Ojepse

¡Holi a todos! La tarea que me trajo a escribir este… ¿ensayo? Consistía en escribir sobre un objeto que viera diario. Esto es lo que salió. Gracias por leer y no se olviden de comentar ☺️💙


Ojepse

Por Linette Cozaya Otto

“Mirror, mirror, on the wall, who in this land is fairest of all?”, solía preguntarme antes de partir a la secundaria. No, la verdad no. Pero poco me faltaba. ¿Qué será que tiene un espejo que necesita una su aprobación antes de hacer cualquier cosa? Un espejo es una “tabla de cristal azogado por la parte posterior, y también de acero u otro material bruñido, para que se reflejen en él los objetos que tenga delante”, según la Real Academia Española. El mío está empotrado en la pared sobre mi tocador. Lo veo al entrar y salir de mi habitación. A veces aparezco dentro de él, a veces no. Pero siempre está ahí, observando, día y noche, lo que hago o, incluso, lo que alcanza a ver de la ventana. Puede que lo mire de reojo cuando me acerco al tocador para ponerme crema o perfume. Puede que lo mire de lleno cuando depilo el bigote o intento quitarme un barro. Hemos tenidos buenos y malos momentos, pero siempre está aquí.

Cuando era pequeña, mis padres tenían un espejo de cuerpo completo en su habitación. Era tan grande que le llegábamos apenas a la mitad: espejo gigante. Era parte de un mueble de madera que, además de ser tocador, servía de cómoda. Mi hermana y yo pasamos horas jugando frente a él, haciendo muecas, mirándonos, descubriéndonos. Mamá nos peinaba frente a él cada mañana. Papá secaba nuestro cabello cada noche, también en el reflejo. Nunca tuve problemas con mirarme ahí. El espejo era divertido e intrigante, un misterio por descubrir. Podía escribir cosas en el vaho, dejar besos en él plantados, decorarlo con plumones y estampas. No me di cuenta en qué momento pasó de ser agradable a ser una obsesión.

El mueble en cuestión, con todo y espejo, se fue casi al mismo tiempo que se fue papá. Fue entonces reemplazado por uno más nuevo, más ligero y que no traía tanta cosa encima (el espejo, no papá). En el nuevo espejo me veía distinta. Donde antes había descubrimiento y diversión, ahora veía defectos y cosas que urgía arreglar. Forjé con él una relación de amor-odio, en la que necesitabade él para mirarme aunque me respondiera con imágenes que no me agradaran. Por la mañana, sin ningún alimento en la barriga, me veía más delgada. O, como decía el espejo: menos gorda. Por las noches, la imagen era insoportable: grasa y gordura en todos lados. Lo positivo de esto último era que servía de motor para hacer un poco de ejercicio y disminuir la ingesta de calorías al otro día.

Por las noches soñaba que entraba en el espejo y me cambiaba por la versión mejorada, la que quería ser y no lograba alcanzar. Ni un gato tenía tanta curiosidad como yo a querer conocer lo que había del otro lado. Y es que, para muchos, los espejos son puertas. Si no, por lo menos mágicos. Millones de historias sobre espejos han sido contadas: en cine, cuentos, cortometrajes. Desde la Reina Malvada en Blancanieves y los Siete Enanos, con el Espejo Mágico, hasta películas basadas enteramente en el protagonismo del espejo, como Oculuso Mirrors. Estas últimas son de horror, y vaya que un espejo puede causar terror: los espejos, o la metáfora del espejo es querer develar verdades, sueños y deseos. Existe (y, sí, está en Netflix) una serie británica increíble cuyo título tiene que ver con espejos: Black Mirror. Es llamada así porque alude a los incómodos reflejos que encontramos en objetos como la fría pantalla negra de la televisión, el monitor de la computadora, monitor o teléfono móvil. ¿Y qué es lo que reflejan ellos si no la incómoda verdad de lo que somos? No me veo igual en el reflejo de la televisión que en el de un espejo hecho y derecho.

Pero probablemente, de las cosas que busca develar un espejo, los deseos son los más intimidantes y penosos. Como el Espejo Oesed, en Harry Potter. No es central en la trama, pero es importante, intrigante, interesante y hasta peligroso. Es un espejo, mágico, por supuesto, en el que uno puede ver reflejado sus más grandes deseos. Dumbledore dice algo como “no se trata de algo real y es fácil perderse en esa realidad. Resulta torturador tener que ver todo eso que deseas, pero que no puedes tener en la vida real.” Y así era mi vida con el largo espejo en la habitación de mamá: me miraba como me gustaría ser, deseaba y lloraba para ser así, sin lograrlo.

Un día dejé de mirarlo, dejé de mirarme. Decidí que no era importante ya la opinión del espejo en mi habitación. Nuestra relación, entonces, mejoró. Aún hay veces que no reconozco a quien se para frente a mí a acomodarse las cejas, ponerse sombras chuecas y colores intensos en los labios. ¿Es esta mi nariz? ¿Así son mis ojos? ¿Así mi ven los demás? No entiendo cómo le va mejor o peor un atuendo de lo que a mí. Pero le sonrío y le deseo un buen día. Al final, él no tiene la culpa de cómo decida interpretar lo que me ha dicho.

xx linette

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2 thoughts on “Ojepse

  1. Querida Linette, me ha gustado mucho tu ensayo; justamente es un espejo que abarca no solo lo que tiene enfrente, de manera obvia, sino que explora otras posibilidades más profundas como el juicio de sí mismo a través de desdoblamiento que da el reflejo. 😘
    Angélica

    Liked by 1 person

    1. ¡Angélica! Muchas gracias por tomarte el tiempo de leerme y comentar 🙂 🙂 🙂 ¡qué bueno que te haya gustado! Sigo y seguiré explorando mi relación con el espejo 😛

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