychopath taking indecent liberties with a child. (..) I am your dadum, Lo. Look, I’ve a learned book here about young girls. Look darling, what it says. I quote: the normal girl – normal, mark you – the normal girl is usually extremely anxious to please her father. (…) While I stand gripping the bars of various dwelling places, all more or less the same, the correctional school, the reformatory, the juvenile detention home, or one of those admirable girls’ protectories where you knit things, and sing hymns, and have rancid pancakes on Sundays. You will go there, Lolita – my Lolita, this Lolita will leave her Catullus and go there, as the wayward girl you are.” (pp. 150-151, Lolita, Nabovkov).

And we can actually see that: terrorized Lolita, in both films and novel, trying to find herself within the four walls she knows: “At the hotel we had separate rooms, but in the middle of the night she came sobbing into mine, and we made it up very gently. You see, she had absolutely nowhere else to go.” (pp. 142, Lolita, Nabokov). It doesn’t matter how flirty the kid was, we must not forget the story in all three outputs is through the stalker’s point of view. Dolly cries every night, she is not happy, she is lost, sad, and all alone.

The novel didn’t save Lolita, nor Humbert, but it ended up freeing Nabokov: after its success, he was able to focus on his writing. To pursue his passion for butterflies, making road trips, discovering new species, he said: “Every serious writer, I dare say, is aware of this or that published book of his as of a constant comforting presence. Its pilot light is steadily burning somewhere in the basement and a mere touch applied to one’s private thermostat instantly results in a quiet little explosion of familiar warmth.” (pp. 315, Lolita, Nabokov). And though he had to explain he was not H. H. and had no interest in nymphets whatsoever, I feel he was proud of his work, with its resonance and cultural meaning it has reached.

“In her washed-out gray eyes, strangely spectacled, our poor romance was for a moment reflected, pondered upon, and dismissed like a dull party.” (Lolita, Nabokov), reads the novel, still leaving the reader with a sour taste. How many girls go through similar situations? How many boys? Abused, tortured, deprived of their freedom? We should not feel sorry for Humbert. We should be aware and share that awareness about abusive relationships, they are real, and they are happening right this very moment. How are we going to make the difference?

Bibliography:

  • “Lolita” by Vladimir Nabokov. Second Vintage International Edition, June 1997.
  • “Lo, the Poor Nymphet” by Donald Malcom on The Newyorker’s 1958 issue (https://www.newyorker.com/magazine/1958/11/08/lo-the-poor-nymphet)
  • “An Interview with Stephen Schiff” by Suellen Stringer-Hye. Penn State University Libraries, 1996.
  • “Television Review: Revisiting a Dangerous Obsession”. The New York Times.
  • “Recent Movies: Home Movies: Nymphet Mania” by Charles Taylor, Salon.
  • “Lolita” by Keith Phipps, The A.V. Club (2002-03-29)

xx linette

Back to basics

This one I wrote a long time ago, it was an English class’ homework. Don’t hate it.


Back to basics

By Linette Cozaya Otto

Oh dear little girl

I’ve really missed you

How could you go away?

Please don’t leave me anymore,

You know you need me

We are meant to be

Now stop teasing me

Come here cutie, please

Let me hold you tight

Let me make you smile

I’m gonna be your friend

Your very best girl

I know how you feel

I know why you cry

I know what you want

So, take it from me

Do not be afraid,

You are in control,

But I want you to know

I won’t ever let you go.

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xx linette

Otra taza de café

Holi, les dejo un cuento nuevo, el tema, escogido en clase, fue el día de muertos… Salió esto. ¡Espero les guste! Se vale comentar 🙂


Otra taza de café

Por Linette Cozaya Otto

La habitación se encuentra perfumada: montones de flores de cempazuchitl se acomodan alrededor de la mesa. Las velas iluminan pobremente las blancas paredes, las fotografías viejas que miran sin mirar, la comida fría que descansa esperando ser comida. En medio, la foto más grande muestra a una mujer de ojos grandes, color miel, cabello con cortos caireles castaños que enmarcan su pálido rostro. Arrugas se acentúan con la sonrisa insinuada y sincera, otras, se asoman al lado de cada ojo. Su nariz, fina, tiene la justa medida.

“Hola Teresita”, dice Victoria entrando con una taza de café. La pone frente al retrato. “¿Este año sí vas a venir? No le puedes decir que no al café. También te he traído pan dulce: conchas y donas.” Es una chica chaparrita, tiene el cabello castaño, casi negro, ojos cafés, pestañas chinas, la misma piel pálida. Se sienta en el suelo, delante de la ofrenda, saca de su bolso un libro y se pone a leer en voz alta. Lee sólo un párrafo, levanta la mirada.

