El camino a la luna

Quer√≠a un cuento que no tuviera final feo. No se olviden de comentar. ūüĆô‚ėĄÔłŹūüíę‚ú®
Sugerencia de lectura: escuchar Lunar Sea de Camel:


El Camino a la Luna

Por Linette Cozaya Otto

Fetia miraba las estrellas antes de irse a dormir. Su madre la dejaba admirarlas con la ventana abierta, siempre que no lloviera. Le gustaba que el c√°lido aire acariciara su cara y despeinara su casta√Īo cabello. Ten√≠a los ojos grises, grandes, brillantes, reflejaban toda la inocencia que una ni√Īa de cinco a√Īos puede tener. De piel suave y mejillas rosas, ten√≠a el cuerpo menudo e inagotable energ√≠a. Apagaba la luz para encontrarse de frente con la luna, su habitaci√≥n se sum√≠a en una oscuridad interrumpida solamente por las estrellas fluorescentes que ten√≠a pegadas en el techo. Hablaba con las estrellas, mandaba besos a la luna y se marchaba a dormir.

Viv√≠a en un apartamento amplio, al que le entraba mucha luz de d√≠a y nada de noche. Ten√≠an dos gatos traviesos con los que jugaba por las tardes: Inti y L√ļa, el primero blanco con la nariz rosa, un ojo verde y uno azul; la segunda, negra con las patitas blancas, como si trajera botines. Fetia tambi√©n hablaba con ellos, le contaban historias de todo tipo: d√≥nde viv√≠an las brujas, por qu√© no les agradaban los perros, el origen de la vida o de qu√© trataban las canciones de los grillos. La historia que m√°s le gustaba escuchar era la del camino a la luna.

Para llegar a la luna, lo que una ten√≠a que hacer era charlar con las estrellas, hacerse su amiga, contarles chistes y secretos. Una vez que consiguieras la amistad de ocho estrellas, pod√≠as pedirles que se alinearan para usarlas de escalera y, entonces, llegar a la luna. A Fetia le emocionaba mucho la idea, es por eso que cada noche se acercaba a ellas y les contaba sobre el camino de piedritas que hab√≠a acomodado en la maceta del balc√≥n para llevar a las hormigas a las migas de pan que les dejaba cada ma√Īana; les contaba sobre el rinc√≥n en el armario de mam√° donde se escond√≠a para ver brillar el reloj que le hab√≠a regalado abuelita Aurora; tambi√©n sobre los amigos que hac√≠a cuando jugaba en el parque, y de las veces que daba las sobras de comida a Inti y L√ļa, sin que la viera mam√°.

¬ŅCu√°nto tiempo era necesario para entablar una buena amistad con una estrella? No importaba, en realidad, lo hac√≠a con gusto, no conoc√≠a a nadie m√°s que tuviera amigas estrellas… No conoc√≠a a nadie m√°s que hablara con ella. En el colegio, las ni√Īas eran malas con Fetia, no la invitaban a jugar y le ense√Īaban la lengua; los ni√Īos, en cambio, la empujaban, le hac√≠an caras y le cantaban ‚Äúqu√© fea que es Fetia, qu√© fea que es Fetia‚ÄĚ. No importaba, era feliz qued√°ndose en el sal√≥n con Miss Lul√ļ, la ayudaba a repartir los materiales que utilizar√≠an al terminar el recreo y se sentaba a dibujar a sus amigas estrellas.

No hab√≠a momento en el d√≠a que le gustara m√°s a Fetia que la hora de ir a dormir. Su mam√° cepillaba sus largos bucles mientras cantaban alguna canci√≥n de cuna y, por fin, la dejaba sola para que pudiera poner al tanto a sus estrellas de lo que hab√≠a aprendido en la escuela. Cada vez las ve√≠a y sent√≠a m√°s cerca, la luna m√°s grande, las estrellas m√°s brillantes. ¬ŅSer√≠a que se acercaba el momento de visitar a la luna? Inti y L√ļa ven√≠an a acurrucarse con ella. ‚ÄúCasi es hora, Fetia‚ÄĚ, le dec√≠an, y su coraz√≥n se llenaba de luz y calor, electricidad corr√≠a por su cuerpo y saltaba a la cama para arrullarse con la luna mir√°ndola desde su sitio.

Los viernes eran los d√≠as que hac√≠an manualidades en el colegio. Cosas sencillas como pintar una cartulina o m√°s elaboradas como adornos para la casa. Fetia pens√≥ en hacer un regalo para sus amigas las estrellas, ese d√≠a trabajan con cart√≥n y pinturas, una gran estrella con diamantina dorada ser√≠a un gran detalle para ellas. Trabajaba con ah√≠nco en la haza√Īa pensada cuando alguien la tom√≥ del cabello, que ese d√≠a alzaba en una coleta. En un segundo lo sinti√≥ liberado, puso la mano en la nuca, ya no estaba el gran mo√Īo que la hab√≠a adornado. Al voltear, Sebasti√°n, sonriendo victorioso agitaba el gran mech√≥n de cabello en la mano. Gotas gordas rodaron por las mejillas de Fetia. Miss Lul√ļ los llev√≥ a ambos fuera del sal√≥n, llamaron a ambos padres y decidieron un castigo para Sebasti√°n. El regalo a las estrellas se hab√≠a arruinado con las l√°grimas.

Estaba decidido, Fetia preguntar√≠a a sus amigas estrellas si pod√≠a visitar ya a la luna. No quer√≠a mirarse al espejo, mam√° hab√≠a llorado al verla despu√©s de la escuela, seguro que se ve√≠a horrible. Quer√≠a irse a casa, tardaron en salir, tuvo que escuchar los muchos gritos de su madre a Miss Lul√ļ. Despu√©s de jugar y leer cuentos, por fin era la hora de dormir. Dientes lavados, cabello cepillado (lo poco que quedaba), beso de mam√° y persiana abierta: estaba lista. Inti y L√ļa vinieron a acompa√Īarla, saludaron a las estrellas y Fetia pidi√≥ que se alinearan para ella. ¬°Lo hicieron! Su sonrisa era gigante, sus ojos brillaban m√°s que nunca. Abri√≥ la ventana, la noche era c√°lida. Extendi√≥ el presente que hab√≠a hecho para ellas, las estrellas brillaron con m√°s intensidad.

‚ÄúMuchas gracias por el hermoso regalo que nos has tra√≠do‚ÄĚ, dijo la estrella que m√°s se acerc√≥. Se acomod√≥ debajo de la ventana para que Fetia pudiera salir y pararse sobre ella. Inti y L√ļa la siguieron. Los tres en la estrella se elevaron. Ve√≠an c√≥mo las casas se alejaban, c√≥mo ondeaban las cortinas de la vecina de enfrente y a Sans√≥n ladr√°ndoles desde el jard√≠n de do√Īa Julia. El aire era tibio y acariciaba con amor las mejillas de Fetia. Llegaron a donde se encontraba la segunda estrella, ‚Äúbuenas noches‚ÄĚ, saludaron todos. Agradecieron a la primera y pasaron a la siguiente. La segunda estrella era todav√≠a m√°s brillante, les habl√≥ sobre lo bello y c√°lido que era el sol y sobre los planetas que a veces visitaba, Saturno con sus anillos, bailaba como loco cuando iba a verlo, en cambio Plut√≥n era fr√≠o y se la pasaba ofreciendo t√© calient√≠simo y disculpas por el clima.

