El camino a la luna

Quer√≠a un cuento que no tuviera final feo. No se olviden de comentar. ūüĆô‚ėĄÔłŹūüíę‚ú®
Sugerencia de lectura: escuchar Lunar Sea de Camel:


El Camino a la Luna

Por Linette Cozaya Otto

Fetia miraba las estrellas antes de irse a dormir. Su madre la dejaba admirarlas con la ventana abierta, siempre que no lloviera. Le gustaba que el c√°lido aire acariciara su cara y despeinara su casta√Īo cabello. Ten√≠a los ojos grises, grandes, brillantes, reflejaban toda la inocencia que una ni√Īa de cinco a√Īos puede tener. De piel suave y mejillas rosas, ten√≠a el cuerpo menudo e inagotable energ√≠a. Apagaba la luz para encontrarse de frente con la luna, su habitaci√≥n se sum√≠a en una oscuridad interrumpida solamente por las estrellas fluorescentes que ten√≠a pegadas en el techo. Hablaba con las estrellas, mandaba besos a la luna y se marchaba a dormir.

Viv√≠a en un apartamento amplio, al que le entraba mucha luz de d√≠a y nada de noche. Ten√≠an dos gatos traviesos con los que jugaba por las tardes: Inti y L√ļa, el primero blanco con la nariz rosa, un ojo verde y uno azul; la segunda, negra con las patitas blancas, como si trajera botines. Fetia tambi√©n hablaba con ellos, le contaban historias de todo tipo: d√≥nde viv√≠an las brujas, por qu√© no les agradaban los perros, el origen de la vida o de qu√© trataban las canciones de los grillos. La historia que m√°s le gustaba escuchar era la del camino a la luna.

Para llegar a la luna, lo que una ten√≠a que hacer era charlar con las estrellas, hacerse su amiga, contarles chistes y secretos. Una vez que consiguieras la amistad de ocho estrellas, pod√≠as pedirles que se alinearan para usarlas de escalera y, entonces, llegar a la luna. A Fetia le emocionaba mucho la idea, es por eso que cada noche se acercaba a ellas y les contaba sobre el camino de piedritas que hab√≠a acomodado en la maceta del balc√≥n para llevar a las hormigas a las migas de pan que les dejaba cada ma√Īana; les contaba sobre el rinc√≥n en el armario de mam√° donde se escond√≠a para ver brillar el reloj que le hab√≠a regalado abuelita Aurora; tambi√©n sobre los amigos que hac√≠a cuando jugaba en el parque, y de las veces que daba las sobras de comida a Inti y L√ļa, sin que la viera mam√°.

¬ŅCu√°nto tiempo era necesario para entablar una buena amistad con una estrella? No importaba, en realidad, lo hac√≠a con gusto, no conoc√≠a a nadie m√°s que tuviera amigas estrellas… No conoc√≠a a nadie m√°s que hablara con ella. En el colegio, las ni√Īas eran malas con Fetia, no la invitaban a jugar y le ense√Īaban la lengua; los ni√Īos, en cambio, la empujaban, le hac√≠an caras y le cantaban ‚Äúqu√© fea que es Fetia, qu√© fea que es Fetia‚ÄĚ. No importaba, era feliz qued√°ndose en el sal√≥n con Miss Lul√ļ, la ayudaba a repartir los materiales que utilizar√≠an al terminar el recreo y se sentaba a dibujar a sus amigas estrellas.

No hab√≠a momento en el d√≠a que le gustara m√°s a Fetia que la hora de ir a dormir. Su mam√° cepillaba sus largos bucles mientras cantaban alguna canci√≥n de cuna y, por fin, la dejaba sola para que pudiera poner al tanto a sus estrellas de lo que hab√≠a aprendido en la escuela. Cada vez las ve√≠a y sent√≠a m√°s cerca, la luna m√°s grande, las estrellas m√°s brillantes. ¬ŅSer√≠a que se acercaba el momento de visitar a la luna? Inti y L√ļa ven√≠an a acurrucarse con ella. ‚ÄúCasi es hora, Fetia‚ÄĚ, le dec√≠an, y su coraz√≥n se llenaba de luz y calor, electricidad corr√≠a por su cuerpo y saltaba a la cama para arrullarse con la luna mir√°ndola desde su sitio.

Los viernes eran los d√≠as que hac√≠an manualidades en el colegio. Cosas sencillas como pintar una cartulina o m√°s elaboradas como adornos para la casa. Fetia pens√≥ en hacer un regalo para sus amigas las estrellas, ese d√≠a trabajan con cart√≥n y pinturas, una gran estrella con diamantina dorada ser√≠a un gran detalle para ellas. Trabajaba con ah√≠nco en la haza√Īa pensada cuando alguien la tom√≥ del cabello, que ese d√≠a alzaba en una coleta. En un segundo lo sinti√≥ liberado, puso la mano en la nuca, ya no estaba el gran mo√Īo que la hab√≠a adornado. Al voltear, Sebasti√°n, sonriendo victorioso agitaba el gran mech√≥n de cabello en la mano. Gotas gordas rodaron por las mejillas de Fetia. Miss Lul√ļ los llev√≥ a ambos fuera del sal√≥n, llamaron a ambos padres y decidieron un castigo para Sebasti√°n. El regalo a las estrellas se hab√≠a arruinado con las l√°grimas.

Estaba decidido, Fetia preguntar√≠a a sus amigas estrellas si pod√≠a visitar ya a la luna. No quer√≠a mirarse al espejo, mam√° hab√≠a llorado al verla despu√©s de la escuela, seguro que se ve√≠a horrible. Quer√≠a irse a casa, tardaron en salir, tuvo que escuchar los muchos gritos de su madre a Miss Lul√ļ. Despu√©s de jugar y leer cuentos, por fin era la hora de dormir. Dientes lavados, cabello cepillado (lo poco que quedaba), beso de mam√° y persiana abierta: estaba lista. Inti y L√ļa vinieron a acompa√Īarla, saludaron a las estrellas y Fetia pidi√≥ que se alinearan para ella. ¬°Lo hicieron! Su sonrisa era gigante, sus ojos brillaban m√°s que nunca. Abri√≥ la ventana, la noche era c√°lida. Extendi√≥ el presente que hab√≠a hecho para ellas, las estrellas brillaron con m√°s intensidad.

‚ÄúMuchas gracias por el hermoso regalo que nos has tra√≠do‚ÄĚ, dijo la estrella que m√°s se acerc√≥. Se acomod√≥ debajo de la ventana para que Fetia pudiera salir y pararse sobre ella. Inti y L√ļa la siguieron. Los tres en la estrella se elevaron. Ve√≠an c√≥mo las casas se alejaban, c√≥mo ondeaban las cortinas de la vecina de enfrente y a Sans√≥n ladr√°ndoles desde el jard√≠n de do√Īa Julia. El aire era tibio y acariciaba con amor las mejillas de Fetia. Llegaron a donde se encontraba la segunda estrella, ‚Äúbuenas noches‚ÄĚ, saludaron todos. Agradecieron a la primera y pasaron a la siguiente. La segunda estrella era todav√≠a m√°s brillante, les habl√≥ sobre lo bello y c√°lido que era el sol y sobre los planetas que a veces visitaba, Saturno con sus anillos, bailaba como loco cuando iba a verlo, en cambio Plut√≥n era fr√≠o y se la pasaba ofreciendo t√© calient√≠simo y disculpas por el clima.

