El Extranjero como solución al absurdo

El último ensayo que escribí para la maestría, no lo odien:


El Extranjero como solución al absurdo

Por Laura Linette Cozaya Otto

En el ensayo El Mito de Sísifo, Camus se enfoca en definir el absurdo. Pasa de Sartre a Kierkegaard, por Jaspers y Chestov hasta Dostoievski, todo para llegar a la conclusión de que la vida es absurda. Y es que, ¿cómo no va a serlo si, como hombres, tenemos una pesada carga de por vida que sólo culmina con la muerte? Pero no hay que temer, Camus también nos ofreció la solución al absurdo, en su novela “El Extranjero”.

Sísifo fue castigado por los dioses. Tenía que subir una enorme roca por una colina, todos los días por el resto de su vida. “Pensaron, con cierta razón, que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza.” (Camus 151) La cosa es que, los dioses no contaron con que Sísifo era “más fuerte que su roca” (Camus 153), y que, así como el absurdo, sólo era trágico en los raros momentos en los que se hacía consciente, dejando de ser una verdad aplastante, de manera que Sísifo podía dejar su castigo de lado, una vez que subía la roca, para poder disfrutar el descenso.

El mito de Sísifo plantea la cuestión: si todos vamos a morir, la vida es absurda. ¿Por qué no se suicida uno entonces cuando se da cuenta de esta verdad? La respuesta: Sísifo lleva una roca, en el instante en que la suelta, encuentra un momento de felicidad. Esa es la vida del hombre: una pesada carga que por momentos nos llena de plenitud. Vale la pena vivir.

Pero entonces, ¿qué es el absurdo? ¿Cómo lo identificamos? El primer signo de absurdidad, según Camus, es la lasitud teñida de asombro: “La lasitud está al final de los actos de una vida maquinal, pero inaugura al mismo tiempo el movimiento de conciencia.” (Camus 28), a pesar de ser desalentadora, es buena, ya que “(…) comprender es ante todo unificar.” (Camus 32), entonces, descubriendo el absurdo podemos partir a tomar una decisión consiente sobre qué hacer después.

“(…) la absurdidad nace de una comparación (…) entre un estado de hecho y cierta realidad, entre una acción y el mundo que la supera. Lo absurdo es esencialmente un divorcio. No está en el uno ni en el otro de los elementos comparados. Nace de su comparación.” (Camus 47), entonces, primero dividimos, nos quedamos en shock y luego asumimos la responsabilidad de elegir lo que sigue.

Albert Camus creía que la vida no tenía ningún significado, que el universo simplemente existía y que era indiferente a nuestras preguntas existenciales. Llamó absurdo a esa distancia que existe entre la búsqueda de significado del ser humano y la indiferencia del universo a dicha búsqueda: “Lo absurdo nace de esta confrontación entre el llamamiento humano y el silencio irrazonable del mundo.” (Camus 44). Es aquello que surge de tratar de encontrar significado a un universo que no lo tiene. Esa consciencia de que la vida humana no tiene trascendencia para el universo comienza a volverse notoria cuando nos damos cuenta de que hemos estado una minúscula fracción de tiempo en el universo: la existencia humana representa el 0.00002% de la existencia del universo. La vida humana es, entonces, insignificante e irrelevante para el universo.

De la misma forma que somos nada ante el universo, pensar en el bien o mal, es absurdo. Camus, como todo agnóstico, creía que era una pérdida de tiempo adentrarse en esas cuestiones: el agnosticismo es la doctrina filosófica que considera inaccesible para el entendimiento humano la noción de absoluto, especialmente, la naturaleza y existencia de Dios, pero no omitiendo todo lo que no puede ser experimentado o demostrado por la ciencia.

Volvamos, entonces, a la propuesta de “El Extranjero”: el personaje principal se llama Meursault. Un hombre que cree que el universo no tiene sentido ni significado alguno. Vive la vida en piloto automático. No tiene ambición. Tampoco remordimiento. No cree en Dios. La anomia es el estado mental que mejor lo define, uno de alienación: se trata de la ausencia de normas o convenciones en una sociedad y persona. Es hipócrita e indiferente: lo que hagan y sientan los otros no le interesa. No puede aceptar las explicaciones normales o comunes. Se niega a mentir y a esconder sus sentimientos, ergo, la sociedad se siente amenazada: ¿quién es este monstruo que no teme ser juzgado por exactamente lo que es? Es individualista, es decir, sólo piensa en él y su bienestar. Como lectores, empatizamos mejor con Meursault en la segunda parte de la novela. Ya para el final, lo encontramos desafiante, rígido. Rechaza condolencias y acepta heroicamente que el universo es totalmente indiferente a la humanidad.