La tercera estrella se llamaba Ti, le gustaba el olor del chocolate y el pan reci√©n horneado. Confes√≥ que era una esp√≠a secreta de los humanos: fan de mirarlos cuando m√°s lo hac√≠a, cuando se relajaban y se rascaban la nariz, dejaban inflar la barriga y se miraban en el espejo para hacer caras graciosas o tener conversaciones que con nadie m√°s ten√≠an. Los humanos eran algo extra√Īo y fascinante para Ti, apuntaba todo en un diario y luego le contaba a sus amigas estrellas, que la escuchaban atentamente. Estrellina era la cuarta, ¬°s√≠, como la famosa del cuento! Y el nombre le quedaba perfecto, era igual de intensa y traviesa. La diferencia es que Estrellina jam√°s se hab√≠a extraviado, era muy apegada a su familia, rara vez se separaba de su hermana: la quinta estrella con ella conversaron sobre el horrible d√≠a que hab√≠a tenido Fetia. Inti y L√ļa estaban enfadados con el ni√Īo que le hab√≠a hecho da√Īo, pero sab√≠an que Fetia era muy fuerte y que ese ni√Īo no merec√≠a ocupar ni un segundo de rencor en sus corazones.

La sexta y séptima estrella venían tomadas de la mano. Eran estrellas fugaces: viajeras por excelencia, las hadas madrinas del cielo. Fetia les pidió sólo un deseo: que mamá y papá estuvieran bien y no se preocuparan por su ausencia. Ellas podían con cualquier deseo. La octava estrella, Fi, era la menos platicadora, así que Fetia se puso a cantar con ella hasta que subieron tan alto que la octava estrella los dejó justo encima de la luna, que esa noche era cuarto creciente.

Saludaron a la luna con una reverencia, ella bati√≥ sus pesta√Īas y salud√≥ insinuando una sonrisa. Su voz era profunda, sensual y suave a la vez. Era enorme, brillante, elegante, preciosa. Inti y L√ļa no paraban de embarrarse contra ella y ronronear. Fetia no pod√≠a creer que la tuviera tan cerca, podr√≠a hablar con ella toda la noche. Hablaron sobre la escuela, Fetia era una excelente estudiante, sacaba diez en todas sus planas y dibujos. Sus maestras la quer√≠an mucho, la dejaban comer junto a ellas cuando las ni√Īas de la clase le cerraban el c√≠rculo. Fetia le cont√≥ el vac√≠o que sinti√≥ gracias al nuevo corte de cabello, c√≥mo le hab√≠a dolido como si hubiera sido un brazo o una pierna. Explic√≥ c√≥mo se hab√≠a echado a perder el regalo que hab√≠a hecho a las estrellas, que a√ļn as√≠ ellas hab√≠an amado. Le dijo sobre su abuelita, que silbaba mientras cocinaba, sobre c√≥mo re√≠a su mam√° y c√≥mo roncaba su pap√°. Despu√©s de horas y horas de charla, se acomodaron en la luna como si fuera una cuna, y ella los meci√≥ hasta que se quedaron dormidos. Fetia se sent√≠a por fin en casa.

xx linette

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El escritor

Esto no tiene ni pies ni cabeza. Es un mon√≥logo que me pidieron para clase de cuento, donde ten√≠a que presentar al protagonista de la historia que escribir√≠a. Se los dejo ac√° porque es un personaje que me cae bien. (Insertar meme de “qu√© agradable sujeto”.) ‚ėļÔłŹūüďö‚ú®


Soy un escritor, o al menos eso pretendo. Trabajo en una librería que se encuentra, literalmente, dos pisos debajo del mío, y cualquier espacio libre que encuentro en mi tiempo, lo uso para escribir. Vivo en un apartamento con mi gato, Gato. No estamos atrasados con la renta y nos acoplamos bastante bien, es un gato casero y encimoso.

Me gusta escuchar m√ļsica, desde cl√°sicos como Mozart, Bach, Paganini y Chopin hasta ‚Äúlos cl√°sicos‚ÄĚ, como Pink Floyd, Queen y The Beatles, adem√°s de darle siempre la bienvenida a todo lo nuevo que descubro. Tambi√©n disfruto del cine, desde el m√°s comercial hasta el menos. Me encanta ir al cine, o sentarme en casa con caf√© a descubrir directores, m√ļsicos, actores. Visitar galer√≠as de arte, exposiciones, salir al teatro o ver un ballet, cada forma de arte es para m√≠ una explosi√≥n de emociones y colores, de l√°grimas y latidos acelerados, momentos de felicidad total que me hacen sentir que la humanidad no es tan mala como la pintan las noticias y redes sociales.

Pero lo que m√°s me gusta es leer, invitar a personajes a viajar conmigo en el tren, a beber caf√© conmigo, a sentarse en mi balc√≥n, y conocerlos, lo m√°s que se pueda, lo m√°s que nos deje su creador. Me parece magn√≠fico la idea de compartir historias, de crear vidas, con pasados, presentes y futuros, por eso escribo, aunque a veces no vaya a ning√ļn lado, cada cuento, ensayo, intento de novela, guion, es un cacho de m√≠ que voy dejando. Aunque nadie lo lea. Aunque a nadie le importe.

No tengo muchos amigos. Los pocos que tengo, son parecidos a m√≠, llenos de ansiedad social y compromisos consigo mismos para ver series en Netflix, as√≠ que nos vemos escasamente dos veces al a√Īo. Aun as√≠ s√© que cuento con ellos, y ellos saben que es rec√≠proco. Mi familia en cambio, es muy social, muy ‚Äúunida‚ÄĚ, dir√≠a mam√°. Tienen la mala costumbre de reunirse por lo menos una vez al mes, siempre con el pretexto de alg√ļn cumplea√Īos: sacan el caf√©, los chilaquiles y el pastel que le guste al festejado. Aqu√≠ debo hablar un poco sobre la obsesi√≥n que tenemos en la familia con el caf√©: todos, absolutamente todos lo bebemos, y aparentemente lo necesitamos para poder iniciar nuestros d√≠as. Casi todos lo tomamos negro, ‚Äúcomo debe ser, si no, no es caf√©‚ÄĚ, opina mi abuelita. En fin, a la familia s√≠ la veo, y hasta paso un buen rato cuando lo hago.

Todos los martes y jueves doy una vuelta a la cuadra antes de abrir la librer√≠a. Me da la impresi√≥n de que despeja mi mente y me ayuda a relajarme, aunque me consta que deber√≠a ejercitar m√°s. Lunes, mi√©rcoles y jueves salgo a pasear por la tarde, camino por horas y visito otras librer√≠as a ver c√≥mo andan. Hago esto sobre todo cuando tengo bloqueo mental, √ļltimamente es muy seguido. Me intrigan el cielo y el mar, aunque s√≥lo he escrito sobre el primero. No s√© qu√© quiero lograr con lo que hago, con mi rutina o con lo que escribo y no publico. Pero s√© que quiero estar tranquilo, en paz.

xx linette

Oto√Īo

Empec√© este cuento para un concurso, sin saber a d√≥nde iba. Me encant√≥ a d√≥nde lleg√≥. Espero que tambi√©n a ustedes. No se olviden de comentar ūüíôūüćāūüćĀ


Oto√Īo

Por Linette Cozaya

Sof√≠a despert√≥ sobresaltada. Se incorpor√≥ y baj√≥ los pies de la cama, quedando frente al espejo que ten√≠an para el tocador. Mir√≥ sobre su hombro: Tamara dorm√≠a tranquilamente, su largo cabello casta√Īo se arremolinaba sobre la almohada, dibujando un mar turbulento. La amaba, profundamente. Se sent√≠a feliz de la vida que llevaban y no quer√≠a que eso terminara. Pero sab√≠a que hab√≠a llegado el fin. En unas horas acompa√Īar√≠a a Tamara al aeropuerto, para verla, para besarla por √ļltima vez. Baj√≥ por un vaso de agua y lo bebi√≥ mirando la ventana. Fuera, el viento soplaba suavemente. Las hojas anaranjadas y caf√©s danzaban, disfrutando su camino al suelo. Inhal√≥ profundamente, dej√≥ el vaso en la encimera de la cocina y corri√≥ escaleras arriba. Su pareja se encontraba ahora panza abajo, con la cabeza volteada hacia la orilla de la cama, el poco sol que entraba le besaba la frente. Era la posici√≥n perfecta para acurrucarse a su lado y pasarle el brazo por la cintura.