La tercera estrella se llamaba Ti, le gustaba el olor del chocolate y el pan reci√©n horneado. Confes√≥ que era una esp√≠a secreta de los humanos: fan de mirarlos cuando m√°s lo hac√≠a, cuando se relajaban y se rascaban la nariz, dejaban inflar la barriga y se miraban en el espejo para hacer caras graciosas o tener conversaciones que con nadie m√°s ten√≠an. Los humanos eran algo extra√Īo y fascinante para Ti, apuntaba todo en un diario y luego le contaba a sus amigas estrellas, que la escuchaban atentamente. Estrellina era la cuarta, ¬°s√≠, como la famosa del cuento! Y el nombre le quedaba perfecto, era igual de intensa y traviesa. La diferencia es que Estrellina jam√°s se hab√≠a extraviado, era muy apegada a su familia, rara vez se separaba de su hermana: la quinta estrella con ella conversaron sobre el horrible d√≠a que hab√≠a tenido Fetia. Inti y L√ļa estaban enfadados con el ni√Īo que le hab√≠a hecho da√Īo, pero sab√≠an que Fetia era muy fuerte y que ese ni√Īo no merec√≠a ocupar ni un segundo de rencor en sus corazones.

La sexta y séptima estrella venían tomadas de la mano. Eran estrellas fugaces: viajeras por excelencia, las hadas madrinas del cielo. Fetia les pidió sólo un deseo: que mamá y papá estuvieran bien y no se preocuparan por su ausencia. Ellas podían con cualquier deseo. La octava estrella, Fi, era la menos platicadora, así que Fetia se puso a cantar con ella hasta que subieron tan alto que la octava estrella los dejó justo encima de la luna, que esa noche era cuarto creciente.

Saludaron a la luna con una reverencia, ella bati√≥ sus pesta√Īas y salud√≥ insinuando una sonrisa. Su voz era profunda, sensual y suave a la vez. Era enorme, brillante, elegante, preciosa. Inti y L√ļa no paraban de embarrarse contra ella y ronronear. Fetia no pod√≠a creer que la tuviera tan cerca, podr√≠a hablar con ella toda la noche. Hablaron sobre la escuela, Fetia era una excelente estudiante, sacaba diez en todas sus planas y dibujos. Sus maestras la quer√≠an mucho, la dejaban comer junto a ellas cuando las ni√Īas de la clase le cerraban el c√≠rculo. Fetia le cont√≥ el vac√≠o que sinti√≥ gracias al nuevo corte de cabello, c√≥mo le hab√≠a dolido como si hubiera sido un brazo o una pierna. Explic√≥ c√≥mo se hab√≠a echado a perder el regalo que hab√≠a hecho a las estrellas, que a√ļn as√≠ ellas hab√≠an amado. Le dijo sobre su abuelita, que silbaba mientras cocinaba, sobre c√≥mo re√≠a su mam√° y c√≥mo roncaba su pap√°. Despu√©s de horas y horas de charla, se acomodaron en la luna como si fuera una cuna, y ella los meci√≥ hasta que se quedaron dormidos. Fetia se sent√≠a por fin en casa.

xx linette

Advertisements

El escritor

Esto no tiene ni pies ni cabeza. Es un mon√≥logo que me pidieron para clase de cuento, donde ten√≠a que presentar al protagonista de la historia que escribir√≠a. Se los dejo ac√° porque es un personaje que me cae bien. (Insertar meme de “qu√© agradable sujeto”.) ‚ėļÔłŹūüďö‚ú®


Soy un escritor, o al menos eso pretendo. Trabajo en una librería que se encuentra, literalmente, dos pisos debajo del mío, y cualquier espacio libre que encuentro en mi tiempo, lo uso para escribir. Vivo en un apartamento con mi gato, Gato. No estamos atrasados con la renta y nos acoplamos bastante bien, es un gato casero y encimoso.

Me gusta escuchar m√ļsica, desde cl√°sicos como Mozart, Bach, Paganini y Chopin hasta ‚Äúlos cl√°sicos‚ÄĚ, como Pink Floyd, Queen y The Beatles, adem√°s de darle siempre la bienvenida a todo lo nuevo que descubro. Tambi√©n disfruto del cine, desde el m√°s comercial hasta el menos. Me encanta ir al cine, o sentarme en casa con caf√© a descubrir directores, m√ļsicos, actores. Visitar galer√≠as de arte, exposiciones, salir al teatro o ver un ballet, cada forma de arte es para m√≠ una explosi√≥n de emociones y colores, de l√°grimas y latidos acelerados, momentos de felicidad total que me hacen sentir que la humanidad no es tan mala como la pintan las noticias y redes sociales.

Pero lo que m√°s me gusta es leer, invitar a personajes a viajar conmigo en el tren, a beber caf√© conmigo, a sentarse en mi balc√≥n, y conocerlos, lo m√°s que se pueda, lo m√°s que nos deje su creador. Me parece magn√≠fico la idea de compartir historias, de crear vidas, con pasados, presentes y futuros, por eso escribo, aunque a veces no vaya a ning√ļn lado, cada cuento, ensayo, intento de novela, guion, es un cacho de m√≠ que voy dejando. Aunque nadie lo lea. Aunque a nadie le importe.

No tengo muchos amigos. Los pocos que tengo, son parecidos a m√≠, llenos de ansiedad social y compromisos consigo mismos para ver series en Netflix, as√≠ que nos vemos escasamente dos veces al a√Īo. Aun as√≠ s√© que cuento con ellos, y ellos saben que es rec√≠proco. Mi familia en cambio, es muy social, muy ‚Äúunida‚ÄĚ, dir√≠a mam√°. Tienen la mala costumbre de reunirse por lo menos una vez al mes, siempre con el pretexto de alg√ļn cumplea√Īos: sacan el caf√©, los chilaquiles y el pastel que le guste al festejado. Aqu√≠ debo hablar un poco sobre la obsesi√≥n que tenemos en la familia con el caf√©: todos, absolutamente todos lo bebemos, y aparentemente lo necesitamos para poder iniciar nuestros d√≠as. Casi todos lo tomamos negro, ‚Äúcomo debe ser, si no, no es caf√©‚ÄĚ, opina mi abuelita. En fin, a la familia s√≠ la veo, y hasta paso un buen rato cuando lo hago.

Todos los martes y jueves doy una vuelta a la cuadra antes de abrir la librer√≠a. Me da la impresi√≥n de que despeja mi mente y me ayuda a relajarme, aunque me consta que deber√≠a ejercitar m√°s. Lunes, mi√©rcoles y jueves salgo a pasear por la tarde, camino por horas y visito otras librer√≠as a ver c√≥mo andan. Hago esto sobre todo cuando tengo bloqueo mental, √ļltimamente es muy seguido. Me intrigan el cielo y el mar, aunque s√≥lo he escrito sobre el primero. No s√© qu√© quiero lograr con lo que hago, con mi rutina o con lo que escribo y no publico. Pero s√© que quiero estar tranquilo, en paz.

xx linette

Oto√Īo

Empec√© este cuento para un concurso, sin saber a d√≥nde iba. Me encant√≥ a d√≥nde lleg√≥. Espero que tambi√©n a ustedes. No se olviden de comentar ūüíôūüćāūüćĀ


Oto√Īo

Por Linette Cozaya

Sof√≠a despert√≥ sobresaltada. Se incorpor√≥ y baj√≥ los pies de la cama, quedando frente al espejo que ten√≠an para el tocador. Mir√≥ sobre su hombro: Tamara dorm√≠a tranquilamente, su largo cabello casta√Īo se arremolinaba sobre la almohada, dibujando un mar turbulento. La amaba, profundamente. Se sent√≠a feliz de la vida que llevaban y no quer√≠a que eso terminara. Pero sab√≠a que hab√≠a llegado el fin. En unas horas acompa√Īar√≠a a Tamara al aeropuerto, para verla, para besarla por √ļltima vez. Baj√≥ por un vaso de agua y lo bebi√≥ mirando la ventana. Fuera, el viento soplaba suavemente. Las hojas anaranjadas y caf√©s danzaban, disfrutando su camino al suelo. Inhal√≥ profundamente, dej√≥ el vaso en la encimera de la cocina y corri√≥ escaleras arriba. Su pareja se encontraba ahora panza abajo, con la cabeza volteada hacia la orilla de la cama, el poco sol que entraba le besaba la frente. Era la posici√≥n perfecta para acurrucarse a su lado y pasarle el brazo por la cintura.

