Ojepse

¡Holi a todos! La tarea que me trajo a escribir este… ¿ensayo? Consistía en escribir sobre un objeto que viera diario. Esto es lo que salió. Gracias por leer y no se olviden de comentar ☺️💙


Ojepse

Por Linette Cozaya Otto

“Mirror, mirror, on the wall, who in this land is fairest of all?”, solía preguntarme antes de partir a la secundaria. No, la verdad no. Pero poco me faltaba. ¿Qué será que tiene un espejo que necesita una su aprobación antes de hacer cualquier cosa? Un espejo es una “tabla de cristal azogado por la parte posterior, y también de acero u otro material bruñido, para que se reflejen en él los objetos que tenga delante”, según la Real Academia Española. El mío está empotrado en la pared sobre mi tocador. Lo veo al entrar y salir de mi habitación. A veces aparezco dentro de él, a veces no. Pero siempre está ahí, observando, día y noche, lo que hago o, incluso, lo que alcanza a ver de la ventana. Puede que lo mire de reojo cuando me acerco al tocador para ponerme crema o perfume. Puede que lo mire de lleno cuando depilo el bigote o intento quitarme un barro. Hemos tenidos buenos y malos momentos, pero siempre está aquí.

Cuando era pequeña, mis padres tenían un espejo de cuerpo completo en su habitación. Era tan grande que le llegábamos apenas a la mitad: espejo gigante. Era parte de un mueble de madera que, además de ser tocador, servía de cómoda. Mi hermana y yo pasamos horas jugando frente a él, haciendo muecas, mirándonos, descubriéndonos. Mamá nos peinaba frente a él cada mañana. Papá secaba nuestro cabello cada noche, también en el reflejo. Nunca tuve problemas con mirarme ahí. El espejo era divertido e intrigante, un misterio por descubrir. Podía escribir cosas en el vaho, dejar besos en él plantados, decorarlo con plumones y estampas. No me di cuenta en qué momento pasó de ser agradable a ser una obsesión.

El mueble en cuestión, con todo y espejo, se fue casi al mismo tiempo que se fue papá. Fue entonces reemplazado por uno más nuevo, más ligero y que no traía tanta cosa encima (el espejo, no papá). En el nuevo espejo me veía distinta. Donde antes había descubrimiento y diversión, ahora veía defectos y cosas que urgía arreglar. Forjé con él una relación de amor-odio, en la que necesitabade él para mirarme aunque me respondiera con imágenes que no me agradaran. Por la mañana, sin ningún alimento en la barriga, me veía más delgada. O, como decía el espejo: menos gorda. Por las noches, la imagen era insoportable: grasa y gordura en todos lados. Lo positivo de esto último era que servía de motor para hacer un poco de ejercicio y disminuir la ingesta de calorías al otro día.

Por las noches soñaba que entraba en el espejo y me cambiaba por la versión mejorada, la que quería ser y no lograba alcanzar. Ni un gato tenía tanta curiosidad como yo a querer conocer lo que había del otro lado. Y es que, para muchos, los espejos son puertas. Si no, por lo menos mágicos. Millones de historias sobre espejos han sido contadas: en cine, cuentos, cortometrajes. Desde la Reina Malvada en Blancanieves y los Siete Enanos, con el Espejo Mágico, hasta películas basadas enteramente en el protagonismo del espejo, como Oculuso Mirrors. Estas últimas son de horror, y vaya que un espejo puede causar terror: los espejos, o la metáfora del espejo es querer develar verdades, sueños y deseos. Existe (y, sí, está en Netflix) una serie británica increíble cuyo título tiene que ver con espejos: Black Mirror. Es llamada así porque alude a los incómodos reflejos que encontramos en objetos como la fría pantalla negra de la televisión, el monitor de la computadora, monitor o teléfono móvil. ¿Y qué es lo que reflejan ellos si no la incómoda verdad de lo que somos? No me veo igual en el reflejo de la televisión que en el de un espejo hecho y derecho.