Le encantaba despertar con el canto de Tamara. Tarareaba inconscientemente, mientras se duchaba, mientras le√≠a, mientras lo que fuera. Se daba cuenta solamente cuando Sof√≠a la miraba y escuchaba atenta, entonces se sonrojaba, sonre√≠a, se escond√≠a entre su cabello y prosegu√≠a lo que hab√≠a pausado. As√≠ despert√≥ ese d√≠a, el √ļltimo. Decidi√≥ quedarse en la cama para no interrumpir el canto de Tamara. Cuando √©sta sali√≥ del ba√Īo sonriente, la apresur√≥ para que se arreglara y buscaran algo para desayunar. ‚Äď And√°, que es mi √ļltimo d√≠a, Sof. ‚Äď Como si necesitara mencionarlo. Se mir√≥ en el espejo del ba√Īo mientras se desvest√≠a: p√°lida, pecosa, el cabello entre rojo, anaranjado y casta√Īo claro, chino, tapaba su no muy pronunciado pecho; ten√≠a ojos caf√©s, grandes, contrastaban con la peque√Īa nariz y boca, que adem√°s era de labios delgados, el de arriba m√°s que el de abajo; era alta y delgada, con los dedos de manos y pies un poco chuecos, cosa que la avergonzaba, pero que Tamara adoraba.

Ambas se pusieron vestido, era una ocasi√≥n especial y el d√≠a promet√≠a ser c√°lido. No sol√≠an arreglarse demasiado, a Tamara le gustaba llevar alg√ļn mo√Īo o diadema en el cabello; Sof√≠a acostumbraba llevarlo suelto. No se maquillaban y no usaban tacones. Tamara prefer√≠a el rosa, Sof√≠a el verde, y de ese color eran sus atuendos aquel d√≠a. Salieron y montaron sus bicicletas. ‚Äď Te sigo. ‚Äď Dijo Tamara, como cada ma√Īana. Se pusieron en marcha. Sof√≠a miraba para atr√°s cada dos o tres minutos, sent√≠a que de esa forma la cuidaba. El viento soplaba, levantaba un poco el cabello y falda de la pareja. El sol se asomaba entre las hojas, dando un brillo especial a la piel bronceada de Tamara, a sus ojos verdes, a sus labios hinchados. Para Sof√≠a, no hab√≠a nada m√°s lindo que la forma en que Tamara mord√≠a su labio inferior cuando intentaba recordar cualquier cosa, y es justo lo que hac√≠a tambi√©n al andar en bicicleta.

Llegaron a su restaurante favorito, donde las saludaron meseros y el due√Īo. Nada m√°s con verlas, sab√≠an qu√© deb√≠an cocinar: para Tamara un huevo estrellado, volteado, con dos rebanadas de tocino, un plato de fruta, jugo, caf√© y probablemente una dona de chocolate al final; para Sof√≠a chilaquiles verdes con frijoles y aguacate, mel√≥n con granola y caf√©. Era un lugar peque√Īo, quince mesas a lo mucho, dos meseros para las horas pico. Ten√≠an una mesa preferida, por supuesto, la que estaba entrando a la derecha, en la parte de la terraza, justo donde estaba una peque√Īa fuente y florec√≠a eternamente un rosal. Tamara adoraba las rosas, le gustaba hablarles, as√≠ que Sof√≠a le dejaba siempre la silla que estaba justo al lado. Pod√≠an desayunar con calma, las maletas de Tamara estaban listas desde el d√≠a anterior. Disfrutaron cada bocado, no paraban de mirarse, rozar las manos y sonre√≠rse. Siempre hab√≠an sido as√≠ de cursis, siempre igual de enamoradas. Cada que Sof√≠a estaba a punto de llorar, Tamara tomaba su mano para besarla, acomodaba su cabello detr√°s de la oreja o besaba su nariz y dec√≠a: – No temas, Sof. Te amar√© por siempre -. Ya lo sab√≠a. Lo ten√≠a m√°s que claro. Pero por m√°s que se lo dijera, por m√°s que le constara que as√≠ ser√≠a, la invad√≠a una nube gris, que le sub√≠a por los tobillos, le quitaba el aire como cuando te golpean en el est√≥mago y la ahorcaba como si quisieran asfixiarla. Se iba el color del cielo, de las hojas, de las paredes rosa pastel del restaurante, y volv√≠a al escuchar la voz de Tamara.

Al terminar el desayuno decidieron caminar por el parque, alimentar a los patos del lago y leer un rato en el prado. No hab√≠a mucha gente en el parque, una joven pareja que caminaba como ellas: tomados de la mano; un par de viejitos que re√≠a como en secreto y andaban abrazados; una madre deportiva que trotaba empujando una carriola. Hab√≠an encargado las bicicletas en el restaurante, ya que estaba a una cuadra del parque. El lago brillaba con el reflejo del sol. Los patos se acercaron en cuanto las vieron llegar, acostumbrados a la gente que los alimentaba. No tardaron en terminarse el pan que llevaban as√≠ que escogieron un sitio donde sentarse a leer. Como siempre, empez√≥ el tarareo de Tamara, y fue cuando Sof√≠a no pudo m√°s. Su llanto fue silencioso al principio, una l√°grima seguida de otra, cada vez m√°s gordas, hasta que empez√≥ a faltarle el aire y comenz√≥ a sollozar. Tamara la escuch√≥ por fin y se acerc√≥ a abrazarla. Sof√≠a rompi√≥ en llanto, gimiendo, casi gritando. ‚Äď No mides lo que me har√°s falta. -, repet√≠a. Tamara acariciaba el cabello de Sof√≠a, dej√°ndola llorar, contestando con amor y paciencia lo que lograba entender en las balbuceos de Sof√≠a.