Le encantaba despertar con el canto de Tamara. Tarareaba inconscientemente, mientras se duchaba, mientras le√≠a, mientras lo que fuera. Se daba cuenta solamente cuando Sof√≠a la miraba y escuchaba atenta, entonces se sonrojaba, sonre√≠a, se escond√≠a entre su cabello y prosegu√≠a lo que hab√≠a pausado. As√≠ despert√≥ ese d√≠a, el √ļltimo. Decidi√≥ quedarse en la cama para no interrumpir el canto de Tamara. Cuando √©sta sali√≥ del ba√Īo sonriente, la apresur√≥ para que se arreglara y buscaran algo para desayunar. ‚Äď And√°, que es mi √ļltimo d√≠a, Sof. ‚Äď Como si necesitara mencionarlo. Se mir√≥ en el espejo del ba√Īo mientras se desvest√≠a: p√°lida, pecosa, el cabello entre rojo, anaranjado y casta√Īo claro, chino, tapaba su no muy pronunciado pecho; ten√≠a ojos caf√©s, grandes, contrastaban con la peque√Īa nariz y boca, que adem√°s era de labios delgados, el de arriba m√°s que el de abajo; era alta y delgada, con los dedos de manos y pies un poco chuecos, cosa que la avergonzaba, pero que Tamara adoraba.

Ambas se pusieron vestido, era una ocasi√≥n especial y el d√≠a promet√≠a ser c√°lido. No sol√≠an arreglarse demasiado, a Tamara le gustaba llevar alg√ļn mo√Īo o diadema en el cabello; Sof√≠a acostumbraba llevarlo suelto. No se maquillaban y no usaban tacones. Tamara prefer√≠a el rosa, Sof√≠a el verde, y de ese color eran sus atuendos aquel d√≠a. Salieron y montaron sus bicicletas. ‚Äď Te sigo. ‚Äď Dijo Tamara, como cada ma√Īana. Se pusieron en marcha. Sof√≠a miraba para atr√°s cada dos o tres minutos, sent√≠a que de esa forma la cuidaba. El viento soplaba, levantaba un poco el cabello y falda de la pareja. El sol se asomaba entre las hojas, dando un brillo especial a la piel bronceada de Tamara, a sus ojos verdes, a sus labios hinchados. Para Sof√≠a, no hab√≠a nada m√°s lindo que la forma en que Tamara mord√≠a su labio inferior cuando intentaba recordar cualquier cosa, y es justo lo que hac√≠a tambi√©n al andar en bicicleta.

Llegaron a su restaurante favorito, donde las saludaron meseros y el due√Īo. Nada m√°s con verlas, sab√≠an qu√© deb√≠an cocinar: para Tamara un huevo estrellado, volteado, con dos rebanadas de tocino, un plato de fruta, jugo, caf√© y probablemente una dona de chocolate al final; para Sof√≠a chilaquiles verdes con frijoles y aguacate, mel√≥n con granola y caf√©. Era un lugar peque√Īo, quince mesas a lo mucho, dos meseros para las horas pico. Ten√≠an una mesa preferida, por supuesto, la que estaba entrando a la derecha, en la parte de la terraza, justo donde estaba una peque√Īa fuente y florec√≠a eternamente un rosal. Tamara adoraba las rosas, le gustaba hablarles, as√≠ que Sof√≠a le dejaba siempre la silla que estaba justo al lado. Pod√≠an desayunar con calma, las maletas de Tamara estaban listas desde el d√≠a anterior. Disfrutaron cada bocado, no paraban de mirarse, rozar las manos y sonre√≠rse. Siempre hab√≠an sido as√≠ de cursis, siempre igual de enamoradas. Cada que Sof√≠a estaba a punto de llorar, Tamara tomaba su mano para besarla, acomodaba su cabello detr√°s de la oreja o besaba su nariz y dec√≠a: – No temas, Sof. Te amar√© por siempre -. Ya lo sab√≠a. Lo ten√≠a m√°s que claro. Pero por m√°s que se lo dijera, por m√°s que le constara que as√≠ ser√≠a, la invad√≠a una nube gris, que le sub√≠a por los tobillos, le quitaba el aire como cuando te golpean en el est√≥mago y la ahorcaba como si quisieran asfixiarla. Se iba el color del cielo, de las hojas, de las paredes rosa pastel del restaurante, y volv√≠a al escuchar la voz de Tamara.

Al terminar el desayuno decidieron caminar por el parque, alimentar a los patos del lago y leer un rato en el prado. No hab√≠a mucha gente en el parque, una joven pareja que caminaba como ellas: tomados de la mano; un par de viejitos que re√≠a como en secreto y andaban abrazados; una madre deportiva que trotaba empujando una carriola. Hab√≠an encargado las bicicletas en el restaurante, ya que estaba a una cuadra del parque. El lago brillaba con el reflejo del sol. Los patos se acercaron en cuanto las vieron llegar, acostumbrados a la gente que los alimentaba. No tardaron en terminarse el pan que llevaban as√≠ que escogieron un sitio donde sentarse a leer. Como siempre, empez√≥ el tarareo de Tamara, y fue cuando Sof√≠a no pudo m√°s. Su llanto fue silencioso al principio, una l√°grima seguida de otra, cada vez m√°s gordas, hasta que empez√≥ a faltarle el aire y comenz√≥ a sollozar. Tamara la escuch√≥ por fin y se acerc√≥ a abrazarla. Sof√≠a rompi√≥ en llanto, gimiendo, casi gritando. ‚Äď No mides lo que me har√°s falta. -, repet√≠a. Tamara acariciaba el cabello de Sof√≠a, dej√°ndola llorar, contestando con amor y paciencia lo que lograba entender en las balbuceos de Sof√≠a.

Por fin se tranquiliz√≥ Sof√≠a, ten√≠a los ojos hinchados y la nariz de Rodolfo. Tamara la miraba preocupada. ‚Äď No quiero dejarte as√≠, Sof. Necesito que est√©s bien. ‚Äď Llen√≥ de besos las mejillas h√ļmedas de Sof√≠a. ‚Äď Extra√Īar√© cada una de tus pecas, y tus dedos. ‚Äď Dijo tomando una de sus manos entre las suyas. Sof√≠a sonri√≥. ‚Äď Estoy bien. Estar√© bien. S√≥lo‚Ķ No me olvides. ‚Äď Tamara bes√≥ la mano de Sof√≠a que ten√≠a entrelazada. ‚Äď Jam√°s. ‚Äď Ambas sonrieron. Tamara se acurruc√≥ en los brazos de Sof√≠a y reanud√≥ el tarareo. El sol comenzaba a esconderse, cogieron sus cosas y fueron a buscar las bicicletas. No hab√≠a nada m√°s bonito que caminar de la mano de Tamara, darle una vuelta como si estuvieran bailando y admirar el vestido esponjado, el cabello volando, sus ojos cerrados. Al llegar a casa revisaron de nuevo la lista de cosas que Tamara deb√≠a llevarse, bajaron las maletas, eran tres y la bolsa que llevar√≠a con ella en el avi√≥n. Ya en la camioneta pusieron su √°lbum favorito, que adem√°s era placer culposo por tratarse de Taylor Swift. Cantaron y rieron, Sof√≠a no solt√≥ la mano de Tamara en todo el trayecto.