Pero probablemente, de las cosas que busca develar un espejo, los deseos son los más intimidantes y penosos. Como el Espejo Oesed, en Harry Potter. No es central en la trama, pero es importante, intrigante, interesante y hasta peligroso. Es un espejo, mágico, por supuesto, en el que uno puede ver reflejado sus más grandes deseos. Dumbledore dice algo como “no se trata de algo real y es fácil perderse en esa realidad. Resulta torturador tener que ver todo eso que deseas, pero que no puedes tener en la vida real.” Y así era mi vida con el largo espejo en la habitación de mamá: me miraba como me gustaría ser, deseaba y lloraba para ser así, sin lograrlo.

Un día dejé de mirarlo, dejé de mirarme. Decidí que no era importante ya la opinión del espejo en mi habitación. Nuestra relación, entonces, mejoró. Aún hay veces que no reconozco a quien se para frente a mí a acomodarse las cejas, ponerse sombras chuecas y colores intensos en los labios. ¿Es esta mi nariz? ¿Así son mis ojos? ¿Así mi ven los demás? No entiendo cómo le va mejor o peor un atuendo de lo que a mí. Pero le sonrío y le deseo un buen día. Al final, él no tiene la culpa de cómo decida interpretar lo que me ha dicho.

xx linette

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Qué Culpa Tiene el Niño es una terrible película y nadie está hablando de cómo normaliza la cultura de la violación.

Holi a todos. Escribo esto asqueada, triste, enfadada. Con la esperanza de que algún día el mundo deje de ser así de horrible. Gracias por leerme, no se olviden de comentar 😪💔


Por Linette Cozaya Otto

Qué Culpa Tiene el Niño es una terrible película y nadie está hablando de cómo normaliza la cultura de la violación. Ya. Lo dije. De por sí todos tenemos clarísimo que no se puede esperar mucho del cine mexicano, simplemente no lo hacemos. Vamos a ver una película sabiendo que muy probablemente nos va a decepcionar. Pero ésta no nada más me ha decepcionado: también me hizo enfadar.

Para empezar tenemos a la talentosa Karla Souza como protagonista. La hemos visto en proyectos padrísimos como How To Get Away With Murder. No entiendo cómo caramba salta de buenos guiones a (léase con voz burlona y asqueada) “qué culpa tiene el niño”. ¿En qué momento se le ocurrió, siendo una persona que ha, valientemente, levantado la voz sobre el abuso del que fue víctima, aceptar un guion que trata un tema tan delicado como si fuera nada? Espero se hagan la misma pregunta al terminar de leer esto, y que no gasten su valioso tiempo dando regalías a ese filme.

La película empieza con una chica en una fiesta donde se pone lo que le sigue de borracha. Tan ebria está, que queda inconsciente en su habitación del hotel donde fue la celebración. INCONSCIENTE. Bueno, tomen nota de eso, vean cómo ya empezó terrible esta historia. Meses después, resulta que no le ha venido la regla (hahaha suena horrible decirlo así), se hace una prueba de embarazo y, por supuesto, sale positiva. Se pone a hacer cuentas y descubre que la fecha en que el feto fue concebido coincide con la noche aquella de la fiesta. Nuestro protagonista asume entonces, que, en su peda, tuvo relaciones sexuales con el chico con el que había bailado y coqueteado. Procede a buscarlo para informarle que será padre porque, obviamente, en esta sociedad mexicana súper mocha, sería impensable que la chica decidiera simplemente abortarlo. (Ustedes no saben, pero escribo esto como si lo estuviera gritando, del enfado que traigo atorado desde que la vi.) Encuentra al tipo, le informa, descubre que el tipo es un bueno para nada, que no hace nada con su vida y que además, le parece desagradable su sola existencia. Aun así, se casará con él porque #PELÍCULA y comienzan una absurda, forzada y totalmente irreal historia de amor: “oh, queremos que nuestro bebé se sienta esperado y amado, finjamos que somos una pareja feliz y grabemos tonterías para mostrárselas cuando sea mayor”, dijo NADIE, NUNCA. Bueno, los personajes ultra mensos de este triste guion.