Por fin se tranquiliz√≥ Sof√≠a, ten√≠a los ojos hinchados y la nariz de Rodolfo. Tamara la miraba preocupada. ‚Äď No quiero dejarte as√≠, Sof. Necesito que est√©s bien. ‚Äď Llen√≥ de besos las mejillas h√ļmedas de Sof√≠a. ‚Äď Extra√Īar√© cada una de tus pecas, y tus dedos. ‚Äď Dijo tomando una de sus manos entre las suyas. Sof√≠a sonri√≥. ‚Äď Estoy bien. Estar√© bien. S√≥lo‚Ķ No me olvides. ‚Äď Tamara bes√≥ la mano de Sof√≠a que ten√≠a entrelazada. ‚Äď Jam√°s. ‚Äď Ambas sonrieron. Tamara se acurruc√≥ en los brazos de Sof√≠a y reanud√≥ el tarareo. El sol comenzaba a esconderse, cogieron sus cosas y fueron a buscar las bicicletas. No hab√≠a nada m√°s bonito que caminar de la mano de Tamara, darle una vuelta como si estuvieran bailando y admirar el vestido esponjado, el cabello volando, sus ojos cerrados. Al llegar a casa revisaron de nuevo la lista de cosas que Tamara deb√≠a llevarse, bajaron las maletas, eran tres y la bolsa que llevar√≠a con ella en el avi√≥n. Ya en la camioneta pusieron su √°lbum favorito, que adem√°s era placer culposo por tratarse de Taylor Swift. Cantaron y rieron, Sof√≠a no solt√≥ la mano de Tamara en todo el trayecto.

El aeropuerto estaba como siempre: bullicioso, pero para Sof√≠a no hab√≠a ruido, ni gente, ni nada, m√°s que Tamara. Avanzaron entre la gente, documentaron las maletas y buscaron un caf√© para pasar los √ļltimos momentos juntas. No se sent√≠a real. Tamara sonre√≠a, pero se ve√≠a en su mirar que no estaba feliz. Bebieron su √ļltimo caf√© hablando sobre los mejores momentos, los m√°s graciosos y los m√°s rom√°nticos, charlaron sobre sus primeras veces: su primero beso, la primera vez que hicieron el amor, la primera vez que durmieron toda una noche juntas, la primera vez que se cuidaron enfermas; cuando se mudaron juntas, cuando muri√≥ la abuelita de una. No hab√≠a nada ni nadie en el mundo, m√°s que ellas dos sentadas en ese caf√©, hasta que una voz lejana, rob√≥tica, llam√≥ al abordaje. De nuevo todo perdi√≥ color, de nuevo se ahogaba y algo dentro de Sof√≠a gritaba y la rasgaba por dentro. Caminaron hasta la puerta donde se despedir√≠an. No pod√≠an soltarse, se abrazaron tan fuerte como dos gotas de agua haci√©ndose una. Llamaron de nuevo, Tamara dej√≥ ir a Sof√≠a, le dio un √ļltimo beso en la mejilla. ‚Äď Te amo, por siempre y para siempre. ‚Äď Murmur√≥. Y se fue. Sof√≠a quer√≠a gritar, quer√≠a correr. No pod√≠a mover ni un solo m√ļsculo. La vio alejarse como hab√≠a visto las hojas caer esa ma√Īana, como si estuviera detr√°s de una ventana.

No supo cu√°nto tiempo pas√≥ ah√≠ parada, al salir del aeropuerto hab√≠a anochecido ya. Condujo a casa sin m√ļsica, casi estrell√°ndose dos veces por no poder ver los sem√°foros a trav√©s de las l√°grimas. Lleg√≥ en modo autom√°tico a su cama, donde se hizo bolita, abrazando sus piernas. Todo ol√≠a a Tamara, todo ten√≠a a Tamara. Sof√≠a la llamaba entre los sollozos, como si fuera a escucharla, como si fuera a volver. El mar de l√°grimas parec√≠a no tener fin. Sof√≠a llor√≥ y llor√≥ hasta que se hizo agua, dejando la cama y el colch√≥n empapados, escurriendo hacia la alfombra donde Tamara pon√≠a los pies al levantarse de la cama. Llegando al ba√Īo, donde Tamara tarareaba cuando se arreglaba. Alcanz√≥ las escaleras, avanzando con cada vez menos cuerpo. Lleg√≥ a la cocina, donde sol√≠an bailar a la luz del refrigerador, estaba hecha gotas. Y ah√≠, por fin ces√≥ el llanto.

xx linette

Perdida.

Un cuento m√°s. No lo odien, s√≠ comenten. Gracias por leer ūüíô


Perdida

Por Linette Cozaya Otto

No s√© c√≥mo empezar esto. Pens√© que los muertos no hablaban. Yo s√≠ hablo. Y bueno, ¬°qui√©n iba a pensar en un muerto escribiendo! Pero heme aqu√≠, lista para contar lo que pas√≥, aunque nadie en el mundo lo lea. Tengo, bueno, ten√≠a doce a√Īos cuando empez√≥ todo. Era una ni√Īa feliz: ten√≠a muchas amigas en el cole, con las que sal√≠a al cine, a la plaza y a pijamadas. Era parte del equipo de volibol y del grupo de coro. Me gustaba la escuela: ten√≠a mucho sol y plantas, risas y juegos. El uniforme era lindo: una falda verde que repet√≠amos tres veces a la semana, con medias azules, zapatos negros, una playera blanca s√ļper casual y su√©ter azul oscuro. Los dos d√≠as restantes us√°bamos pants azul marino con la misma playera.

Sol√≠a ser bonita, o as√≠ me consideraba yo. Ten√≠a p√°lida piel con lunares, facciones finas, cabello oscuro y abundante, ojos grandes, dientes tambi√©n, que a veces amaba y a veces odiaba: pod√≠a ser una conejita bonita e interesante o una √Īo√Īa y fea. Me gustaba peinarme de mil formas distintas, a veces me hac√≠a coletas, luego lo llevaba suelto; el peinado preferido era trenzado. S√≠, sol√≠a ser bonita. Ahora soy una piltrafa. Mi piel se cae a pedazos, mi cabello est√° seco. Me desmorono y lo odio. Estoy sola en un sitio tan fr√≠o como me figuro que es la Ant√°rtida. Escucho y siento roedores y gusanos y no puedo hacer nada para sac√°rmelos. Seguro se preguntan c√≥mo he llegado aqu√≠. Se lo preguntar√°n aun cuando termine de contar la historia.

Todo comenz√≥ con mi t√≠o. S√≠, leyeron bien. Mi t√≠o. Era un hombre alto, guapo, gracioso y divertido. No hab√≠a persona que no lo adorara. Cuando llegaba a visitarnos, me lanzaba a sus brazos para que me diera vueltas hasta casi vomitar. Viv√≠a fuera de la ciudad, sus visitas eran de varios d√≠as, en los que nos desvel√°bamos todos jugando domin√≥ y p√≥ker. Lo consideraba mi mejor amigo, le contaba mis sue√Īos y pesadillas, mis juegos favoritos y lo que quer√≠a ser de grande. √Čl era lindo conmigo, me escuchaba con atenci√≥n. Siempre fue tan cari√Īoso que no supe en qu√© momento dej√≥ de ser el cari√Īo de un t√≠o. ¬ŅY cu√°l es el cari√Īo de un t√≠o? No lo s√©, no s√© ni entiendo nada ya.