El aeropuerto estaba como siempre: bullicioso, pero para Sof√≠a no hab√≠a ruido, ni gente, ni nada, m√°s que Tamara. Avanzaron entre la gente, documentaron las maletas y buscaron un caf√© para pasar los √ļltimos momentos juntas. No se sent√≠a real. Tamara sonre√≠a, pero se ve√≠a en su mirar que no estaba feliz. Bebieron su √ļltimo caf√© hablando sobre los mejores momentos, los m√°s graciosos y los m√°s rom√°nticos, charlaron sobre sus primeras veces: su primero beso, la primera vez que hicieron el amor, la primera vez que durmieron toda una noche juntas, la primera vez que se cuidaron enfermas; cuando se mudaron juntas, cuando muri√≥ la abuelita de una. No hab√≠a nada ni nadie en el mundo, m√°s que ellas dos sentadas en ese caf√©, hasta que una voz lejana, rob√≥tica, llam√≥ al abordaje. De nuevo todo perdi√≥ color, de nuevo se ahogaba y algo dentro de Sof√≠a gritaba y la rasgaba por dentro. Caminaron hasta la puerta donde se despedir√≠an. No pod√≠an soltarse, se abrazaron tan fuerte como dos gotas de agua haci√©ndose una. Llamaron de nuevo, Tamara dej√≥ ir a Sof√≠a, le dio un √ļltimo beso en la mejilla. ‚Äď Te amo, por siempre y para siempre. ‚Äď Murmur√≥. Y se fue. Sof√≠a quer√≠a gritar, quer√≠a correr. No pod√≠a mover ni un solo m√ļsculo. La vio alejarse como hab√≠a visto las hojas caer esa ma√Īana, como si estuviera detr√°s de una ventana.

No supo cu√°nto tiempo pas√≥ ah√≠ parada, al salir del aeropuerto hab√≠a anochecido ya. Condujo a casa sin m√ļsica, casi estrell√°ndose dos veces por no poder ver los sem√°foros a trav√©s de las l√°grimas. Lleg√≥ en modo autom√°tico a su cama, donde se hizo bolita, abrazando sus piernas. Todo ol√≠a a Tamara, todo ten√≠a a Tamara. Sof√≠a la llamaba entre los sollozos, como si fuera a escucharla, como si fuera a volver. El mar de l√°grimas parec√≠a no tener fin. Sof√≠a llor√≥ y llor√≥ hasta que se hizo agua, dejando la cama y el colch√≥n empapados, escurriendo hacia la alfombra donde Tamara pon√≠a los pies al levantarse de la cama. Llegando al ba√Īo, donde Tamara tarareaba cuando se arreglaba. Alcanz√≥ las escaleras, avanzando con cada vez menos cuerpo. Lleg√≥ a la cocina, donde sol√≠an bailar a la luz del refrigerador, estaba hecha gotas. Y ah√≠, por fin ces√≥ el llanto.

xx linette

Querida Teresita

El cuento de esta semana es una carta que pens√© que para nada funcionar√≠a y resultar√≠a cursi, pero la amaron ūüôä ¬°No se olviden de comentar! ūüėĆ‚≠źÔłŹ‚ú®


Querida Teresita

Por Linette Cozaya Otto

¬°Hola abuelita! He perdido la cuenta de las cartas que te he escrito. No es queja, sabes que lo hago con todo gusto y todo el amor del mundo. Estoy por terminar el tercer semestre de la maestr√≠a. Estoy encantada y s√ļper cansada. Muero porque termine y a la vez, s√© que cuando lo haga, la extra√Īar√© much√≠simo. Es tarde ahora, escrib√≠a un ensayo sobre existencialismo que no creo que est√© nada bien hecho, lo quemar√© cuando lo califiquen y me asegurar√© que nadie en la vida lo lea. No te creas. Puedes leerlo si quieres, o te lo leo yo, pero toma en cuenta que lo hice a las s√ļper prisas y que tanta reuni√≥n familiar nom√°s no ayuda a ser productivo en fin de semana. Hay mucho que contar, tanto que no s√© por d√≥nde empezar. Intentar√© hacerte un update por tema para que no se me vaya nada, ¬Ņvale?

Empezar√© con el pibe: ¬°ya tiene un diente flojo! ¬ŅLo puedes creer? Est√° padr√≠simo ya la vez no tanto, porque el dude sabe que me dan √Ī√°√Īaras y se la pasa mostr√°ndome c√≥mo se mueve. Lo √ļnico bonito de eso es que se muere de risa, y es de las cosas que m√°s me gusta escuchar en la vida, como a ti silbando cuando coses adornos navide√Īos con lentejuela y chaquira‚Ķ ¬Ņo es shakira? No, ¬Ņverdad? Aquella es la cantante cuyas caderas no mienten (hahaha). Ya, perd√≥n. Bueno, ahora no nada m√°s lo llevo a clases de Tae Kwon Do, oh no, ahora llenamos la semana y no tengo ni un respiro: salgo corriendo de la escuela o el trabajo para comer, ir con Poo por Santi, hacer tarea y lanzarnos a la actividad del d√≠a. Lunes y mi√©rcoles toca f√ļtbol, martes y jueves Tae, viernes descansamos poramordedios y s√°bados lo llevo al ballet. S√≠, ballet. El muy desatinado dijo el otro d√≠a que tambi√©n quer√≠a ballet y como ten√≠amos clases de Tae que reponer, nos dijo la chica de la escuela que pod√≠amos reponerlas con ballet, y henos ah√≠.

Est√° feliz, siempre sonriente y siempre lind√≠simo. Es s√ļper tolerante con las mil cosas que tengo que hacer yo, as√≠ que disfruta que lo acompa√Īe a ver una pel√≠cula mientras trabajo, por lo menos. Los viernes son favoritos porque son los d√≠as que s√≠ me pongo a jugar con √©l, cocinamos juntos, vamos al parque, bajamos a nadar o nom√°s nos acostamos en mi cama a mimar a Pookie. Creo que es un ni√Īo feliz. Espero que lo sea. Seguro vas a querer saber qu√© tal come, as√≠ que aqu√≠ va: horrible. ¬°Come much√≠simo, me va a dejar en la ruina! Y adem√°s, hace combinaciones rar√≠simas: pollo desmenuzado con leche de chocolate, Mar√≠as, y Coca-Cola rebajada con agua. Blegh. Pero come, que es lo importante. Cuando est√° de humor, prueba cosas, cuando no, no hay fuerza en el mundo que lo haga comer algo nuevo. Ahora es fan del Peperami y de revolver cereales, que es algo que aparentemente hered√≥ de m√≠ y yo cero me acordaba. Pap√° y mam√° me han contado que tambi√©n ellos lo hac√≠an, as√≠ que es una tradici√≥n milenaria, por lo que escuch√©. ¬ŅTambi√©n lo hac√≠as t√ļ? Me encantar√≠a saber qu√© combinaciones raras hac√≠as si no era con el cereal.

Sigamos con Sisi, anda de lo m√°s tranquila. Bueno, de pronto sabes que se vuelve medio loca y nos odia a todos, pero es nom√°s a ratos y creo que de hecho, pasa con menos frecuencia. Es la √ļnica que ha estado ejercitando como se debe, ya ves que adora ir a box, y pues est√° muy ruda la ni√Īa, han incrementado sus reflejos y la tonificaci√≥n de sus m√ļsculos. Me los presume a cada rato. Adem√°s me da mil risa que usa vendas diferentes, es decir, no tiene el par, literal perdi√≥ el par como si fueran calcetines. En fin, todo bien en su trabajo, ya ves que es s√ļper √Īo√Īa y se pone la camiseta del sitio donde labore. Entonces lo termina amando y sabiendo todo del lugar, que obvio no es perfecto y a veces vuelve muy tarde y cansada a casa, pero s√≠ se nota que predomina su amor por lo que hace por las cosas negativas, o no tan padres. Ahora le ha dado por mirar documentales y leer art√≠culos sobre calentamiento global, y aun as√≠ no ha visto Earthlings, que s√© que la har√° llorar. La verdad no s√© qu√© espera de tener toda esa informaci√≥n y de las mil im√°genes feas que luego utilizan esos medios. Es decir, ¬Ņpara qu√© torturarse viendo que la causa principal del calentamiento global es el consumo de carne y segmentos de c√≥mo maltratan a los pobrecillos como si estuvieran a nuestra disposici√≥n si de todos modos ella ya es vegana y no es como que va a cambiar la opini√≥n o postura de nadie? Cuando habla del tema, que obvio ella nunca saca pero siempre tiene que salir, termina apasion√°ndose, tirando datos, hechos, que de todos modos el que la est√° provocando no escucha. ¬°Es frustrante! Si no quieren escuchar c√≥mo est√°n jodiendo el mundo, no pregunten y ya. Ignorance is bliss. ¬ŅQu√© no? Perd√≥n, sabes que tambi√©n yo me apasiono, pero procuro no discutir, porque al final, s√© que estoy haciendo todo lo posible por hacer el menor da√Īo y, aunque eso no sea suficiente, lo estoy intentando.