Total que obvio se enamoran y se súper aman para el tercer acto, después de chistes nefastos y la peor boda de la vida. Tienen al bebé y (además racistas…) descubren que es del asiático y no del tipo con el que ya se había casado. Entonces, dejemos de lado el hecho de que NO LA DEJARON ABORTAR, y también el de que LA OBLIGARON A CASARSE CON UN TIPO AL QUE NI CONOCÍA. Oh no. Desde el principio pecaron de imbéciles los escritores: LA CHICA FUE VIOLADA. ¡Coño! VIOLADA. Estaba inconsciente de tanto alcohol que había ingerido, el idiota ese entró en su habitación, LA VIOLÓ, sin protección además, y se largó para siempre. SIN CONSECUENCIA ALGUNA. Y no importa si el papá sí hubiera sido el morrito con el que se terminó casando, lo que importa es que no hubo consentimiento. ¿Y saben si a la película le importa hablar de eso? ¡NO! Porque está tan normalizado que a cualquier chica la utilicen cuando no puede ni mantenerse en pie. No saben la furia que sentí, y estoy sintiendo al escribir esto, la furia que tengo al ver que NADIE, NUNCA, ha hablado este tema. El asco hacia nuestra sociedad, que es incapaz de algo tan simple como RESPETAR al prójimo. ¿Cómo es posible que nadie lo note? ¿Cómo es posible que le dieran luz verde a un proyecto así? ¿Qué sea la tercera cinta mexicana más taquillera? De todo lo que está mal con esta porquería de película, me enoja que no sea un tema, de tan normalizado que es. ¿Cuántas niñas no son violadas de la misma forma? ¿Cuántos chicos? ¿Cuándo vamos a entender lo que significa consentimiento? SI UNA PERSONA ESTÁ INCONSIENTE, NO HAY CONSENTIMIENTO, FIN. No lo hay. Y no debe uno intentar absolutamente nada con esa persona.

Así que no. No vean esa película. Es tonta, es horrible y es completa y tristemente apegada a la asquerosa realidad en la que vivimos. Espero que algún día aprendamos, entendamos y sepamos diferenciar lo que sí es consentimiento de lo que no. Ya luego hablaremos sobre el aborto y las bodas obligadas, por ahora, aprendamos a respetar, aprendamos que si no hay un “no quiero”, no significa “sí”. Les dejo a continuación una imagen que lo explica clarísimo, para que no quepa duda y no sigamos teniendo gente despreciable como el violador de “qué culpa tiene el niño”. Ugh.

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Seguiré llorando del enfado en mi habitación. Gracias por leerme.

xx linette

The Last Showdown

El siguiente es un texto que escribí hace cinco meses, espero no lo odien. No se olviden de comentar 😌💙✨


The Last Showdown

You are not fair. Not one bit. I am crying my eyes out since you left. Don’t you dare telling me you love me. Cause you don’t. I don’t believe a word you say. When you love someone, you take care of them, you hug them and kiss them and you tell them everything will be alright. When you love someone you try everything to be ok with that person, and if you see him/her trying, you try with them, you don’t leave!! When you love someone, you make the most of EVERY SECOND. If that someone is apologizing, you stay, you accept the apology and work it out, if that someone is begging you to stay, to hug them, to be there for them, YOU FUCKING DO, BECAUSE THAT’S WHAT LOVE IS ABOUT. About giving everything. About caring for each other. About working out every fight. About forgiving. About SHOWING YOU LOVE THEM. Not about leaving. Not about making the “loved one” cry. You don’t leave. You stay. You WORK IT OUT. Because if it really is love, you cherish every moment, if it really is love, you give everything, to be happy with that person, to see her/him smile. To feel him/her near to you, to feel her/his touch.

Tonight you broke my heart. Again. And I hate myself for letting you do this to me. And sometimes I wish I had closed that door, I wouldn’t be crying right now, I wouldn’t be hurting. I really think I don’t deserve to be treated this way. Yes, I was angry when you got here, yes, i told you about it. But I thought I was being mature by speaking out, by telling you what was bothering me. And I wasn’t? Am I a bitch for wanting to be with you ? For expecting you earlier because YOU said we were going to have dinner???? Am I a bitch for wanting a simple two second “let’s reschedule” text??!!!?!?!? Am I crazy for thinking that my time is equally important and that is rude to make someone wait?????????????????? AGAIN??!!!? Please, if someone thinks I’m being irrational, i beg, let me know, because as far as I know, making someone wait on you, just cause, is rude.