Lo corrieron de su trabajo, cuando yo ten√≠a, como les platicaba, doce. Vino a la ciudad y mam√° le dijo que se hospedara en casa el tiempo que necesitara. Est√°bamos todos muy felices, imag√≠nense, tener a un mejor amigo como roomie, nada m√°s m√°gico que eso. ¬ŅVerdad? Pues no. La primera vez que sent√≠ que algo no andaba bien fue extra√Īa y fugaz. Me alistaba para ir al colegio, era d√≠a de falda. Cog√≠ una rebanada de pan y me par√© al lado de mi t√≠o, que estaba sentado a la mesa bebiendo caf√© y mirando cosas en el m√≥vil. O eso pens√© yo. Me miraba a m√≠. E hizo m√°s que mirar: puso la mano en mi pierna y la subi√≥ hasta rozar mi ropa interior. No dej√≥ de sonre√≠r mientras me deseaba un buen d√≠a en la escuela. Estaba congelada, confundida. ¬ŅPor qu√© sonre√≠a de esa forma si sab√≠a que eso no estaba bien? ¬ŅPap√° no ve√≠a lo que estaba pasando? Y si lo ve√≠a, ¬Ņno me ir√≠a peor a m√≠? Mam√° grit√≥ desde la puerta que era hora de irnos y sal√≠ volando como corredor que escucha el disparo. No mir√© atr√°s e intent√© no pensar m√°s en lo que hab√≠a sucedido. Ese d√≠a no com√≠. No estaba segura de lo que hab√≠a pasado, si hab√≠a sido bueno o malo. Si yo hab√≠a sido buena o mala. No llegu√© a ninguna conclusi√≥n.

Llegar a casa iba a ser dif√≠cil: quer√≠a que mam√° o pap√° estuvieran presentes. Sab√≠a que las probabilidades de que eso pasara eran pocas. Me qued√© charlando un rato m√°s con mis amigas despu√©s del entrenamiento, quiz√° si tardaba, llegar√≠an antes que yo a casa. Y no. Son√≥ mi tel√©fono. Que si ya hab√≠a salido de clase, mi t√≠o pod√≠a darme un avent√≥n. Hab√≠a ido a una entrevista cerca del cole y el acomodo de tiempos no pod√≠a haber sido m√°s perfecto. Seg√ļn √©l. Descubr√≠ que estaba nerviosa, as√≠ que intent√© calmarme pensando que hab√≠a sido un malentendido. √Čl estaba como si nada, y as√≠ nos fuimos todo el rato: como antes, como si lo de en la ma√Īana jam√°s hubiese pasado. En casa tambi√©n estuvo normal, pasado un rato, me tranquilic√© y fue como cualquier otro d√≠a: vimos pelis, comimos galletas y luego me fui a dormir.

Todo anduvo normal despu√©s de ese d√≠a. Me convenc√≠ de que hab√≠a sido un error y que no volver√≠a a pasar. No lo habl√© con nadie, ni siquiera con √©l. Lo ‚Äúnormal‚ÄĚ se fue al ca√Īo una semana despu√©s, cuando toc√≥ mi espalda mientras le√≠a en la sala. Se eriz√≥ mi piel y levant√© la mirada bruscamente, para encontrarme con que se hab√≠a puesto en cuclillas frente a m√≠, de manera que sus ojos quedaban al nivel de los m√≠os. Pregunt√≥ si hab√≠a besado a alg√ļn chico ya, me sonroj√© y negu√©. ¬ŅC√≥mo se atrev√≠a a preguntarme esas cosas? Dijo que ya era edad para que habl√°ramos de chicos y de las cosas que hacen. Quer√≠a levantarme y esconderme en mi habitaci√≥n. Se rio echando la cabeza hacia atr√°s, se levant√≥ y me dej√≥ ah√≠. Como siempre, sin entender nada.

Pregunt√© a mis amigas, al otro d√≠a, si hab√≠an besado chicos ya. Algunas s√≠, otras no. Dijeron que no era la gran cosa y dejamos el tema de chicos a un lado. Esa tarde estuve muy distra√≠da. Ahora que puedo analizarlo, me doy cuenta que fall√© en notar c√≥mo me miraba mi t√≠o, c√≥mo me segu√≠a por la casa. Entr√≥ a mi habitaci√≥n y se acost√≥ a mi lado. No pude concentrarme m√°s en el libro que ten√≠a que terminar para el siguiente d√≠a. Toc√≥ mi pierna, y como aquella ma√Īana, intent√≥ subir la mano. Lo detuve y ped√≠ que se marchara. Sonri√≥ y dijo que era s√≥lo un juego, que me ense√Īar√≠a c√≥mo besar chicos para que no hiciera el rid√≠culo. No quer√≠a y aun as√≠ me bes√≥. Me toc√≥ e hizo que lo tocara. Se fue despu√©s de un rato, record√°ndome que si dec√≠a una sola palabra, me ir√≠a terrible: pap√° sentir√≠a asco de m√≠, mam√° estar√≠a tan decepcionada. No abr√≠ la boca. Llor√© en silencio hasta que me qued√© dormida.

La siguiente tarde pas√≥ por m√≠. Otra entrevista cerca. Ya no le cre√≠a. Me hizo cosas horribles. Estaba adolorida y triste. Me daba asco mi propia piel, y por m√°s que apretara mis u√Īas contra ella, no pod√≠a arranc√°rmela. Jam√°s hab√≠a tardado tanto en un ba√Īo, no quer√≠a cerrar el grifo, no dejaba de estar sucia. Y era todo mi culpa, por ponerme falda para el cole, dijo mi t√≠o. Yo lo hab√≠a provocado con todas las sonrisas, por treparme en √©l y pedir que me cargara. El tiempo ya no pasaba. Dej√© de entrenar. La comida ya no me importaba. Mi t√≠o pasaba por m√≠ justo despu√©s de clases y me hac√≠a lo que quer√≠a. ¬ŅQu√© pensar√≠a pap√° de todo esto? Seguro me desheredaba. Mi t√≠o dec√≠a que me amaba, que era lo m√°s importante en su vida y que entonces no pod√≠a dejarlo nunca. ¬ŅY qu√© pasaba si lo dejaba? Ten√≠a miedo. Mam√° y pap√° me odiar√≠an por hacer tan infeliz al t√≠o, y no quer√≠a que me odiaran.

Un d√≠a en clase decid√≠ que ya no aceptar√≠a m√°s. Llevaba noches pensando que no quer√≠a seguir con esto. Pens√© en lo mucho que me odiar√≠an pap√° y mam√°, pero no pod√≠a con el asco de mirarme al espejo antes de ir a dormir. Temblaban mis manos cuando mi t√≠o pas√≥ por m√≠. Le ped√≠ en el carro que no me tocara m√°s. Una bofetada fue la respuesta. ¬ŅC√≥mo se me ocurr√≠a semejante tonter√≠a? ¬ŅNo sab√≠a c√≥mo me ir√≠a si mis padres se enteraban? La amenaza era clara: les dir√≠a en el segundo que yo no quisiera m√°s estar con √©l. El camino a casa era sinuoso: justo despu√©s del √ļltimo sem√°foro, pas√°bamos al lado de barrancas con frondosos √°rboles. Llegamos al √ļltimo cruce, estaba en rojo. Baj√© del auto y corr√≠.

Corr√≠ como jam√°s lo hab√≠a hecho. Me dol√≠an las piernas y pens√© que me explotar√≠an del esfuerzo. No ve√≠a bien, las l√°grimas nublaban el camino. Tropec√© y ca√≠. Sent√≠ que fueron horas. Golpe√°ndome aqu√≠ y all√°, la rodilla, el antebrazo. Luego, el golpe mortal en la cabeza. Segu√≠ rodando abajo, ya sin aire en los pulmones, sin pulso en la mu√Īeca, ni se√Īales en el cerebro. Y qued√© escondida entre la naturaleza, disfrazada por el lodo y la sangre, la tierra y las l√°grimas. No s√© si mam√° y pap√° me buscaron. No s√© si alguna vez se enteraron. Los extra√Īo y quiero volver a casa. Llegamos al principio: yo escribiendo esta historia para ustedes. ¬ŅAprendieron algo? Y si yo lo hice, ¬Ņme sirve de algo? No hay nada ya que pueda hacer. Gracias por leerme. No s√© tampoco c√≥mo terminar.

xx linette

XIV

El √ļltimo cuento que he escrito, que hizo sentir mal a mam√° y a la gente preguntarme si acaso me desmay√© en mis XV a√Īos…¬†ūü§Ēūüėí¬†¬°No olviden comentar!