La novela comienza con la muerte de la madre de Meursault, con la que ya no tenía relación más que de sangre. Ella se encontraba en un asilo, donde conoció a un hombre que ahora era su novio. Era, aparentemente, feliz.A la pareja de la madre, la vemos solamente al principio de la novela, llorando a cántaros en el sepelio. Nuestro protagonista no llora ni demuestra tristeza. Fuma un cigarrillo y bebe café mientras la velan. Durante el entierro, piensa más en el horrible calor que en la fallecida. Más tarde, se reencuentra con Marie, con quien comienza una relación.

Marie Cardona es el interés romántico de Meursault. La conoce antes del “ahora” de la novela y retoma su amistad, que se vuelve una relación amorosa, justo después del funeral. Marie dice que lo ama y quiere casarse con él aunque éste no la ame ni quiera matrimonio. Es encantadora y deslumbrante.

Después de iniciar la relación con Marie, Meursault vuelve a casa y se encuentra con Raymond Sintés, uno de sus vecinos. Es mujeriego, vengativo, golpeador y grosero. Convence a Meursault de escribir una carta para una ex pareja a la que pretende humillar y golpear. A raíz de esto, el hermano de la chica busca venganza.

Otro vecino del protagonista es Salamano. Este personaje tiene una relación de amor – odio con su perro. Es lo único que le queda, después de la muerte de su esposa. En algún punto de la novela, pierde al perro y sufre. Meursault lo escucha llorar y se encoge de hombros.

Más tarde, Raymond invita a Meursault a la playa, junto con Marie y otra pareja. Allí nadan, toman el sol y se relajan. Cerca del atardecer, llega un árabe armado a amenazar a Raymond: es el hermano de la chica que éste había abusado. Resulta, que Raymond también está armado, así que todos viven un momento de tensión que no pasa a mayores y los agresores se marchan. Estresado por lo que acaba de ocurrir, Meursault coge el arma de Sintés y sale a caminar. Se encuentra con el chico que había ido a atacarlos, ambos se paralizan y se miran. El enemigo se abalanza sobre Meursault y éste dispara cuatro veces. La primera parte de la novela termina con el protagonista siendo llevado a juicio.

En la segunda parte del libro conocemos más a fondo a los personajes recién introducidos: el juez, que representa a la sociedad y la moralidad. Siente asco de la indiferencia y el ateísmo de Meursault.También está el clérigo, quien no puede creer que Meursault sea ateo. No le cabe en la cabeza que ni en sus últimos momentos acepte a Dios en su corazón. Es insistente y nefasto. Jura que Dios es la salvación y que todo mundo llega a “Él” en algún punto de su vida. Meursault es defendido por un abogado que tampoco le tiene mucho aprecio: lo va defender, sí, pero sabe que no tienen dónde apoyarse para ganar el caso.

Según la Real Academia Española, moral se refiere a la doctrina del obrar humano que pretende regular el conocimiento individual y colectivo en relación con el bien y el mal y los deberes que implican. Es una palabra de origen latino que proviene del término moris, que significa costumbre. Entonces, podemos definirla también como el conjunto de creencias, costumbres, valores y normas de una persona o sociedad, que funciona como una guía: orienta acerca de qué acciones son correctas y cuáles incorrectas. En la novela se trata el tema cuando llegamos a ésta segunda parte: la del juicio. El fiscal, en lugar de hablar sobre el caso, sobre el por qué y el cómo del asesinato, habla sobre quién es Meursault como persona, trayendo a colación el hecho de que no había llorado en el funeral de su madre. Al estrato son traídos desde el hombre al que le aceptó un café y un cigarrillo al velarla, hasta Salamano y la señora del lugar donde solía comer.

Y, ¿cómo, en nombre de Cristo, se le había ocurrido fumar un cigarrillo al velar a su madre? Obviamente era un hombre sin escrúpulos ni sentimientos, hasta peligroso para la sociedad. El caso se vuelca en eso: juzgar moralmente a Meursault, sus acciones y las consecuencias de éstas. De por qué había ayudado a Raymond con la carta y por qué había decidido iniciar una relación con Marie justo después del funeral de su madre.