Anyway. I didn’t think you’d leave. I even hurt my arm trying to keep you here… ugh. Sorry for that. I’ll never ever do that to anyone, I just thought we could talk about it, or kiss and fix it… but you didn’t even touch me. Once again you proved me that I can’t make you want me, I can’t make you love me, I can’t make you want to stay, I can’t force anyone, for that matter. And I shouldn’t even try. But the saddest part here, is that you wanted to leave, that you don’t want me, you don’t want to hold me or be anywhere near me, and that any excuse will work for you. You don’t love me, and I can’t make you love me… I was so excited about today. I was happy about dinner with you… I was expecting it, with my heart full of joy and wishing lots of pictures and maybe a little bit of wine… I was wishing for laughs and kisses… and all I have now is swollen eyes, a broken heart, fucking cramps and my arm that hurts… I can’t stop crying. I can’t believe you left. You ever threaten me… Holy fuck….. I don’t know what to think about that…

You broke me. Yet again… Stupid me. Stupid, stupid, stupid me. But I tried. I tried to fix it. I tried to be ok and have a nice time, I offered an apology and I kissed you goodbye. I tried. Because I do love you, because I do care, about this, about you… I would never put you at the bottom of my list, and I would never leave if you asked me to stay… I’ve done everything I can to show you I’m here for you, that I care, that I love you to the moon and back… And all I get is… This. A non-relationship where I can’t even talk about the things I want nor the things that bother me… Because then I’m a bitch and I’m ungrateful… Right? And that’s not fair. I’ll stop crying, because this too shall pass, I’ll be ok, and you don’t deserve my tears. You left. I didn’t. I’m still here and I’m not afraid to say I love you… But I ain’t got no more tears for you. I’m done.

xx linette

Lena

¡Holi a todos! Antes que nada, necesito que sepan que con este cuento no pretendo promover nada, sólo necesitaba escribirlo. Es algo que he cargado por muchos años ya y que a veces aún siento que me persigue. No se olviden de comentar. Gracias por leerme 💙🌙💫


Lena

Por Linette Cozaya Otto

Era muy fácil engañarlos a todos, aparentemente nadie se daba cuenta de lo que pasaba en la vida de Lena. ¿El motivo? Se odiaba. Se detestaba y se daba asco. Mirarse en el espejo era la peor parte del día, aunque luego buscara desesperada su reflejo para revisar qué tan mal se veía, porque nunca se veía bien. ¿Cómo podía verse bien alguien con su peso? ¿Con toda esa grasa asquerosa encima? Vestirse también era complicado: siempre mangas largas, si no hallaba una blusa con esas condiciones estaba condenada a no sacarse el suéter en todo el día. No importaba mucho, casi siempre tenía frío, así que funcionaba. Jeans, por supuesto, se había rendido con las medias, eso de andarse por la vida con las piernas temblando como gelatina no era opción. No le gustaba amarrarse el cabello, se le vería la cara y eso la hacía sentir desprotegida. La mochila era siempre la misma y la elección de zapatos era fácil también: cómodos, para poder andar sin problema.

La acababan de cambiar de escuela. Una compañera del anterior colegio había informado a la prefecta lo que Lena hacía con el desayuno al llegar a clase. La prefecta había llamado a la madre y todo se había ido a la mierda. Ahora Lena tenía que comer frente a su madre y tenía prohibido utilizar el baño después de terminados los alimentos. ¡Qué putada! ¿Así cómo llegaría a su peso ideal? Era una vaca, una asquerosa vaca grande y fea. Y así la querían seguir manteniendo: como pinche vaca. Se rehusaba a ser esa vaca, así que comía lo menos posible, de todos modos le entraba poco. Era bastante cómodo que pasaba muchas horas en la escuela, cosa que facilitaba gastarse el dinero en cigarros y café. Lo difícil eran los fines de semana. Siempre juntos todos, siempre en reuniones familiares, siempre comiendo. Por más pendeja que se hiciera Lena, terminaba rebasando su límite de calorías. El horror.