XIV

Por Linette Cozaya Otto

Mam√° est√° planeando todo para la fiesta. Una gran fiesta. Una gigantesca fiesta que a m√≠ no me interesa. Para mis pocas amigas tampoco es un asunto importante. ‚ÄúEs que te juntas con ni√Īas muy amargadas‚ÄĚ, dice mam√°. Me junto con ellas nom√°s para no estar sola. S√© que en un futuro no seremos amigas ya, que no nos veremos despu√©s de la secundaria y que ni sus nombres voy a recordar. No me interesan. Nada me interesa.

Me encanta ir a casa luego de clases. Vivo cerca de la escuela, as√≠ que camino sola cuatro cuadras y listo. Paso toda la tarde imaginando lo que se sentir√° ser una de las chicas populares, o c√≥mo ser√≠a tener pene en lugar de vagina. ¬ŅY qu√© si fuera muy requetegorda y tuviera problemas para caminar? Las posibilidades son infinitas, pero eso s√≠ no. Eso jam√°s. Aun as√≠, soy quien soy y estoy como estoy: ni ‚Äúmuy muy‚ÄĚ, ni ‚Äútan tan‚ÄĚ. Y no me gusta. As√≠ que ensucio un poquito un sart√©n, embarro c√°tsup en un plato, hago bolita una servilleta y queda perfecta la ilusi√≥n de que he comido.

La secundaria no es difícil, no como en las películas y programas gringos que veo por la tarde. En esas escuelas se ve que sufren por las divisiones que hay entre grupitos, y me pregunto si será así de exagerado. Acá les vale, o sea, no es que uno sea un loser y otro un popular y te molesten en los casilleros. Sí hay losers y sí hay populares, pero a cada uno le viene valiendo un pepino el otro, y ya. Entonces también hay muchos invisibles, como yo, que puedo ir por la secu sacando calificaciones promedio, yendo a una que otra fiesta nomás, saltando el almuerzo y nadie se da cuenta.

Estoy en el grupo de teatro, nos obligan a tomar una materia ‚Äúselectiva‚ÄĚ cada ciclo escolar, y, de ‚Äúporras‚ÄĚ o ‚Äújazz‚ÄĚ a teatro, prefiero mil veces √©sta √ļltima, as√≠ no estoy en escrutinio total. No me siento la gran actriz, nunca he tenido un estelar, pero me gusta usar los vestuarios chistosos de las obras que se inventa el profesor y decir mis pocas l√≠neas. Paso desapercibida y todos felices.

Como mencion√© hace rato, tengo pocas amigas: o sea dos. Y somos amigas porque les gustan las mismas cosas que a m√≠: el agua, las Halls y no hablar mucho. Claudia prefiere las de menta, Sol, las moraditas‚Ķ ¬ŅSon de uva? Mis favoritas son las de miel, las que come mi abuelita. Compramos un paquete cada una los lunes en el receso y con eso nos va bien para el resto de la semana. Auque a Claudia le encanta tambi√©n gastar en Coca Cero, le digo que es una tonter√≠a, no hace caso. Sol en cambio, es fumadora, huele feo y se ve amarilla. Pero cada qui√©n.

Mam√° llega con las invitaciones para la fiesta: cien invitaciones. CIEN. ¬ŅDe d√≥nde voy yo a sacar a cien personas? Hace una lista enorme de la pura familia, cuenta t√≠os, primos y sobrinos. Me siento menos abrumada. Luego a√Īade a sus colegas del trabajo a la lista y queda en que puedo tener treinta invitados. No tengo treinta amigos y nadie en la escuela me agrada, salvo mis ‚Äúamiguitas‚ÄĚ, as√≠ que decido invitar a todo aquel que se me cruce y fin.

La parte m√°s nefasta de una fiesta as√≠, es la compra del vestido. Un maldito vestido. Tiendas y m√°s tiendas con atuendos rid√≠culos que no me quiero probar. Cuando mam√° me obliga a meterme en uno me dan ganas de vomitar. Colores horribles, telas baratas, dise√Īos nada favorables. Estoy tan enfadada. Mam√° hall√≥ uno no tan feo, es durazno y nada enorme de la parte de abajo, lo mejor: ¬°me esconde la barriga y los brazos! Ella feliz, yo aliviada, est√ļpida b√ļsqueda, por fin termin√≥.

Lo malo: no han acabado las sorpresas por parte de mi querida madre, oh no. Me consigui√≥ un par de mozos galantes para bailar el vals conmigo, ahora ensayo lunes y mi√©rcoles por la tarde despu√©s de la escuela. Como toda persona positiva, encontr√© cosas a las que sacar provecho de esta deplorable situaci√≥n. La primera, y m√°s gratificante: mam√° me da dinero para comer fuera, cerca de donde tengo que bailar al son de Strauss, as√≠ que me ahorro cien pesos m√°s por d√≠a. La segunda: no tengo que ensuciar platos ni hacerme mensa tirando cosas del refrigerador en el bote de basura del vecino. La tercera: la quema de calor√≠as, ahora no solamente mueren las de la caminata de ida y vuelta al colegio, le√≠ en alg√ļn sitio que el baile sirve de excelente cardio.

Me encanta lo bien que est√° saliendo todo, como mucho menos de lo que sol√≠a y ahorro mucho m√°s de lo que alguna vez me hubiera imaginado. No s√© qu√© hacer con todo ese dinero, pero es lindo pensar que quiz√° puedo comprarme alg√ļn vestido caro, un MP3 nuevo (aunque en realidad amo el que uso)‚Ķ ¬ŅUna c√°mara? ¬ŅMaquillaje? ¬°Una b√°scula nueva! As√≠ sigo mi rutina, mi preciosa rutina: agua, escuela, Halls de miel, agua, teatro, caminata, agua, ensayo, casa, agua, tarea, agua, dormir, repetir.

La fiesta est√° aqu√≠, mi ‚Äúpresentaci√≥n en sociedad‚ÄĚ. Es una semana antes de mi cumplea√Īos, pero eso no importa. Mam√° me ha permitido no comer en todo el d√≠a. ‚ÄúTe ver√°s m√°s linda en el vestido‚ÄĚ. Ya lo s√©. Me maquillan y me peinan, me ponen una tiara ‚Äúdivina‚ÄĚ y me dicen lo linda que estoy. No me siento linda. Porque no soy linda, pero claro que me veo mejor que todas √©stas gordas. Las capas de maquillaje no logran borrar mis ojeras, ni el rubor hacerme ver m√°s viva. Tengo ganas de vomitar y de irme a casa a dormir. No me dejan, ahora debo meterme en el vestido. Me queda holgado, m√°s me val√≠a que as√≠ quedara. Mam√° no puede del orgullo y me toma mil fotos. Iremos en un carro negro a la misa, de ah√≠ al sal√≥n. ¬ŅCu√°ntas calor√≠as tiene el vino que le embarran a la ostia?