Pasemos a mam√°, mejor. Est√° re linda con el corte nuevo que se ha hecho, adem√°s que se puso unos mechones m√°s claros que le dan una luz padr√≠sima en el rostro. Termina vi√©ndose mucho menos p√°lida de lo normal. El corte le acomoda un mont√≥n tambi√©n para la no cepillada y la no peinada, no s√© por qu√© le da tanta pereza eso, pero creo que as√≠ tiene una relaci√≥n m√°s sana con su cabellera. Sisi y yo estamos felices y orgullosas de ella porque ya dej√≥ el pollo y la carne, ¬°es una linda! Adem√°s, trata de arreglarse m√°s d√≠a con d√≠a. Sisi y yo tambi√©n, entonces vamos juntas a que nos depilen las cejas y el bigote, y a ella le ponen Gelish en las u√Īas, que es un barniz s√ļper hardcore que dura como tres semanas o m√°s. Est√° ca√Ī√≥n. Me parece que es feliz, a pesar de lo cansado de su trabajo y de las ocasionales peleas con Sisi o conmigo, o con Santi‚Ķ Lo adora con todo su ser y se la pasa consinti√©ndolo. No s√© si estar√≠as peor t√ļ que ella en ese tema. Es la m√°s orgullosa, como seguro est√°s t√ļ tambi√©n, de que lea en espa√Īol, ingl√©s y franc√©s, de que canta, baila y juega, y de que es lo m√°s grit√≥n en este mundo. Ahora anda muy emocionada porque ser√° la cena navide√Īa de la oficina y compr√≥ muchos regalos s√ļper padres para todos. Otra √Īo√Īa. Ha adoptado a tu hija menor, Teremoon, que siempre siempre est√° en la luna. Aunque creo que mam√° la ha hecho aterrizar un poquito. La ayuda much√≠simo. Est√° por hacer su examen de la preparatoria, luego ir√° a estudiar una licenciatura. Parece ni√Īa chiquita.

Ya para terminar, te cuento que llegu√© a los 27, que celebr√© como loquita, que me la vivo exhausta y presionada con mis mil cosas que hacer, pero estoy contenta. Amo lo que hago, amo lo que estudio, amo mi familia, no me falta nada. Por cierto, Pookie es un perfecto gordo: le compr√© una pechera tama√Īo grande y ¬°no le qued√≥! Est√°bamos muertos de risa por ello, pero sacando las croquetas de dieta tambi√©n. Y bueno, ya, hasta aqu√≠ te dejo, Abue, que me marcho a dormir. Espero todo est√© fant√°stico contigo y que no nos extra√Īes demasiado, nosotros a ti s√≠. Te amamos mucho, mucho, mucho. Te mandamos besos todos, hasta Pookie. Besos, Linette.

xx linette

La Bestia

Cuento con muchos fragmentos de mi ni√Īez¬†ūüėĆūüćɬ†No se olviden de comentar¬†ūüíô‚ú®


La Bestia

Por Linette Cozaya Otto

Jugaba con mi hermana todo el tiempo. √Čramos las mejores amigas. Ten√≠a dos a√Īos menos que yo. Era bonita, de largo cabello lacio y negro, llena de lunares por aqu√≠ y por all√°. De brazos fr√°giles, pero piernas fuertes. Era una ni√Īa feliz. Corr√≠a a lo largo de la cancha, el sitio donde sol√≠amos jugar cuando nuestra abuelita nos cuidaba por las tardes, y por los pasillos enmarcados de √°rboles, que hac√≠an del sitio un h√ļmedo, fr√≠o y misterioso bosque. Nos trep√°bamos en las paredes inclinadas de piedra que separaban cada bloque de edificios y ella lloraba cuando le daba miedo bajar. A veces la molestaba, pero siempre la cuidaba.

Muchas batallas se libraron en esos sitios. Muchas aventuras, que luchamos tambi√©n dentro del apartamento de abuelita. Mis primos tambi√©n ven√≠an a jugar entre semana: otro par de hermanos, otros dos a√Īos de diferencia entre uno y otro. Carla y Bruno, ella, la mayor. Podr√≠a decirse que est√°bamos siempre juntos. Com√≠amos, hac√≠amos la tarea y jug√°bamos horas y horas. A veces dentro de casa, a veces fuera. Luego ve√≠amos caricaturas mientras esper√°bamos que nuestros padres nos recogieran para ir a casa. Compr√°bamos a la se√Īora que gritaba ‚Äú¬°el paaaaaaan duuuuuuuuuul-ceeeeeeee a peso!‚ÄĚ y cen√°bamos con chocolate del que compraba abuelita y no era Chocomilk.

A veces nos dejaban solos, era divertido y terror√≠fico a la vez. Abuelita no podr√≠a llevarnos a todos a la tienda, era un desorden, as√≠ que nos encerraba y confiaba en que no destruir√≠amos la casa. Era cuando comenzaban los gritos: sin falta, en cuanto abuelita cerraba la puerta, se escuchaba a una persona gritar nuestros nombres. Ten√≠a la voz de mi t√≠a, la mam√° de Carla y Bruno, y gritaba como si estuviera enfadada, primero uno, luego otro, y as√≠ hasta gritar los cuatro y volver a empezar. Nos daba tanto miedo que nos encerr√°bamos en la habitaci√≥n de abuelita y nos sub√≠amos a la cama. Si a alguno le daban ganas de hacer pip√≠, √≠bamos todos al ba√Īo, nos met√≠amos en la regadera los tres que no usar√≠amos la taza y as√≠ pod√≠a proceder el del problema.

Los gritos no eran lo √ļnico que nos espantaba. Del piso de arriba escuch√°bamos canicas caer, pasos de ni√Īos corriendo, que no sab√≠amos si eran ni√Īos, pero eso nos imagin√°bamos. Todo el d√≠a, todos los d√≠as. El departamento de donde proven√≠an los sonidos, estaba deshabitado, as√≠ que un d√≠a decidimos visitarlo. Carla y yo √©ramos las m√°s grandes, y, por lo tanto, las m√°s valientes, as√≠ que entramos primero. Era un sitio h√ļmedo y fr√≠o, descuidado, se notaba en las paredes la marca de muebles que hab√≠an permanecido por mucho tiempo en su lugar. Dibujaban una mesa, un sill√≥n, un librero. Se escuchaba agua corriendo y m√ļsica de esas de cajita musical, que puede servir para arrullarte o asustarte. Avanzamos hacia las habitaciones, en la primera encontramos una bolsa cerrada de canicas. En la segunda una caja musical abierta con una bailarina rota que ya no bailaba. El ba√Īo ten√≠a la llave del lavabo abierta, as√≠ que la cerramos. Todo estaba sucio, desolado, triste. Cerramos el grifo, la cajita de m√ļsica y pusimos las canicas de la primera habitaci√≥n en una esquina.

Carla y yo salimos a avisar que no hab√≠a nada, que pod√≠an entrar y ver por ellos mismos. Anna y Bruno no quisieron entrar solos, as√≠ que los acompa√Īamos. Escalofr√≠os me recorrieron al entrar, se escuchaba la cajita musical y el agua corriendo. Mir√© a Carla, estaba blanca y r√≠gida, no dijo nada, pero entend√≠ que est√°bamos pensando y sintiendo lo mismo. Avanzamos con nuestros hermanos, descubrimos en la primera habitaci√≥n que las canicas se encontraban justo en medio de la pieza. En la segunda, la caja de m√ļsica. En el ba√Īo el grifo abierto. Carla y yo gritamos y salimos corriendo, nuestros hermanos nos siguieron sin entender, pero probablemente m√°s espantados que nosotras. Cuando recuperamos el aliento, explicamos lo sucedido y decidimos no volver ah√≠ jam√°s.

