Sobre privilegio, belleza y odio mal enfocado…

Un ensayo que escribí para mi amada clase de Figura Femenina en el siglo XX. No se olviden de comentar 🙈💙✨


Sobre privilegio, belleza y odio mal enfocado…

Por Linette Cozaya Otto
Abril 09, 2018.

Dimos lectura a dos obras literarias contextualizadas en lo que podría ser una de las posiciones menos privilegiadas antes y, tristemente, también actualmente: ser una mujer con piel de color oscuro. Qué Blanca Más Bonita Soy es literatura infantil, escrita por el holandés Dolf Verroen; Ojos Azules es una novela, de la ganadora del Premio Nobel: Toni Morrison. Aunque ambas obras tratan sobre personajes negros y cómo viven, lo hacen desde diferentes puntos de vista, mientras Verroen escoge ser la voz de la pequeña y blanca Maria, una niña privilegiada que recibe un esclavo negro para su doceavo cumpleaños, Morrison trata el tema visto desde los ojos no azules de Pecola, aunque cambie de personaje, es siempre desde la perspectiva de personajes afroamericanos.

En clase ahondamos en el tema del privilegio, concluyendo que privilegio es todo aquello que te coloca en una situación de poder sin que tú hayas hecho algo al respecto. Qué Blanca Más Bonita Soy demuestra la ceguera que tenemos, que vivimos, cuando estamos en posiciones privilegiadas: Maria no puede ver más allá del problema, no lo mide porque ni siquiera representa un problema para ella, es su realidad, su día a día, así tratan sus tías y su madre a los negros, es lo común en la sociedad en la que vive: ver y tratar a la gente de color como “el otro”, haciéndolos menos, humillándolos, normalizando el maltrato que sufrían día con día. Maria acepta fácilmente la posición de privilegio en la que ha nacido, sin detenerse a pensar si su forma de vida es correcta o no, respetuosa o justa, es más fácil seguir la corriente que ponerse a cuestionarla.

No podemos medir jamás lo que otros viven, por más empáticos que seamos o pretendamos ser, las situaciones jamás van a ser iguales, menos si queremos entender a alguien que no ha nacido con los privilegios que nosotros, podemos imaginarlo, pero hasta ahí, el sesgo que traemos no nos dejará jamás sentir la desesperanza, la soledad, la tristeza, el sentimiento de inferioridad… Lo más triste es que todo esto lo vivieron, fue real, y que sigue pasando en muchos sitios, que se trata con inferioridad al que no es igual, y no debería ser. “Todas las personas en esta historia han sido inventadas y, sin embargo, todo sucedió verdaderamente”, escribió el autor en el epílogo del libro, concluyendo que podrían cambiar los nombres de los personajes, y aun así, el cuento sigue retratando una realidad que vivieron muchísimos.

Morrison también trata el tema del privilegio, nos habla sobre los problemas que enfrentan los personajes, en una sociedad donde predominan los blancos, con sus reglas, que entonces los dejan relegados, los dejan marginados, en segundo plano. Todo el tiempo habla sobre el odio que se tienen ellos a ellos mismos, antes de darse cuenta que a quienes odian en realidad, es a los blancos, por estar en posiciones privilegiadas y hacer caso omiso de las vidas que llevan los que están debajo de ellos. Claudia y Frieda odian a sus compañeras blancas, a los personajes blancos famosos, los envidian, los admiran, pero quien más odio tenía, a mi parecer, era Cholly. Cholly con la experiencia que tuvo cuando murió su tía, y en el momento pensó sólo en el odio que tenía hacia la pobre niña con la que vivió esto, hasta que se dio cuenta que no había sido culpa de ella, ni de él, que la humillación que había sufrido, había sido de parte de los dos hombres blancos con lámparas.

En el cuento de Verroen también habla sobre interseccionalidad, que es cuando se unen varias características que te hacen no estar privilegiado, en este caso, las mujeres del cuento: Ula y La Cicatriz son perfecto ejemplo de este término, siendo de piel oscura y además, mujeres, viven sufriendo el abuso no nada más físico y psicológico de sus “dueños”, oh no, además sufren abuso sexual del que no pueden quejarse, y los niños que lleguen a parir, tendrán el mismo horrible destino, si es que los dejan vivir, porque, faltaba más, es decisión del patrón eso, no de la mujer que lo ha tenido.

Ambas obras literarias tratan, además, el tema de la belleza, en Qué Blanca Más Bonita Soy, Maria está obsesionada con lo blanca y bonita que es y con el tamaño de sus pechos: quiere senos prominentes como los de su madre. No puedo creer este tipo de pensamiento en una niña de doce años, es decir, lo puedo creer, pero me parece terrible, que una nena de esa edad esté preocupada por esas banalidades. Además, habla sobre lo “guapa” que está la amante negra del papá, a quien luego la madre deja una cicatriz en la cara, para luego burlarse de que no es guapa ya, muy probablemente arruinándole la mejor situación de esclavitud que había vivido, haciendo que luego fuera vendida de nuevo en el mercado.