Bailo el Walzer Kaiser, porque as√≠ lo quiso mam√°. Soy la peor bailarina y s√© que hago el rid√≠culo con mis piruetas mafufas, no me importa, se sienten bien porque el mareo se queda conmigo. Los invitados aplauden, siento que no conozco a nadie, tienen caras y voces borrosas, se vuelven monstruosos al re√≠r, al aplaudir. ¬°Tengo que salir de aqu√≠! Me siento a la mesa y mam√° no deja de hablar con cualquiera que se acerque, asiento y sonr√≠o, o por lo menos eso juro que hago, pero no estoy segura de nada ya. La gente me mira y todo da vueltas. ¬ŅAgua? No, gracias, estoy bien. ¬ŅY esas luces tan lindas? ¬ŅPor qu√© se par√≥ la m√ļsica? ¬°Callen esa sirena! ¬°No la soporto! ¬°D√©jenme en paz! ¬°No me toquen! ¬°No me toquen! ¬°Que no me toquen! ¬°¬ŅPor qu√© nadie me escucha?!

xx linette

No entiendes nada

Holi a todos, Linette aqu√≠. Escrib√≠ un cuento ayer, ac√° se los dejo ūüôā


No entiendes nada.

Por Linette Cozaya Otto

Cada ma√Īana, al salir el sol, corro a despertarla, es arduo trabajo, pero con unos cuantos besos logro hacer que salga de la cama. La espero mientras me arreglo para salir con ella, le gusta que nos veamos presentables, me repite siempre lo guapo que soy. Cuando por fin se alista, coge las llaves y vamos fuera. Nos encanta saludar a todos, somos amables y sonre√≠mos cuando cruzamos camino con los vecinos. Corremos un rato en el parque que est√° cerca de casa, soy mucho m√°s r√°pido que ella, pero la espero para no perderla de vista. Luego volvemos y me siento a su lado mientras desayuna, mientras trabaja. M√°s tarde, damos otro paseo, conseguimos algo de comer y lo comemos en el apartamento. Tenemos una buena vida, me ama y la amo, nos conocemos hace muchos a√Īos y hacemos buen equipo.

Un d√≠a sali√≥ sin m√≠, por varias horas, no suele hacer eso. No me preocup√© porque sab√≠a que estar√≠a pensando en m√≠, donde quiera que estuviera. Cuando por fin volvi√≥ me abraz√≥ muy fuerte, me dijo, llorando, lo mucho que me hab√≠a extra√Īado. No me gustaba verla llorar, as√≠ que la llen√© de besos para que no dudara en que yo tambi√©n la hab√≠a echado de menos. Desde ese d√≠a nada fue lo mismo: al ir a despertarla, no importa los besos que le diera, me abrazaba y me ped√≠a que me quedara ah√≠ con ella, as√≠ que el horario para salir se recorr√≠a. Jugaba con mis chinos mientras ve√≠amos c√≥mo entraba cada vez m√°s la luz del sol a trav√©s de la persiana y dibujaba con colores m√°s brillantes las fotos, las flores que ten√≠a en el bur√≥, las torres de libros y su bello rostro. No ten√≠a yo ning√ļn problema con esta nueva rutina, lo √ļnico que quer√≠a, era estar a su lado.

Dejamos de correr, ahora hac√≠amos caminatas largas, y no consegu√≠amos comida fuera tampoco, la tra√≠an desconocidos. Aunque sus pedidos se ve√≠an y ol√≠an delicioso, nunca se terminaba lo que hab√≠a ordenado, lo dejaba a la mitad y nos √≠bamos a acostar temprano. Le hab√≠a dado por ponerse mucha ropa encima, calcetines, sudadera y pantal√≥n para meterse en la cama y encender el televisor. Sol√≠amos tener visitas muy seguido, √ļltimamente, nadie ven√≠a ya, hasta que una ma√Īana son√≥ el timbre: era su madre. La adoraba, era una persona encantadora, se nota que de ah√≠ sac√≥ la sonrisa, el cabello negro y los ojos brillantes. Despu√©s de saludar, me retir√© a acostarme para darles privacidad, pod√≠a escuchar sus risas y charla animada, que comenzaban a arrullarme: su voz cuando ten√≠a visitas, era la m√°s dulce. Dormit√© un poco pero despert√© al escuchar que lloraban en la sala, corr√≠ a ver qu√© es lo que estaba ocurriendo, ¬Ņambas llorando? Intent√© distraerlas, traje su libro favorito, quiz√° eso las har√≠a sentir mejor. Lo agradecieron pero no pararon el torrente de l√°grimas que hab√≠an dejando correr. Oficialmente, estaba preocupado.

No logr√© hacerlas sonre√≠r, ten√≠an los ojos hinchados y usaron muchos pa√Īuelos. Despu√©s de mil abrazos, se march√≥ su madre y pude quedarme solo con ella, sab√≠a que me tocaba una noche de consolarla. Me encantaba cuando me dec√≠a ‚Äúno entiendes nada‚ÄĚ y sonre√≠a para luego besarme, ten√≠a raz√≥n esta vez, no entend√≠a nada, pero quer√≠a estar para ella, era lo m√°s importante en mi vida. Pasaron muchos d√≠as, en los que cada vez sal√≠amos menos, en los que cada vez pas√°bamos m√°s tiempo acurrucados en su cama. Algunos vecinos comentaban que se ve√≠a p√°lida, que hab√≠a bajado de peso, para m√≠, se segu√≠a viendo espectacular, se lo hac√≠a saber al mirarla fijamente para luego besar su nariz, eso nunca fallaba en hacerla sonre√≠r. Era medio d√≠a cuando pas√≥ lo que m√°s tem√≠a en la vida. Nos preparamos para salir y bajamos las escaleras. Se derrumb√≥ sin previo aviso, la vi caer lentamente ante m√≠, ojos cerrados, el cabello enmarcando su cara, la cabeza rebot√≥ en el suelo. Me qued√© congelado, hab√≠a gente corriendo, gritando a mi alrededor. Mi coraz√≥n lat√≠a tan fuerte que no me dejaba escuchar lo que pasaba, todo era confuso y borroso. Llegaron se√Īores vestidos de azul y la acomodaron en una camilla, abri√≥ los ojos, me mir√≥, grit√≥ mi nombre, extendiendo la mano. Esa fue la √ļltima vez que la vi.

Me qued√© sentado en el recibidor del edificio, no ten√≠a a d√≥nde ir, no sab√≠a a d√≥nde se la hab√≠an llevado. Me dol√≠a todo, quer√≠a encontrarla, quer√≠a estar con ella. El portero me repet√≠a a cada rato que todo estar√≠a bien y que no ten√≠a que preocuparme. Pasaron horas, que sent√≠ eternas hasta que lleg√≥ su madre. Corr√≠ a saludarla, seguro ella sab√≠a a d√≥nde se la hab√≠an llevado. Se ve√≠a terrible, ten√≠a la cara hinchada y roja. En cuanto me mir√≥, se solt√≥ a llorar, el portero tuvo que acercarle una silla. Cuando recuper√≥ un poco de compostura, dijo entre l√°grimas y suspiros que ahora ir√≠a a vivir con ella, que ser√≠amos compa√Īeros y que juntos nos ayudar√≠amos en estos tiempos dif√≠ciles. Bes√© su mano y me pegu√© lo m√°s que pude a ella. ‚ÄúNo entiendes nada‚ÄĚ, me dijo, ambos sonre√≠mos sin dejar de llorar.

xx linette

El sue√Īo

Holi a todos, Linette aqu√≠, hoy les traigo un cuento que escrib√≠ el a√Īo pasado. ¬°Espero les guste! ūüôā


El sue√Īo.