Las consecuencias de pasar esa línea no eran bonitas, de hecho, eran hasta peligrosas: alguien podía cacharla. Lena esperaba a que todos en casa durmieran. No era difícil esperar ese momento, ya que en cuanto llegaba la noche, la invadía una ansiedad que le hacía temblar, sudar frío y lagrimar. Una vez que el silencio inundaba la casa, sacaba a sus filosas amigas, sus manchados pañuelos desechables y hacía llorar a su piel. Su lugar favorito y más cómodo era el brazo izquierdo, ya que Lena era diestra, pero era incómodo para cualquier cosa que requiriera sacarse las mangas, así que a veces optaba por el muslo, la cintura o la pierna. Bajaba su pantalón, seguido de su ropa interior y empujaba la navaja contra su piel hasta que se separaba un lado del otro y brotaba suavemente el líquido que nos corre a todos por el cuerpo. Tenía que acomodar el pañuelo estratégicamente debajo de donde caerían las gotas para no manchar sus sábanas. Castigar esa área era más sencillo cuando lo hacía levantada, así atoraba el pañuelo en la ropa interior y pantalón que no bajaba completos. Entonces cortaba más veces, repasaba para que se hicieran más profundas las tajaduras. Se sentía bien. La sangre, al bajar hasta el pañuelo era fría, el aire que le entraba en los cortes parecía acariciarlos, queriéndolos sanar.

¿Cuántas veces había hecho esto antes? Al principio no era tan sencillo: los cortes eran delgados, breves, tímidos; sanaban pronto y traían poca satisfacción. Mientras más penetraba las grietas que se hacía, más placer sentía, más perdonaba por haber tragado como hipopótamo, por haberse comportado como cerdo famélico. Conforme pasaban los días, crecían las cicatrices en tamaño y cantidad. A veces ni siquiera era necesario el pretexto de las calorías. Después de hallar el consuelo en su sangre, limpiaba las heridas con el mismo pañuelo húmedo, que luego dejaba como barrera entre su cuerpo y la ropa, escondía las navajas y podía dormir por fin. Era inexplicable el placer que le causaba despertar y tener que despegar el pañuelo ya seco que se aferraba a su piel. Reabría las llagas, escondía el pañuelo ensangrentado y se metía a bañar. Pasaban los días, se repetía la secuencia, a nadie le importaba.

La sensación de satisfacción duraba lo que duraban sus sueños. Una vez limpia, en su habitación, se sentía más sucia que nunca. Avergonzada, patética. No nada más era una bola gigante de grasa, también estaba llena de marcas. Por más meticulosa que fuera con la comida, siempre quería más. Si comía, se arrepentía y se obligaba a vomitar. El deleite de devolver lo comido nunca era suficiente, era más grande la repulsión por haber comido en primer lugar. ¿No tenía control acaso? ¿No era fuerte como las niñas magníficas que veía en todos lados? ¿Por qué Lena no había nacido bendecida con un cuerpo delgado y perfecto? Caminaba todo lo que podía caminar aunque le faltara el aire o se sintiera desmayar. Ejercitaba en su habitación, en silencio, buscando quemar las pocas calorías que ingería en el día. ¿Chocolate? Se compraba uno al día, lo guardaba en la mochila y lo cargaba todo el día hasta esconderlo en su cajón de tesoros. Cada chocolate guardado representaba todo un logro. La hacía sentir orgullosa ver cómo se iba llenando el cajón de comida que jamás se comería.

Tenía muy bien trabajado el asunto de la devolución de comida. Era bastante sencillo, de hecho, una vez que lo dominabas. Lo que más facilitaba a Lena el trabajo es que había aprendido a hacerlo en silencio. Podía entonces provocárselo en cualquier baño sin temor a que alguien preguntara si se encontraba bien. La preparación venía desde la ingesta: al comer debía beber cuánta agua pudiera. Mientras menos agua intercalara con sus alimentos, más rasparía su garganta. En cuclillas frente al inodoro, se olvidaba de todo el asco que pudiera provocar estar tan cerca del sitio donde otros mean y defecan: era más grande el asco que sentía por ella misma y por todo lo que traía en la barriga. Inhalar, meterse el dedo y sentir las contracciones en el estómago que comenzaba a mandar todo para arriba. Nunca encontró un método que no le ensuciara la mano utilizada, así que estaba acostumbrada a sentir el vómito tibio al salir. Quitaba la mano y lanzaba todo lo que traía la primera arcada. La clave era meterse el dedo de nuevo justo al final, para poder seguir sin que la tráquea bajara todo el esfuerzo logrado. Lena sabía identificar cuando no había más comida ya. Cogía papel para limpiarse la mano, la cara, las lágrimas. Era preciso bajar la palanca y esperar a que se llenara de agua para hacerlo una segunda o tercera vez, no podía dejar evidencia. Lavarse la cara y enjuagarse la boca para luego saborear una Halls de miel y poder volver a la vida como si nada hubiera pasado.