Los fines de semana eran feos cuando no ve√≠amos a nuestros primos, as√≠ que a veces los invit√°bamos a dormir. Jug√°bamos todo el d√≠a en la habitaci√≥n que compart√≠a con Anna y aun as√≠ no se acababa nuestra bater√≠a. Mam√° se enfadaba y se paraba en el marco de la puerta con los brazos cruzados y nos vigilaba hasta que nos qued√°bamos dormidos aguantando la risa. Cuando nuestros primos no ven√≠an a pasar la noche, a Anna y a m√≠ nos costaba trabajo conciliar el sue√Īo. Ten√≠amos un vecino que, est√°bamos seguras, no era humano, sino, una bestia come ni√Īos. Por las noches pod√≠amos escuchar sus aullidos y rugidos, nos escond√≠amos bajo las cobijas y dese√°bamos que no nos llevara.

En el invierno las noches se hac√≠an m√°s largas, eternas. La bestia no paraba de aullar y mor√≠amos de miedo al escuchar c√≥mo rasgaba las paredes del edificio intentando subir a nuestra ventana. Anna se acurrucaba en mi cama y ped√≠a que le contara historias para poder dormir. Una ma√Īana, Anna no despertaba, por m√°s que le insist√≠a yo que jugar√≠amos a lo que ella quisiera, no importaba que fueran las Barbies yendo de d√≠a de campo otra vez. Pap√° entr√≥ a la habitaci√≥n y pidi√≥ que llamara a mam√°. Un rato despu√©s, pap√° se la llev√≥, dijo que ir√≠an al hospital. Mam√° lloraba en el sill√≥n, la tom√© de la mano y llor√© con ella. Hab√≠a sido la bestia, estaba segura. Le expliqu√© a mam√° mi teor√≠a y me abraz√≥.

Mi mejor amiga no volvi√≥ y yo jam√°s perdon√© a la bestia. Nada fue igual despu√©s. Ning√ļn juego con Carla y Bruno era divertido ya. La cancha era muy corta, los pasillos con √°rboles muy normales. Ning√ļn grito de t√≠a enojada me asustaba, ni las canicas del piso de arriba. Me sentaba a la mesa a ver c√≥mo cos√≠a abuelita, o c√≥mo hac√≠a sus cuadros de repujado.

Me promet√≠ buscarla y traerla de vuelta, pero no he sabido por d√≥nde empezar. Busqu√© en pasillos oscuros y en los ba√Īos de la escuela, porque todos dec√≠an que ah√≠ habitaba una ni√Īa fantasma, quiz√° ella sab√≠a algo de la bestia. Algunas veces intent√© volver al apartamento embrujado, pero siempre estaba cerrado. ¬ŅD√≥nde m√°s pod√≠a buscar? Mam√° dec√≠a que la pod√≠amos visitar en la iglesia, pero no cre√≠ que estuviera ah√≠, no la sent√≠a y a ella tampoco le gustaba ese lugar.

Abuelita me llevaba a pasear cuando no ven√≠an Carla y Bruno. Camin√°bamos entre pasto reci√©n cortado y √°rboles que hacen mucha sombra. Es el tipo de lugar que le gustaba a Anna. Le cantaba, esperando me escuchara, para que volviera, y abuelita silbaba para acompa√Īarme. En la escuela no vi a la ni√Īa del ba√Īo, pero siempre preguntaba en voz alta si hab√≠a visto a Anna, por si me estaba escuchando. Pasaron los d√≠as y me aplastaba el peso de su ausencia. ¬ŅPor qu√© no quiso llevarme a m√≠ la bestia? Mis mu√Īecas estaban tristes, nadie las hab√≠a cepillado, el juego de t√© y la comida, se empezaban a llenar de polvo. Me dol√≠a el pecho y no ten√≠a ganas de comer, no ten√≠a ganas de jugar, de correr.

Una noche escuch√© de nuevo el rugido de la bestia: hab√≠a despertado. Mi coraz√≥n lati√≥ m√°s fuerte que nunca, guard√© silencio, cerr√© los ojos y esper√©. Cuando los abr√≠ de nuevo, Anna estaba ah√≠, sonri√©ndome, me hab√≠a estado esperando. Nos abrazamos y corrimos en el gran sitio en el que nos encontr√°bamos, era justo como a Anna le gustaba: verde, con muchos √°rboles, el cielo claro y las nubes gordas. Le cont√© todo lo que hab√≠a pasado en su ausencia, le dije lo mucho que la hab√≠a extra√Īado. Pap√° y mam√° no estaban ah√≠, pero s√≠ nuestros juguetes, nuestra habitaci√≥n y la cocina, repleta de comida. Peluches y mu√Īecas perfectamente peinados nos saludaron con sus sonrisas permanentes y los sentamos a todos a beber el t√© que Anna ya hab√≠a preparado. No volv√≠ a llorar jam√°s.

xx linette

Perdida.

Un cuento m√°s. No lo odien, s√≠ comenten. Gracias por leer ūüíô


Perdida

Por Linette Cozaya Otto

No s√© c√≥mo empezar esto. Pens√© que los muertos no hablaban. Yo s√≠ hablo. Y bueno, ¬°qui√©n iba a pensar en un muerto escribiendo! Pero heme aqu√≠, lista para contar lo que pas√≥, aunque nadie en el mundo lo lea. Tengo, bueno, ten√≠a doce a√Īos cuando empez√≥ todo. Era una ni√Īa feliz: ten√≠a muchas amigas en el cole, con las que sal√≠a al cine, a la plaza y a pijamadas. Era parte del equipo de volibol y del grupo de coro. Me gustaba la escuela: ten√≠a mucho sol y plantas, risas y juegos. El uniforme era lindo: una falda verde que repet√≠amos tres veces a la semana, con medias azules, zapatos negros, una playera blanca s√ļper casual y su√©ter azul oscuro. Los dos d√≠as restantes us√°bamos pants azul marino con la misma playera.

Sol√≠a ser bonita, o as√≠ me consideraba yo. Ten√≠a p√°lida piel con lunares, facciones finas, cabello oscuro y abundante, ojos grandes, dientes tambi√©n, que a veces amaba y a veces odiaba: pod√≠a ser una conejita bonita e interesante o una √Īo√Īa y fea. Me gustaba peinarme de mil formas distintas, a veces me hac√≠a coletas, luego lo llevaba suelto; el peinado preferido era trenzado. S√≠, sol√≠a ser bonita. Ahora soy una piltrafa. Mi piel se cae a pedazos, mi cabello est√° seco. Me desmorono y lo odio. Estoy sola en un sitio tan fr√≠o como me figuro que es la Ant√°rtida. Escucho y siento roedores y gusanos y no puedo hacer nada para sac√°rmelos. Seguro se preguntan c√≥mo he llegado aqu√≠. Se lo preguntar√°n aun cuando termine de contar la historia.

Todo comenz√≥ con mi t√≠o. S√≠, leyeron bien. Mi t√≠o. Era un hombre alto, guapo, gracioso y divertido. No hab√≠a persona que no lo adorara. Cuando llegaba a visitarnos, me lanzaba a sus brazos para que me diera vueltas hasta casi vomitar. Viv√≠a fuera de la ciudad, sus visitas eran de varios d√≠as, en los que nos desvel√°bamos todos jugando domin√≥ y p√≥ker. Lo consideraba mi mejor amigo, le contaba mis sue√Īos y pesadillas, mis juegos favoritos y lo que quer√≠a ser de grande. √Čl era lindo conmigo, me escuchaba con atenci√≥n. Siempre fue tan cari√Īoso que no supe en qu√© momento dej√≥ de ser el cari√Īo de un t√≠o. ¬ŅY cu√°l es el cari√Īo de un t√≠o? No lo s√©, no s√© ni entiendo nada ya.