“¿Te acuerdas de aquella vez que lloré porque no había entendido el libro ese de la secundaria? Algo de un Doctor Leñaverde… Te dije lo mucho que lo había detestado, te narré con santo y seña lo que no me había parecido… Y nomás para que me dijeras: Pues, ¿qué no entendiste? ¡Me lo has contado todo perfectamente!” Victoria ríe, poco a poco se serena. “Tenías razón, lo entendí perfecto y me chocaba que no había tenido ningún sentido en mi cabeza.” Cierra el libro y se acerca más a la mesa, mira la foto de frente. Se levanta y sale de la habitación.

Victoria vuelve, trae otra taza de café, la envuelve con ambas manos. Se sienta frente al retrato y levanta la bebida con ademán de brindis. “Mejor así, ¿qué no? Debo contarte mucho. Te has perdido de tantas cosas. Primero, mi hermano ha terminado la carrera, con honores, como era de esperarse. Se fue a estudiar un rato a otro sitio y nos manda postales increíbles. A veces llama para comer conmigo, aunque a mí me toca el desayuno, el punto es que charlamos mientras comemos. Estarías orgullosa. Mamá hace lo que siempre ha hecho: intensearse con el trabajo, aunque ha mejorado, ya se da tiempo para cositas suyas, se arregla las uñas, bueno, paga para que se lo hagan, y le depilan las cejas, le peinan el cabello. Está feliz, aunque a veces la escucho hablándote, buscándote. Cuando tiene malos sueños la despierto y le digo que le mandas besos.”

“Te has perdido la mejor parte de mi vida. No es reclamo. Sólo digo. Que si no te hubieras ido, estarías pasándolo bomba con nosotros, y no quiero presumir, pero también estarías orgullosa de mí.” Bebe dos tragos de café, inhala y descansa la taza en su regazo. “Ayer fuimos a un sitio súper lindo. Te extrañamos. Hablamos de lo que te hubiera gustado, y recordamos el último domingo que pasamos juntos. La última vez que nos contaste sobre aquel perico que tenía tu tío, me encantaba tu sonrisa al imitarlo con su – ¡TerequeTerequeTere! -.” Suspira. “Todos los demás están bien. Tías y tíos, primas y primos… Tenemos sobrinos nuevos. Parece ser que estamos repoblando el cacho de suelo donde solíamos sentarnos para el intercambio navideño. Creo que ninguno te ha superado.”

El fuego de las velas baila como si el viento hubiera pasado. El café en la mesa se consume, poco a poco, como si le estuvieran dando pequeños sorbos, quedan tres cuartos de café. “¿Te ha gustado? Creo que lo preparo más fuerte de lo que solía. ¿Te acuerdas la navidad que te rompiste el brazo? Viéndolo ahora, ha quedado como una buena historia, pero en el momento todos estábamos que nos moríamos. Parecías la señora Potts con el brazo permanentemente levantado.” Ríe y baja la mirada. Bebe otro sorbo de café. “El mes pasado nos dio por volver al teatro, te hubiera encantado lo que vimos. Aunque ningún musical ni obra de teatro guarda un espacio tan grande como el que amabas porque tenía boleros: Bésame Mucho, ¿te acuerdas?” Toma una bocanada de aire y canta. “Aquellos ojos verdes de mirada serena dejaron en mi alma eterna sed de amar, anhelos de caricias, de besos y ternuras, de todas las dulzuras… “ Su voz se quiebra, pone el café sobre la mesa y se cubre la cara con ambas manos.

Jala las mangas para que sobresalgan y con ellas limpia su rostro. Coge de nuevo su taza y la recarga en el regazo. El café de la mesa disminuye otro poco. “Veo que te ha gustado, me alegra.” Bebe de la taza, se acomoda el cabello. “Soñé contigo, el otro día, viniste a visitar, ¿verdad? Estuvo muy acertada tu aparición. Me he aferrado al abrazo que me diste en ese sueño, y he estado muy tranquila, dijiste que todo estará bien y te creo. ¿Viste que mi tía me regaló una foto tuya de cuando íbamos a Veracruz? Te ves feliz, mucho. Esos días eran lo mejor, entre naipes, comida, playas y la casa llena tan de gente que nos amontonábamos para dormir.” Se extingue el café en la mesa. Victoria mira la fotografía. “¿Vendrás pronto a visitar? ¿Por favor? ¿Lo prometes?”

Se escuchan inquietos pasos fuera de la habitación, se abre la puerta, se asoma un niño de ojos grises y cabello despeinado: “¿Mami? ¿Ya podemos ir al parque? Ya me lavé las manos.” Un perro lo empuja y se mete a la habitación, se acerca a Victoria y lame las lágrimas de sus mejillas. “Sí amor, dile adiós a tu bisabuela. Comper, perro.”, dice Victoria mientras se levanta. Coge la taza vacía de la mesa y la acomoda junto a la suya en la mano izquierda. “Gracias por venir. Te amo, te extraño.” Se vuelve hacia la puerta, toma de la mano al pequeño y salen del cuarto. Victoria siente el viento tibio y suave de hace un rato. Las velas bailan de nuevo. Sonríe y cierra la puerta.

xx linette