La manera de comer también ayudaba a vomitar fácilmente y controlar las cantidades. Lena tenía todo un sistema: además de tomar agua entre cada bocado, la comida tenía que ser partida y repartida en partes iguales. Si el plato constaba de tres cosas distintas (pollo, arroz y ensalada, por ejemplo), no podía terminarse una antes que otra. Lena cortaba todo lo que había en el plato y comía en orden: un bocado de pollo, una cucharadita de arroz, un poquito de ensalada. Así sucesivamente hasta dejar mínimo un cuarto del total. No debía haber tortilla, pan y, mucho menos, postre. El agua tenía que ser simple. Algunas niñas, en los blogs que leía, utilizaban Coca Zero o de dieta, a Lena le parecía que era una tontería y prefería beber café, sin azúcar, sin leche, por supuesto. Tenía una lista larga de comidas prohibidas, que incluía desde las papitas Sabritas hasta la pizza y los condimentos. Lo que más le daba asco en la vida, además de su cuerpo, era la mayonesa, al grado que le provocaba arcadas si le llegaba el olor.

Nadie te cuenta en ningún lado lo asqueroso que puede ser guardar secretos así. Nadie habla sobre el lanugo, sobre la amenorrea, sobre el olor ácido en la boca, sobre los dientes astillados. No vemos a las niñas bonitas de revistas, televisión, Tumblr e Instagram llorando todas las noches, odiando sus cuerpos, desgarrando su piel. ¿Por qué ellas eran perfectas y Lena no podía lograrlo? Cuidaba su piel, su cabello, sus uñas, sus calificaciones, pero no dejaba de ser un fracaso. No dejaba de ser una maldita vaca. ¿Cuánto tenía que dejar de comer para poder verse linda en un suéter holgado? ¿Para poder sentirse segura con el tamaño de sus brazos? ¿Para que sus piernas no rebotaran a cada paso? Cada día estaba más cansada. Cada día menos cerca de su meta, que se alejaba conforme ella avanzaba.

Su peso más bajo fueron los 45kg. Pa-té-ti-ca. Ni siquiera pudo llegar a los 42 que esperaba ese mes. Lena nunca se vio como quiso. Estaba tan obesa que sus esfuerzos no dieron frutos. Ningún “oye, has bajado de peso” ni “¿estás comiendo bien?”. Tampoco tuvo desmayos (salvo una vez que casi le pasa después de una presentación de porras, pero he ahí el detalle: casi). No estuvo jamás debajo de su peso, ni tan pálida ni frágil que parecía que se rompería. La ropa XS le quedaba bien, no aguada, como debería ser y la barriga no se le inflamaba por tan solo haber bebido agua. Nació siendo una vaca y murió siendo una vaca. Tan triste su situación que ni siquiera murió a causa de lo que ella misma se hacía. Una decepción total para todas las Ana y Mía. Lo único positivo fue que Lena quería morir y por fin lo consiguió. Su sueño había sido que le quedara grande el ataúd, y no lo logró. Tirada en el asfalto, con el conductor gritando escandalizado y la gente reuniéndose al rededor del accidente, derramó su última lágrima de odio a ella misma y dejó que sus heridas sangraran sin cesar. Pensó en el chocolate de ese día, que jamás llegaría a su cajón. Pensó en su mamá, que seguro no pararía de llorar. Nada había valido la pena. Nadie la podía salvar ya.

xx linette

El Búho Sonriente: El Huésped

Por Linette Cozaya

¡Hola a todos! En esta ocasión traigo una reseña/opinión de un libro que, les aviso, detesté con todo mi ser. Hace algunos años escribía una columna de este estilo, sobre libros, para una renombrada revista: Pasando Lista. No se crean, era un proyecto de la universidad que todos pensamos que sobreviviría al finalizar la materia, pero no. Mi columna se llamaba El Búho Sonriente, en honor a mi abuelita paterna, y con ella pretendía despertar interés por los libros de los que escribía, por lo tanto, escogía siempre de mis favoritos. Pueden leer esas “columnas” dando click aquí. Tomen en cuenta que estaba chiquita, no las he vuelto a leer y las odio 🙂

El libro de hoy es uno que tuve que leer para mi clase de Figura Femenina en el Siglo XX: El huésped, de Guadalupe Nettel. La autora está cañona: es una mexicana ganadora del Prix de la Meilleure Nouvelle en Langue Française para países no francófonos de Radio France Internationale; colaboró con varias revistas francófonos e hispanoparlantes; tiene un doctorado en literatura que estudió en París; y El huésped fue su primera novela, que, además, publicó simultáneamente en castellano y francés. Conclusión: no soy nadie para hacer crítica de su obra, pero lo haré de todos modos.