Pero, ¿qué es belleza? ¿Quién decide si una es bella o no? Pecola definitivamente no se sentía bella, al contrario, se sentía y se juraba fea. Claudia y Frieda no se quedaban atrás, como mencioné anteriormente, envidiando a las niñas rubias del colegio al que asistían, preguntándose qué es lo que les hacía falta para ser tan lindas como ellas. Dijo Morrison en la voz de Claudia: “Si ella era bonita, y por encima de toda sospecha lo era, entonces nosotras no lo éramos. ¿Y qué significaba eso? Que nosotras éramos inferiores. Más simpáticas, más listas, pero a pesar de todo inferiores. Podíamos destruir las muñecas, pero no podíamos destruir las voces melosas de padres, madres, tíos y tías, la sumisión perceptible en los ojos de nuestros semejantes, el fulgor marrullero en los ojos de nuestros profesores cuando encontraban a las Maureen Peal del mundo. ¿Cuál era el secreto? ¿Qué nos faltaba? ¿Por qué era importante? ¿Y qué?” Lo que la sociedad cree que es bello está en constante cambio y aun así hay niñas y niños que no se sienten bonitos jamás en la vida, ¿cómo revertir eso? ¿El daño colectivo que hemos causado inconscientemente en tantos pequeños? ¿Cómo hacerles ver que la belleza no es algo que se pueda medir o calificar? Lo más triste, en el caso de Pecola, es que todo el mundo la consideraba fea en serio, y jamás entendí cómo podía ser así, ya que, en mi cabeza, todos tenemos gustos y opiniones distintas, entonces, ¿por qué no había ningún personaje que la considerara bonita? ¿O normal, por lo menos?

Me encantó leer el prefacio de Ojos Azules porque la autora habla sobre una amiga de la infancia que se odiaba a sí misma, no se aceptaba cómo era y envidiaba a las chicas blancas y rubias, así como los personajes en la novela, la chica ésta quería tener ojos azules, la autora se preguntaba por qué querría algo así, tan fuera de lugar, tan “rompedor”, si así como estaba, era perfecta. Fue así como llegó a Pecola, esa pequeña que soñaba con tener los ojos más azules, y rezaba por ellos, rezaba por escapar de su realidad, una realidad de la que desaparecía, según ella, en la que su padre alcohólico golpeaba a su madre mayormente ausente, donde su hermano Sammy prefería huir, y donde ella perdió toda inocencia a manos de su padre.

A Pecola le toca vivir cosas feas, desde el episodio con el gatito del niño nefasto que la invita a su casa, hasta el asesinato del perrito viejo cuya existencia molestaba a Soaphead, o sea, la niña no tenía descanso en la vida, si no era acosada en la escuela, o violada en casa, le pasaban este tipo de cosas. No me gustó su historia, me dieron ganas de abrazarla y decirle que estaría todo bien, así que no entiendo por qué nadie lo hizo en toda la novela. Me enterneció que por lo menos Soaphead se esmerara en hacerla feliz, llevándome a las lágrimas con el siguiente párrafo: “Soaphead frunció los labios y se tocó con la lengua un diente de oro. Pensó que estaba ante la petición más fantástica y al propio tiempo más lógica que jamás había recibido. Allí tenía a una niña fea pidiendo belleza. Una oleada de amor y comprensión amenazó con arrebatarle, pero fue rápidamente reemplazada por la ira. Ira por ser impotente para ayudarla. De todos los deseos que la gente le había transmitido —dinero, amor, venganza—, aquél le parecía el más conmovedor y el que más merecía ser satisfecho. Una niña que quería salir del pozo de su negrura y ver el mundo con ojos azules.” Y lo logró, logró que Pecola se viera con ojos azules, por lo menos su realidad no era tan triste ahora.

Otra de las escenas que me impactó en Ojos Azules, fue la de la madre de Pecola corriendo a las niñas de la cocina en la casa que trabajaba, porque el amor que tenía la mujer por esa casa, por esa familia, es algo que aparentemente jamás dio por la suya, y que lo dejara tan claro, tan descaradamente claro frente a Pecola y sus amigas, me rompió el corazón. Pecola ni siquiera la llamaba mamá, no, era Mrs. Breedlove, y en esta casa hasta apodo tenía, cuidando y amando a una niña blanca que no era suya, tratándola como jamás trató a Pecola o Sammy. Otro ejemplo de violencia psicológica, de parte de la madre a Pecola, y de odio de parte de la madre hacia su raza, hacia lo que era ella, lo que era su familia, ¿cómo se llega a guardar tanto odio? Me pareció muy triste, la inexistente relación madre-hija, el desinterés de la primera por la segunda, que le metiera una paliza al enterarse de lo que Cholly había hecho, la falta de amor entre todos ellos. Era de esperarse que Pecola terminara como lo hizo.

No entiendo muchas cosas en el mundo, las que más me molestan, son las que nos afectan a todos, como los temas aquí tratados. No entiendo por qué hubo segregación, por qué el color de piel te hace mejor o peor, por qué tienes más o menos voz dependiendo de tu género, y sobre todo, por qué todos estos problemas siguen vigentes. Tan fácil que sería respetarnos a todos, no tenemos que amarnos, pero nada nos cuesta ejercer nuestra libertad hasta donde empieza la del otro, y me cuesta trabajo, pero tengo la esperanza de que algún día así sea.

Bibliografía:

  • The Bluest Eye. Toni Morrison. 1970. United States of America. Vintage International.
  • Qué Blanca Más Bonita Soy. Dolf Verroen. 2007. España. Lóguez Ediciones.

xx linette

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