Lo corrieron de su trabajo, cuando yo ten√≠a, como les platicaba, doce. Vino a la ciudad y mam√° le dijo que se hospedara en casa el tiempo que necesitara. Est√°bamos todos muy felices, imag√≠nense, tener a un mejor amigo como roomie, nada m√°s m√°gico que eso. ¬ŅVerdad? Pues no. La primera vez que sent√≠ que algo no andaba bien fue extra√Īa y fugaz. Me alistaba para ir al colegio, era d√≠a de falda. Cog√≠ una rebanada de pan y me par√© al lado de mi t√≠o, que estaba sentado a la mesa bebiendo caf√© y mirando cosas en el m√≥vil. O eso pens√© yo. Me miraba a m√≠. E hizo m√°s que mirar: puso la mano en mi pierna y la subi√≥ hasta rozar mi ropa interior. No dej√≥ de sonre√≠r mientras me deseaba un buen d√≠a en la escuela. Estaba congelada, confundida. ¬ŅPor qu√© sonre√≠a de esa forma si sab√≠a que eso no estaba bien? ¬ŅPap√° no ve√≠a lo que estaba pasando? Y si lo ve√≠a, ¬Ņno me ir√≠a peor a m√≠? Mam√° grit√≥ desde la puerta que era hora de irnos y sal√≠ volando como corredor que escucha el disparo. No mir√© atr√°s e intent√© no pensar m√°s en lo que hab√≠a sucedido. Ese d√≠a no com√≠. No estaba segura de lo que hab√≠a pasado, si hab√≠a sido bueno o malo. Si yo hab√≠a sido buena o mala. No llegu√© a ninguna conclusi√≥n.

Llegar a casa iba a ser dif√≠cil: quer√≠a que mam√° o pap√° estuvieran presentes. Sab√≠a que las probabilidades de que eso pasara eran pocas. Me qued√© charlando un rato m√°s con mis amigas despu√©s del entrenamiento, quiz√° si tardaba, llegar√≠an antes que yo a casa. Y no. Son√≥ mi tel√©fono. Que si ya hab√≠a salido de clase, mi t√≠o pod√≠a darme un avent√≥n. Hab√≠a ido a una entrevista cerca del cole y el acomodo de tiempos no pod√≠a haber sido m√°s perfecto. Seg√ļn √©l. Descubr√≠ que estaba nerviosa, as√≠ que intent√© calmarme pensando que hab√≠a sido un malentendido. √Čl estaba como si nada, y as√≠ nos fuimos todo el rato: como antes, como si lo de en la ma√Īana jam√°s hubiese pasado. En casa tambi√©n estuvo normal, pasado un rato, me tranquilic√© y fue como cualquier otro d√≠a: vimos pelis, comimos galletas y luego me fui a dormir.

Todo anduvo normal despu√©s de ese d√≠a. Me convenc√≠ de que hab√≠a sido un error y que no volver√≠a a pasar. No lo habl√© con nadie, ni siquiera con √©l. Lo ‚Äúnormal‚ÄĚ se fue al ca√Īo una semana despu√©s, cuando toc√≥ mi espalda mientras le√≠a en la sala. Se eriz√≥ mi piel y levant√© la mirada bruscamente, para encontrarme con que se hab√≠a puesto en cuclillas frente a m√≠, de manera que sus ojos quedaban al nivel de los m√≠os. Pregunt√≥ si hab√≠a besado a alg√ļn chico ya, me sonroj√© y negu√©. ¬ŅC√≥mo se atrev√≠a a preguntarme esas cosas? Dijo que ya era edad para que habl√°ramos de chicos y de las cosas que hacen. Quer√≠a levantarme y esconderme en mi habitaci√≥n. Se rio echando la cabeza hacia atr√°s, se levant√≥ y me dej√≥ ah√≠. Como siempre, sin entender nada.

Pregunt√© a mis amigas, al otro d√≠a, si hab√≠an besado chicos ya. Algunas s√≠, otras no. Dijeron que no era la gran cosa y dejamos el tema de chicos a un lado. Esa tarde estuve muy distra√≠da. Ahora que puedo analizarlo, me doy cuenta que fall√© en notar c√≥mo me miraba mi t√≠o, c√≥mo me segu√≠a por la casa. Entr√≥ a mi habitaci√≥n y se acost√≥ a mi lado. No pude concentrarme m√°s en el libro que ten√≠a que terminar para el siguiente d√≠a. Toc√≥ mi pierna, y como aquella ma√Īana, intent√≥ subir la mano. Lo detuve y ped√≠ que se marchara. Sonri√≥ y dijo que era s√≥lo un juego, que me ense√Īar√≠a c√≥mo besar chicos para que no hiciera el rid√≠culo. No quer√≠a y aun as√≠ me bes√≥. Me toc√≥ e hizo que lo tocara. Se fue despu√©s de un rato, record√°ndome que si dec√≠a una sola palabra, me ir√≠a terrible: pap√° sentir√≠a asco de m√≠, mam√° estar√≠a tan decepcionada. No abr√≠ la boca. Llor√© en silencio hasta que me qued√© dormida.

La siguiente tarde pas√≥ por m√≠. Otra entrevista cerca. Ya no le cre√≠a. Me hizo cosas horribles. Estaba adolorida y triste. Me daba asco mi propia piel, y por m√°s que apretara mis u√Īas contra ella, no pod√≠a arranc√°rmela. Jam√°s hab√≠a tardado tanto en un ba√Īo, no quer√≠a cerrar el grifo, no dejaba de estar sucia. Y era todo mi culpa, por ponerme falda para el cole, dijo mi t√≠o. Yo lo hab√≠a provocado con todas las sonrisas, por treparme en √©l y pedir que me cargara. El tiempo ya no pasaba. Dej√© de entrenar. La comida ya no me importaba. Mi t√≠o pasaba por m√≠ justo despu√©s de clases y me hac√≠a lo que quer√≠a. ¬ŅQu√© pensar√≠a pap√° de todo esto? Seguro me desheredaba. Mi t√≠o dec√≠a que me amaba, que era lo m√°s importante en su vida y que entonces no pod√≠a dejarlo nunca. ¬ŅY qu√© pasaba si lo dejaba? Ten√≠a miedo. Mam√° y pap√° me odiar√≠an por hacer tan infeliz al t√≠o, y no quer√≠a que me odiaran.

Un d√≠a en clase decid√≠ que ya no aceptar√≠a m√°s. Llevaba noches pensando que no quer√≠a seguir con esto. Pens√© en lo mucho que me odiar√≠an pap√° y mam√°, pero no pod√≠a con el asco de mirarme al espejo antes de ir a dormir. Temblaban mis manos cuando mi t√≠o pas√≥ por m√≠. Le ped√≠ en el carro que no me tocara m√°s. Una bofetada fue la respuesta. ¬ŅC√≥mo se me ocurr√≠a semejante tonter√≠a? ¬ŅNo sab√≠a c√≥mo me ir√≠a si mis padres se enteraban? La amenaza era clara: les dir√≠a en el segundo que yo no quisiera m√°s estar con √©l. El camino a casa era sinuoso: justo despu√©s del √ļltimo sem√°foro, pas√°bamos al lado de barrancas con frondosos √°rboles. Llegamos al √ļltimo cruce, estaba en rojo. Baj√© del auto y corr√≠.