Meursault es condenado a muerte. Irónicamente, esto es lo que lo libera: se da cuenta de cómo vamos por la vida como robots, sin cuestionarnos nada. Cómo la sociedad nos obliga a querer (o deber) ser personas felices, de acuerdo a su moral, a sus normas y reglas, a su sistema. Antes de darnos cuenta del absurdo, vivimos la vida que nos han dicho que es la correcta. Seguimos los pasos que nos dicen que tenemos que seguir para alcanzar la felicidad prometida: “Aceptamos la realidad del mundo que nos presentan.”  (Peter,The Truman Show: Historia de una vida). Y la realidad que nos presentan es que si nos portamos bien, trabajamos de 8 a 8 y compramos zapatos cada mes, estaremos bien y realizados. Cosa que para algunos funciona, y está perfecto, pero no es así con todos. “No hay más verdad afuera que en el mundo que yo creé para ti.” (Peter, The Truman Show: Historia de una vida). El punto es que hay que ver más allá del mundo que la sociedad crea para nosotros.

 

No hay una idea universal de cómo debe comportarse un ser humano y que, por lo tanto, los cánones que se nos imponen y que nos condicionan a ser lo que somos hoy, pueden ser, y, de hecho, deben ser cuestionados y desbaratados por nosotros. Quizá lo que Camus quiere decir con “El Extranjero” es que debemos ser como un turista: ir por la vida mirando y cuestionando, pero no juzgando. Preguntándonos por qué se hace lo que se hace y cómo es que llegamos a hacerlo de esa forma. De cualquier forma, la noción de justicia se basa en lo que justifica.

Meursault se da cuenta del absurdo cuando es condenado a muerte. Pasa por diferentes etapas antes de llegar a la aceptación, donde tiene esperanza, enfado, tristeza y nostalgia. Es justo ese descubrimiento la solución a la tragedia de vivir: el protagonista se da cuenta de que desperdició la vida con su indiferencia y decide comenzar a ser feliz, aunque le quede poco antes de cumplir condena: dentro de su muerte, se permite la felicidad.

Lo que propongo aquí, es que Camus presenta su novela “El Extranjero” como solución al absurdo, como la ideal. Pero no es la única solución que ha sugerido: la primera, y más contundente, es el suicidio. En palabras de Camus: “Lo absurdo impone la muerte (…)” (Camus 23). ¿Cuándo se debe considerar el suicidio como solución al absurdo? Cuando se pierde aquello en lo que depositábamos el sentido de la vida. El suicidio es la respuesta de aquellas personas que no comprenden al mundo y que se ven rebasados por él. La razón de vivir se puede volver la razón de morir, si es que la perdemos: “Matarse es (…) confesar que la vida nos supera o que no la entendemos.” (Camus 19).

El suicidio filosófico es otra reacción posible ante el absurdo. Surge de la esperanza en mundos metafísicos, como los creados a partir de una religión. En un suicidio filosófico, se mata nuestra parte escéptica, la búsqueda individual de libertad, para convertirnos en personas que aceptan ciegamente las respuestas prefabricadas que ofrece una religión. Pensar en vidas futuras mata, además, nuestra atención en la vida presente, ya que se sacrifica la vida actual para alcanzar una supuesta en el futuro. Esto aplica también para posturas políticas, ya que en ellas se puede dejar la responsabilidad de nuestros actos, en lugar de asumirlos como hombres libres que somos. Seguir este camino como solución al absurdo es, básicamente, vivir en negación: “Lo absurdo, que es el estado del hombre metafísico consciente, no lleva a Dios.” (Camus 58.)

Camus proponía una tercera opción como respuesta al absurdo, y es la que retrata en “El Extranjero”: la aceptación. “El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo dichoso.” (Camus) Aceptar que la vida es absurda y aun así vivirla con entusiasmo, pasión. Creando arte, siendo hombres y mujeres libres. Todo ello sabiendo que nada de lo que hagamos tiene trascendencia alguna. La alegría y la pasión de vivir deben ser los signos de nuestra rebelión contra el absurdo.

“Sigo suponiendo que este mundo no tiene un sentido superior. Pero sé que hay algo en él que sí tiene sentido, y es el hombre ante su prójimo. Porque ese encuentro le da sentido a todo.” La filosofía de Camus propone la felicidad, alegría, la libertad, la satisfacción con lo que se tiene para poder enfrentar a un mundo que no tiene sentido, un mundo que a veces percibimos como injusto, pero no porque lo sea, si no por nuestras expectativas humanas de justicia que depositamos en éste. La forma de vivir que propone Camus es dejar de buscar el significado y disfrutar, sin añorar vidas futuras que nos distraen de la presente.