Por Linette Cozaya Otto

Estaba sentada en el balcón, el viento soplaba suavemente, frío, agitaba su cabello. Lágrimas rodaban por sus mejillas. Pronto comenzaría a llover. Otra vez no había comido, no porque no quisiera, no, había dejado esos días atrás; simplemente no entraba el alimento, su garganta y estómago se resistían. Tampoco sentía hambre, sólo un vacío enorme, desolador vacío. Sabía que se veía mal: pálida, despeinada, metida en la sudadera más grande y calientita que poseía, usando el pantalón a cuadros con el que dormía.

Todo hab√≠a pasado muy r√°pido, no pod√≠a explicarse el por qu√© ni el c√≥mo, por m√°s vueltas que le daba, por m√°s que repet√≠a cada escena en su cabeza. ¬ŅEra cierto que hab√≠an terminado? ¬ŅEra cierto que no volver√≠a a verlo, a sentir sus manos entre las suyas, a jugar con su cabello? ¬ŅPor qu√© dol√≠a tanto? A todos les ha pasado alguna vez, todos han tenido que vivir eso, trabajar, salir, vivir con el coraz√≥n roto‚Ķ ¬ŅPor qu√© resultaba tan dif√≠cil para ella entonces?

Hab√≠an tenido un romance de pel√≠cula: √©l la visitaba, le llevaba flores, sal√≠an, a comer, al cine, a cenar, re√≠an, jugaban en el parque, se robaban besos y caminaban tomados de la mano. Todo mundo sol√≠a comentar ‚Äú¬Ņpara cu√°ndo la boda?‚ÄĚ, ‚Äúno se olviden de invitarme‚ÄĚ, ‚Äú¬°se ven tan lindos juntos!‚ÄĚ, y era cierto, se ve√≠an lindos juntos y pensaban que llegar√≠an a eso, casarse, envejecer uno al lado del otro. No era posible ahora. Hab√≠an terminado, hab√≠a terminado. No habr√≠a m√°s besos, no habr√≠a m√°s noches viendo pel√≠culas, escuchando m√ļsica, no habr√≠a m√°s planes, ni viajes, no habr√≠a bailes, no habr√≠a sexo, no habr√≠a fotos, ni chistes locales, no habr√≠a tampoco discusiones. No habr√≠a nada ya.

Las pesadillas eran comunes, llevaba mucho sin dormir bien, una hora, quiz√° dos por noche. Llegaban en cuanto se quedaba dormida. Eran largas, dolorosas, despertaba llorando, algunas veces hasta gritaba un poco. Los d√≠as, entonces, eran largos y cansados, beb√≠a m√°s caf√© que antes y aun as√≠ no pod√≠a mantenerse alerta. So√Īaba todo el d√≠a, flotaba, nada se sent√≠a real, ni el paso del tiempo, ni lo que tocaba, lo que ve√≠a, ol√≠a ni escuchaba. Era todo detr√°s de un velo, como niebla, que no la dejaba apreciarlo, que no la llenaba y que la hac√≠a sentir m√°s sola todav√≠a. Cuando por fin se volv√≠a real todo, era cuando llegaba a casa, cuando se le hac√≠a un nudo en la garganta y se llenaban de l√°grimas sus ojos. La mayor√≠a de las veces se dejaba caer justo despu√©s de cerrar la puerta, y lloraba ah√≠ por horas hasta que encontraba la fuerza para levantarse y dejar su bolso en la mesa del recibidor.

Esa tarde hab√≠a ido al doctor, decidi√≥ que era necesario, no pod√≠a seguir as√≠. El m√©dico le mand√≥ pastillas para dormir, ‚Äúson muy fuertes, no tomes m√°s de una, ¬Ņde acuerdo?‚ÄĚ. De acuerdo. Se sinti√≥ mejor, por lo menos no tendr√≠a pesadillas esa noche. Comenz√≥ a llover, decidi√≥ que era hora de entrar a casa, beber el √ļltimo caf√© del d√≠a, leer, intentar dormir. Prepar√≥ su bebida, cogi√≥ el libro en turno, sus pastillas y fue a su habitaci√≥n. Estaba lista para regresar a la vida de las Romanov y descubrir lo que les hab√≠a ocurrido. Quiz√° esta vez s√≠ podr√≠a concentrarse, quiz√° esta vez, s√≠ podr√≠a dormir.

La luz entraba por debajo de las cortinas. Despert√≥ en el sill√≥n, ¬Ņqu√© hac√≠a ah√≠? Hab√≠a tenido el sue√Īo m√°s extra√Īo, pero por fin hab√≠a dormido, as√≠ que el sue√Īo era lo de menos. De nuevo el plan del d√≠a era hacer nada, pod√≠a llorar y ver pel√≠culas, no ten√≠a nada que hacer, nadie a quien ver. Se acomod√≥ en el sill√≥n y encendi√≥ la televisi√≥n, era lo mejor para intentar distraer su mente, para no volver a llorar. Al final resultaba in√ļtil, terminaba viendo menos de media pel√≠cula y llorando todo lo dem√°s. A veces se le escapan aullidos al llorar, otras solamente l√°grimas silenciosas. El dolor no cesaba, ni por un segundo, odiaba estar sola.

Son√≥ el tel√©fono, ¬Ņqui√©n podr√≠a ser? Su tel√©fono se encontraba en la habitaci√≥n principal, no pod√≠a tenerlo cerca, no le gustaba, no pod√≠a con la tentaci√≥n de buscarlo en redes sociales, de querer escribirle, de llamarle. Era m√°s f√°cil as√≠, fingiendo que no ten√≠a, olvid√°ndolo en su dormitorio. Son√≥ de nuevo, ¬Ņpor qu√© tanta insistencia? Se levant√≥ entonces, por lo menos revisar√≠a qui√©n estaba llamando. Abri√≥ la puerta, encendi√≥ la luz y se detuvo en seco antes de entrar en la habitaci√≥n, no pod√≠a creer lo que ve√≠a. ¬ŅEstaba so√Īando de nuevo? ¬ŅEra esto una broma? ¬ŅDe qui√©n? ¬ŅC√≥mo?

Al otro lado de la habitaci√≥n, se encontraba ella misma en la cama. Se acerc√≥ para inspeccionar la escena y descubri√≥ que, en efecto, era ella, quieta, no respirando, pac√≠fica, en la cama. ¬ŅC√≥mo hab√≠a pasado esto? Record√≥ entonces el sue√Īo de la noche anterior: hab√≠a sido desesperante, horrible. No pod√≠a dormir, como siempre, le dol√≠a todo, sent√≠a que se ahogaba, el dolor en el est√≥mago, en el pecho, la obligaba a seguir llorando. Ten√≠a los ojos tan hinchados como cualquier otra noche de aquel horrible mes, pa√Īuelos regados a su alrededor, nada nuevo. Todo dol√≠a, respirar, recordar, moverse. No pod√≠a explicar el sentimiento del vac√≠o que la llenaba, ni siquiera hac√≠a sentido. Se sent√≠a mal, y quer√≠a que parara. Temblaba. Jam√°s ser√≠a suficiente. Cogi√≥ las pastillas que le hab√≠an recetado. No hab√≠a sido un sue√Īo.

xx linette