No sabría ni cómo empezar a describir la historia, ya que, a mi parecer, pasan muchas cosas a lo largo de la novela. Primero vemos un poco de la niñez del personaje y más tarde nos adentra en el mundo en el que se desarrollará el resto de la historia, que aun así, tiene tantos detalles y acción que hasta el lector se cansa de ir y venir (¿o quizá soy muy perezosa?). El huésped es la historia de Ana, quien desde pequeña siente que tiene que compartir su cuerpo con un algo extraño al que llama La Cosa. En esta parte de la historia me imaginaba mil caminos que podía seguir la ficción: desde cosas paranormales hasta algo psicológico que la acongojara. Al final no supe y sigo sin saber qué caramba era La Cosa. Lo que sí sé es que Ana le temía, estaba segura que La Cosa la dominaría algún día, tomando posesión de su cuerpo y mente, haciendo entonces que Ana dejara de ser quien era para ser La Cosa. Ana luchaba para contrarrestarlo, aguantar siendo ella quien estuviera al mando lo más posible.

La Cosa, por supuesto, era algo maligno y hasta agresivo: a una niña en la escuela “…casi le arranca el cuello a mordidas…” (Nettel, pp. 21). Ana vive creyendo que fue La Cosa quien mató a su hermano menor. Eso me quitó mucho la paz a lo largo de la novela y esperé con paciencia a que se resolviera pero jamás se volvió a mencionar. Ana crece temiendo por su identidad, sintiéndose cada vez más débil ante eso que la poseía más y más con el paso del tiempo. Antes de terminar la primera parte de la novela, Ana descubre que La Cosa es ciega y nace en ella una tremenda fobia hacia las personas con esta discapacidad, que luego se transforma en determinación por aprender de ellos para poder combatir a La Cosa.

En la segunda parte Ana llega a un instituto de atención para ciegos donde ofrece leer para ellos. Conoce a El Cacho, un hombre sin pierna que usualmente huele mal, que le inquieta tanto que lo busca y termina por enseñarle su mundo: el subterráneo. Esta parte de la novela fue un portazo en la cara para las especulaciones que me había hecho sobre lo que pasaría, es inesperada. También sentí que a partir de ahí tuve que correr por toda la ciudad, ya que mucho se desarrolla en el metro y los personajes no paran de moverse. Me gusta la ciudad, me gusta viajar en metro, pero no suelo hacerlo en horas pico y procuro no ir a estaciones muy llenas porque no soy paciente y me estreso y engento en dos segundos. El huésped me trajo en metro por un buen rato, con muchísima gente y descripción de todos, incluyendo el olor. Ya se imaginarán entonces lo que lo odié. Cosa que está bastante bien, porque estuvo tan bien escrito que me asqueé y desesperé de estar allá abajo.

La historia en algún punto llegó a que ocurrieran cosas que jamás en la vida me hubiera imaginado que pasarían, dos en específico hicieron que me dieran arcadas. REAL. Leía estos pasajes con los ojos como platos, intentando no vomitar e intentando descifrar qué coño pensaba Ana para hacer esas cosas. Como ya se dieron cuenta, no odié la novela porque estuviera mal escrita o porque tuviera una mala historia, todo lo contrario: detesté lo real que la sentí y que no lograba comprender al personaje. No me identifiqué más que al principio, en la parte con el hermano menor, porque aunque viaje en metro, si está muy lleno prefiero caminar, y ésta mujer con los demás personajes, al contrario: se la vivían ahí dentro, porque LITERAL VIVÍAN AHÍ DENTRO. Perdón por gritarles.