A pesar de que la vida del personaje del extranjero es de total neutralidad y hasta apatía, Camus plantea que debemos construir nuestras vidas según justificaciones razonadas, o por lo menos, placenteras para uno. Lo que consideres como una verdad irrebatible puede que tenga otros matices, al final, todos deberíamos vivir la vida como nos plazca, haciéndonos responsables de nuestras acciones y respetando a los demás.

El hombre será ante todo lo que habrá proyectado a ser, está condenado a ser libre, y debe cargar con esta condición y hacerse responsable, debe aspirar al futuro sin estar determinado por su pasado y tomar consciencia del ser humano: no está sólo en el mundo. “¿Alguna vez pensaste en eso? ¿Que toda tu vida está destinada a algo?” (Peter, The Truman Show: Historia de una vida), preguntan en el filme “The Truman Show”, y no son los únicos que creen que toda su vida ha sido trazada: el mero hecho de no elegir nada es una acción. No hay otro legislador que el hombre mismo, y por eso, debemos regirnos bajo las leyes que quisieran que nos mandaran a todos, para poder vivir libres, en paz y armonía.

Y es que, “Si estuviera absolutamente determinado a saber la verdad, no habría modo de poder impedírselo.” (Peter, The Truman Show: Historia de una vida), cualquiera puede darse cuenta del absurdo, el problema es lo que sigue después de conocerlo: una vez que nos damos cuenta que somos libres empieza lo difícil: debemos preguntarnos qué hacer con esa libertad.

En su novela “El Extranjero”, Camus analiza y retrata lo inútil y sin sentido de la vida humana. Somos individuos llenos de estímulos, que nos distraen llevándonos a la nada interna, a no lograr empatía con los demás y a sentirnos extranjeros en nuestra propia vida o a ser indiferentes a todo. Establece que la indiferencia es la muerte en vida. Meursault pensaba que la vida es una inercia, mientras menos lo molestaban, más feliz y tranquilo se sentía. Al mismo tiempo, se sentía seguro en la rutina en la que vivía.

Al principio de la novela, Meursault se presenta a sí mismo como un ser indiferente a la vida. Le da igual que muriera su madre, casarse o no con Marie, incluso, matar  a un hombre o no. Está totalmente aislado del mundo, es un extranjero: vive la vida porque sí y no crea lazos estrechos con nadie, existe en una cotidianidad monótona. Es un hombre ateo y sin limitaciones morales ni legales. Camus quiere dejar entrever que todo lo que nosotros creemos que debe ser, puede tener otra interpretación, si se ve desde otro ángulo. Se cuestiona el hecho de rendirle duelo a nuestra madre al momento de morir, que es lo más sagrado para muchos, ¿por qué hay que hacemos tanto revuelo por algo tan natural como la muerte? Lo raro sería que viviera infinitamente, o que fuera tan longeva que llegara a los 600 años.

Somos enteramente humanos, y, como tales, estamos solos. Nada de lo que hagamos tiene trascendencia. De la misma forma, la vida no tiene sentido, así como el Rey Sísifo, estamos condenados a un eterno ir y venir por la colina, empujando la roca día tras día, es el inútil y sin sentido de la vida humana. Una vez que nos damos cuenta de ello, estamos obligados a vivirla más intensamente.

Camus, al contrario de sus camaradas existencialistas, veía algo positivo en el humano: la capacidad de superar los desastres con dignidad y su necesidad de compartir alegrías y temores con otros, como solución al absurdo. Representa en sus novelas esperanza y solidaridad humana. Cuando el existencialismo dice que la vida no tiene sentido, llega él y completa diciendo que justo por eso, debemos hacerle frente y prosperar. Propone que debemos buscar razones para vivir.

El absurdo es como tener suficiente libertad para darnos cuenta que estamos en una jaula, pero no podemos salir de ella. La filosofía de Camus es una lúcida invitación a vivir y a crear: propone asumir la ausencia de sentido de libertad para asignar un significado totalmente original y propio a todo lo que hacemos. Meursault se dio cuenta de esto al final de su vida, pero cada persona tiene la responsabilidad de trazar su propia historia, y, mientras más pronto asumamos el absurdo, mejor.

Bibliografía:

Camus, Albert. El Extranjero.Ciudad: Editorial, 1942. Impreso.

Camus, Albert. El Mito de Sísifo.Madrid: Alianza Editorial, 2018. Impreso.

Weir, Peter. The Truman Show: Historia de una vida.Estados Unidos: Scott Rudin Productions, 1988. Filme.

 

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