Secuelas

¡Holi, amigos! Bienvenidos al blog que no es blog. En esta entrega: un cuento deprimente, pa’ variar. (HAHAHA) #SorryNotSorry 😈 A ver si les gusta, please comenten, compartan y beban un vaso con agua al terminar, stay hydrated! Gracias por leer. ☺️🍃✨

Secuelas

Por Linette Cozaya Otto

Me encanta cuando nos movemos tanto en la cama que la destendemos o nos enredamos en ella. Pasar la mano desde su cabello hasta sus muslos y volver a empezar. Besar su boca, cuello, su clavícula, que sobresale todavía más cuando echa la cabeza hacia atrás. Escucharla gemir y decir mi nombre, reír tímidamente cuando hago pausas para repetirle que la amo. De pronto me detiene y dice que no me ama, que nunca lo hizo. Recuerdo entonces la traición. Recuerdo el golpe en el estómago que me deja sin aire. Recuerdo que he llorado toda la noche antes de esto. Me cuesta trabajo abrir los ojos, están hinchados. Afuera llueve, entra poca luz a través de la cortina. Olivia duerme a mi lado. Está hecha bolita, así que subo las cobijas que, obvio yo pateé, y nos tapo. La abrazo. La miro. ¿Cómo alguien con esa cara tan perfecta e inmutable puede ser la causa de tanto dolor?

Horas antes, hablamos sobre lo que pasaría. Concluimos que lo mejor sería trabajar en la relación, dejar el “bache” atrás. No sé por qué accedí a esto. ¿O fui yo quien lo propuso? Por supuesto que la amo, que quiero estar con ella, que siento que la necesito y que si no estamos juntas, me voy a morir. Pero no sé si algún día pueda mirarla sin que se me venga la ola de lágrimas, de tristeza y enfado. No sé si pueda confiar en ella. ¿Qué tan cierto es que terminó todo con la otra niña? ¿Y si la busca? ¿Y si me sigue mintiendo? ¿Y si lo hace con alguien más? Huele tan rico. Podría terminar la relación y quedarme su shampoo. Ella no es sólo el shampoo. Maldito shampoo. Maldita ella. Y la estúpida que le abrió la puerta de su apartamento. Le doy la espalda y me acurruco en mi lado de la cama. Quizá si me pongo a contar ovejas pueda volver a dormir, aunque ya no quiero soñar con ella. Y no. Ni a la quinta oveja llego y ya estoy pensando otra vez en la terrible tarde y noche que hemos pasado. Que he pasado. Me levanto en busca de agua. Me siento frente al vaso y la ventana en la cocina, que funciona también de comedor, lloro. Podría llenar un océano con todo lo que he llorado.

El sol me pica el ojo. Tengo el cuello torcido, la espalda adolorida y no siento las pompis. El vaso con agua está intacto frente a mí. Olivia me mira desde su silla. Se ve pálida, decaída, con el cabello amarrado en un chongo desordenado que deja escapar mechones por aquí y por allá, ojos de rana, nariz roja y las comisuras hacia abajo, parece caricatura. Aun así, es preciosa. Nos damos los buenos días como compañeros de trabajo que nomás asienten al reconocer que tendrán que convivir cordialmente. Acepto cuando ofrece café. Se levanta a prepararlo y opina que quizá deberíamos salir a desayunar, distraernos y pasar un lindo día. Tengo la garganta seca, la sensación del golpe en el estómago no me ha dejado desde ayer. No quiero salir, no quiero hacer nada. Tampoco quiero mirarla. Le sugiero que vaya sola y rompe en llanto. ¡Coño! ¿Por qué estás llorando tú? La abrazo y beso. No quiero que esté triste, hará hot cakes, nos bañaremos y saldremos a pasear.

Amar a alguien como la amo es lo peor que me ha pasado en la vida. No sé cómo mirarla, no sé cómo hablarle ni cómo besarla. ¿Debo seguir tomándola de la mano? ¿Puedo seguir llamándola “amor”?  Intentamos actuar normal. Es complicado. Imposible retener la lloradera cada que alguna hace un chiste local o referencias. Rozarla se siente incorrecto. Besarla se siente fatal. Volvemos a casa y decido que no puedo más, mientras Liv cocina la cena, salgo a hablar por teléfono. Luis, mi hermano, se enfada. No puede creer lo que está ocurriendo acá. Aconseja que nos demos un tiempo, ofrece prestarme para pagar le boleto de regreso a casa. Acepto.

Al subir a nuestro apartamento, Liv intenta besarme. Sabe que no viene nada bueno. “Vas a dejarme, ¿no es cierto?” Me grita. No entiendo por qué se enoja, ¿necesito recordarle que fue ella la infiel? Sigue en estruendoso berrinche mientras compro mi boleto para el vuelo más cercano. Se hinca ante mí y ruega. ¿Es en serio o intenta manipularme? La idea me enfurece y me levanto a empacar. Ella sigue. Un rato grita con ira, otro llora y suplica. Termino la maleta, Liv solloza en el suelo. Me agacho a abrazarla, le digo que esto es lo que necesitamos, le repito que la amo, la beso y salgo de ahí. Perdón por no poder con esto. Es demasiado. Lloro todo el camino al aeropuerto. El señor del Uber habla solo sobre las desgracias del mundo. La gente me mira, uno pensaría que eso ayudaría a inhibir los ríos que me salen de los ojos, pero no. Agradezco el barullo del avión, que los que comparten asiento conmigo vienen juntos y no me hablan. No han cerrado la puerta del avión y yo estoy entre nubes, descansando por fin.

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4 thoughts on “Secuelas

  1. Ya hay tierra de por medio, pero eso a la mente no le funciona. Si la protagonista lleva a Olivia cargando en el corazón, de poco servirán quince océanos intermedios. Así que creo que esto se puede poner interesante más adelante e, insisto, puedes hacerlo novela 🙂

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    1. Lo estoy probando, pero como me da miedito, pensé hacer cuentos que se relacionen entre sí, pero que si no hacen algo más grande, tampoco importe. Que por sí solos aguanten, pues, ¿lo logré???? Gracias por leer y comentar 💙

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