Corr√≠ como jam√°s lo hab√≠a hecho. Me dol√≠an las piernas y pens√© que me explotar√≠an del esfuerzo. No ve√≠a bien, las l√°grimas nublaban el camino. Tropec√© y ca√≠. Sent√≠ que fueron horas. Golpe√°ndome aqu√≠ y all√°, la rodilla, el antebrazo. Luego, el golpe mortal en la cabeza. Segu√≠ rodando abajo, ya sin aire en los pulmones, sin pulso en la mu√Īeca, ni se√Īales en el cerebro. Y qued√© escondida entre la naturaleza, disfrazada por el lodo y la sangre, la tierra y las l√°grimas. No s√© si mam√° y pap√° me buscaron. No s√© si alguna vez se enteraron. Los extra√Īo y quiero volver a casa. Llegamos al principio: yo escribiendo esta historia para ustedes. ¬ŅAprendieron algo? Y si yo lo hice, ¬Ņme sirve de algo? No hay nada ya que pueda hacer. Gracias por leerme. No s√© tampoco c√≥mo terminar.

xx linette

Otra taza de caf√©

Holi, les dejo un cuento nuevo, el tema, escogido en clase, fue el d√≠a de muertos…¬†Sali√≥ esto. ¬°Espero les guste! Se vale comentar ūüôā


Otra taza de café

Por Linette Cozaya Otto

La habitaci√≥n se encuentra perfumada: montones de flores de cempazuchitl se acomodan alrededor de la mesa. Las velas iluminan pobremente las blancas paredes, las fotograf√≠as viejas que miran sin mirar, la comida fr√≠a que descansa esperando ser comida. En medio, la foto m√°s grande muestra a una mujer de ojos grandes, color miel, cabello con cortos caireles casta√Īos que enmarcan su p√°lido rostro. Arrugas se acent√ļan con la sonrisa insinuada y sincera, otras, se asoman al lado de cada ojo. Su nariz, fina, tiene la justa medida.

‚ÄúHola Teresita‚ÄĚ, dice Victoria entrando con una taza de caf√©. La pone frente al retrato. ‚Äú¬ŅEste a√Īo s√≠ vas a venir? No le puedes decir que no al caf√©. Tambi√©n te he tra√≠do pan dulce: conchas y donas.‚ÄĚ Es una chica chaparrita, tiene el cabello casta√Īo, casi negro, ojos caf√©s, pesta√Īas chinas, la misma piel p√°lida. Se sienta en el suelo, delante de la ofrenda, saca de su bolso un libro y se pone a leer en voz alta. Lee s√≥lo un p√°rrafo, levanta la mirada.

‚Äú¬ŅTe acuerdas de aquella vez que llor√© porque no hab√≠a entendido el libro ese de la secundaria? Algo de un Doctor Le√Īaverde‚Ķ Te dije lo mucho que lo hab√≠a detestado, te narr√© con santo y se√Īa lo que no me hab√≠a parecido‚Ķ Y nom√°s para que me dijeras: Pues, ¬Ņqu√© no entendiste? ¬°Me lo has contado todo perfectamente!‚ÄĚ Victoria r√≠e, poco a poco se serena. ‚ÄúTen√≠as raz√≥n, lo entend√≠ perfecto y me chocaba que no hab√≠a tenido ning√ļn sentido en mi cabeza.‚ÄĚ Cierra el libro y se acerca m√°s a la mesa, mira la foto de frente. Se levanta y sale de la habitaci√≥n.

Victoria vuelve, trae otra taza de caf√©, la envuelve con ambas manos. Se sienta frente al retrato y levanta la bebida con adem√°n de brindis. ‚ÄúMejor as√≠, ¬Ņqu√© no? Debo contarte mucho. Te has perdido de tantas cosas. Primero, mi hermano ha terminado la carrera, con honores, como era de esperarse. Se fue a estudiar un rato a otro sitio y nos manda postales incre√≠bles. A veces llama para comer conmigo, aunque a m√≠ me toca el desayuno, el punto es que charlamos mientras comemos. Estar√≠as orgullosa. Mam√° hace lo que siempre ha hecho: intensearse con el trabajo, aunque ha mejorado, ya se da tiempo para cositas suyas, se arregla las u√Īas, bueno, paga para que se lo hagan, y le depilan las cejas, le peinan el cabello. Est√° feliz, aunque a veces la escucho habl√°ndote, busc√°ndote. Cuando tiene malos sue√Īos la despierto y le digo que le mandas besos.‚ÄĚ

‚ÄúTe has perdido la mejor parte de mi vida. No es reclamo. S√≥lo digo. Que si no te hubieras ido, estar√≠as pas√°ndolo bomba con nosotros, y no quiero presumir, pero tambi√©n estar√≠as orgullosa de m√≠.‚ÄĚ Bebe dos tragos de caf√©, inhala y descansa la taza en su regazo. ‚ÄúAyer fuimos a un sitio s√ļper lindo. Te extra√Īamos. Hablamos de lo que te hubiera gustado, y recordamos el √ļltimo domingo que pasamos juntos. La √ļltima vez que nos contaste sobre aquel perico que ten√≠a tu t√≠o, me encantaba tu sonrisa al imitarlo con su – ¬°TerequeTerequeTere! -.‚ÄĚ Suspira. ‚ÄúTodos los dem√°s est√°n bien. T√≠as y t√≠os, primas y primos‚Ķ Tenemos sobrinos nuevos. Parece ser que estamos repoblando el cacho de suelo donde sol√≠amos sentarnos para el intercambio navide√Īo. Creo que ninguno te ha superado.‚ÄĚ

El fuego de las velas baila como si el viento hubiera pasado. El caf√© en la mesa se consume, poco a poco, como si le estuvieran dando peque√Īos sorbos, quedan tres cuartos de caf√©. ‚Äú¬ŅTe ha gustado? Creo que lo preparo m√°s fuerte de lo que sol√≠a. ¬ŅTe acuerdas la navidad que te rompiste el brazo? Vi√©ndolo ahora, ha quedado como una buena historia, pero en el momento todos est√°bamos que nos mor√≠amos. Parec√≠as la se√Īora Potts con el brazo permanentemente levantado.‚ÄĚ R√≠e y baja la mirada. Bebe otro sorbo de caf√©. ‚ÄúEl mes pasado nos dio por volver al teatro, te hubiera encantado lo que vimos. Aunque ning√ļn musical ni obra de teatro guarda un espacio tan grande como el que amabas porque ten√≠a boleros: B√©same Mucho, ¬Ņte acuerdas?‚ÄĚ Toma una bocanada de aire y canta. ‚ÄúAquellos ojos verdes de mirada serena dejaron en mi alma eterna sed de amar, anhelos de caricias, de besos y ternuras, de todas las dulzuras‚Ķ ‚Äú Su voz se quiebra, pone el caf√© sobre la mesa y se cubre la cara con ambas manos.

Jala las mangas para que sobresalgan y con ellas limpia su rostro. Coge de nuevo su taza y la recarga en el regazo. El caf√© de la mesa disminuye otro poco. ‚ÄúVeo que te ha gustado, me alegra.‚ÄĚ Bebe de la taza, se acomoda el cabello. ‚ÄúSo√Ī√© contigo, el otro d√≠a, viniste a visitar, ¬Ņverdad? Estuvo muy acertada tu aparici√≥n. Me he aferrado al abrazo que me diste en ese sue√Īo, y he estado muy tranquila, dijiste que todo estar√° bien y te creo. ¬ŅViste que mi t√≠a me regal√≥ una foto tuya de cuando √≠bamos a Veracruz? Te ves feliz, mucho. Esos d√≠as eran lo mejor, entre naipes, comida, playas y la casa llena tan de gente que nos amonton√°bamos para dormir.‚ÄĚ Se extingue el caf√© en la mesa. Victoria mira la fotograf√≠a. ‚Äú¬ŅVendr√°s pronto a visitar? ¬ŅPor favor? ¬ŅLo prometes?‚ÄĚ

Se escuchan inquietos pasos fuera de la habitaci√≥n, se abre la puerta, se asoma un ni√Īo de ojos grises y cabello despeinado: ‚Äú¬ŅMami? ¬ŅYa podemos ir al parque? Ya me lav√© las manos.‚ÄĚ Un perro lo empuja y se mete a la habitaci√≥n, se acerca a Victoria y lame las l√°grimas de sus mejillas. ‚ÄúS√≠ amor, dile adi√≥s a tu bisabuela. Comper, perro.‚ÄĚ, dice Victoria mientras se levanta. Coge la taza vac√≠a de la mesa y la acomoda junto a la suya en la mano izquierda. ‚ÄúGracias por venir. Te amo, te extra√Īo.‚ÄĚ Se vuelve hacia la puerta, toma de la mano al peque√Īo y salen del cuarto. Victoria siente el viento tibio y suave de hace un rato. Las velas bailan de nuevo. Sonr√≠e y cierra la puerta.

xx linette