Resumamos entonces lo que sí me gustó de la novela: lo visual que es, maneja unas descripciones increíbles y hace un retrato fiel a lo que es la Ciudad de México, su gente, sus calles, hasta su flora: “Junto la puerta, las jacarandas parecían desbordar de los árboles tiñendo la tarde con su intenso color lila, demasiado jovial para mi estado de ánimo.” (Nettel, pp. 69) Describe los olores como jamás había leído (porque no, no he leído El perfume) y me provocó el asco más grande que hubiese sentido a partir de una narración. Nettel es en verdad extraordinaria. Aunque no releería El huésped, porque no pretendo sentirme de nuevo así de infartada y asqueada, sí leeré algo más de esta grande escritora. Así que vayan, lean El huésped y por favor comenten si les gustó o no y por qué, me encantaría leer opiniones. Obvio lo hablamos en clase, aun así no me quedó claro por qué le había gustado a quienes así fue.

Gracias por leer, en serio comenten 🙂

xx linette

Bibliografía: Nettel, G. (2006). El huésped (1st ed.). México, D.F.: Editorial Anagrama, S.A.

Retrato

El cabello, casi negro, cae con gracia sobre los hombros.  Siempre ha sido tan lacia… No lleva fleco; le gusta acomodarlo de lado para enmarcar su rostro blanco, y a veces lo amarra en una coleta alta que, de todos modos, deja escapar mechones. Su peinado es relajado a pesar del rigor con que da tres vueltas a la liga. Tiene la piel salpicada de lunares, pequeñas constelaciones que interrumpen su palidez. La nariz es redondita, de esas que dan ganas de morder; separa los ojos un poco rasgados, medianos y cafés. Cuando sonríe, parece cerrarlos por completo, cosa que a ella no le encanta. Más abajo, los labios delgados que dibuja de mil colores; el rojo,su favorito. El cuerpo pequeño y delgado parece frágil… Parece, no lo es. Es fuerte: se le nota alguno que otro músculo y busca marcar los que le faltan. Tiene más nalgas que pechos, cintura estrecha y piernas rellenitas como bailarina de ballet.

Es temperamental, aunque se esfuerza por no serlo. Su paciencia es casi nula… Todo el tiempo tiene prisa, se desespera cuando alguien le estorba. En los momentos de calma, nadie debe interrumpirla. Cuando se enfada, se vuelve torbellino, un revuelo que hace que las cosas tiemblen a su paso. Sabe encontrar las palabras más hirientes y las grita como niña berrinchuda; tarda mucho en llegar a la calma, y cuando llega, lo hace con una disculpa en la mano, a veces a regañadientes, a veces sincera. Es amante del mundo y le gusta ayudar. No come carne, separa su basura, consume poco plástico… Se apasiona con esas causas e intenta convencer al mundo de que el vegetarianismo es la respuesta para detener el cambio climático. Se inspira en la frase del Dr. Seuss: “Unless someone like you cares a whole awful lot, nothing is going to get better. It’s not.”, tiene tatuado un “unless” en cursiva, en el brazo izquierdo.

Es brillante, creativa, estudiosa; nunca está quieta, necesita cambiar de aires de cuando en cuando, así que se dedica a viajar, ya sea cerca, a Cuernavaca, o lejos, a Birmingham, el punto esconocer y aprender… Y comer. No hay cosa que le guste más que salir a comer, cualquier restaurante nuevo es el perfecto pretexto para juntarse con quienes más quiere y comer. Los postres son su perdición, cualquier cosa que tenga pan, cajeta, mermeladas, frutos rojos, y que incluya un americano o un latte, le hará el día. Los museos, el teatro, los conciertos,la renuevan,cuando no está viajando o comiendo, está en la última exposición, bailando y cantando con algún artista que le guste o llorando con la tragedia que vive algún personaje.

Es sensible, pero estoica, no dejaque nadie vea que algo le duele, no dejaque nadie se acerque, y si te ha dejado, eres uno de los pocos. No le gusta charlar sobre sus sentimientos, casi como si le avergonzaran, sentirtristeza es, para ella, inaceptable, imperdonable, quizá porque la hace sentir débil, y ¿a quién le gusta sentirse así? Es hostil, hosca, los únicos momentos en los que recibirás un abrazo suyo, será en tu cumpleaños, en navidad y Año Nuevo, quizá también un día si te ve destrozado, y eso depende, de qué tan mal estés… Es la mejor amiga, si necesitas algo, ahí estará, no importa qué, su amor es incondicional.

xx linette